Casi no veo la televisión. No es una cuestión de principios morales o de supuesta superioridad intelectual, ni tampoco medidas higiénicas o apotropaicas. Es, simplemente, un hecho. Tampoco soy un converso recién caído del caballo y que ha visto la luz de repente y que se ha impuesto esta penitencia, sino que ha sido un proceso que no sé cuándo empezó pero que ha concluido en que sólo dedico unos 45 minutos diarios a ver televisión. Tal vez empezó hace dos años; entonces yo era seguidor de CSI -evidentemente, Las Vegas; no he logrado superar la grima que me da el inexpresivo Horatio- y ni las repeticiones ni las interminables pausas de publicidad me desanimaban. Pero entonces fundamos entre tres un Club de la Pipa en el pub de Jaume; fijamos las sesiones para la noche de los lunes y CSI cayó de mi parrilla televisiva. A partir de allí, poco a poco fueron desapareciendo programas, series y películas. Lo último en desaparecer fueron las noticias y, desde entonces, vivo más feliz, no por vivir en la ignorancia, sino por no alimentar mi úlcera con la bilis que tragaría al constatar que la defunción de un cefalópodo de un acuario alemán merece mucho mayor seguimiento y tiempo de informativos que una epidemia de cólera en Haití que se ha cobrado ya más de 250 vidas.
Pero eso no quiere decir que no sepa qué ocurre al otro lado de la pantalla, por negra que dormite en mi casa. Sigo diariamante a cuatro brillantes opinadores que, con formatos y enfoques muy distintos, me permiten seguir sin mancharme el día a día de una guerra que ya no es la mía. No siempre estoy de acuerdo con su opinión, pero al menos escucho o leo algo inteligente, y ya me basta. Desde la columna diaria "Tú y yo somos tres" en El Periódico de Ferran Monegal hasta el blog 625 ranas, de Antonio Rico, pasando por la "Visto, dicho y oído" de Bob Pop en Público y la impagable Teletulia del Arucitys, en 8 tv, sección esta que consume mis 45 minutos de televisión diarios, y los cuatro se han hecho eco de la súbita irrupción de las series históricas en las pantallas.
Esto va por hornadas. Hace unos años eran las series de investigación policial, tipo CSI y sus secuelas (NAVY et allia), después fueron los vampiros a rebufo de la trilogía, tetraología o heptalogía (¡yo qué sé!) Crepúsculo, como True Blood... En 2005, HBO decidió buscar nuevos escenarios para sus guiones, y sustituyó la ya gastadita mafia y los no menos gastados vampiros por algo paradójicamente nuevo, la historia, y allí empezó "Roma", serie donde la espectaculara ambientación no ha logrado empequeñecer la sutiliza y los diálogos exquisitos de "Yo, Claudio". Después, han venido Los Tudor y se rumorean otras sagas.
Hace casi cuarenta años que Josep Pla dijo en una entrevista con Montserrat Roig que España es un país sin ningún rigor científico, que todo el mundo copia, aserto que podría confirmar de seguir vivo el ampurdanés si encendiera la tele -y no muriera en el intento, y es que las cadenas y productoras ibéricas son menos originales que una corbata Hermes de mercadilllo. Primero copiaron las policiales, después las series adolescentes más descerebradas o cierto modelo paranormal... todo ello con la caspa carpetovetónica que nos caracteriza. Ahora es la reinterpretación anglosajona de la historia como espectáculo la que es reinterpretada por directores y guionistas patrios; sinceramente, para echarse a temblar. Porque uno de los problemas principales es que no se está haciendo una serie histórica española, sino que se hace una adaptación de una serie anglosajona, con todos sus defectos y, desgraciadamente, con ninguna de sus virtudes, porque, afrontémoslo, el regusto a Gladiator de porexpan no nos lo quitamos ni con lingotazos de Hendrix.
Me apasiona la historia, ya lo sabéis y por lo mismo que aborrezco la novela histórica (en general, porque Guerra y Paz o El nombre de la rosa están entre mis lecturas favoritas), tengo más que reparos en acudir a estos trampantojos. Yo no le pido a nadie que haga películas ambientadas en Roma, el Toledo visigodo o la Viena del segundo asedio turco pero, si lo hacen, ¡al menos que traten con respeto a mis muertos! Coño, que no hace falta ser Gibbon para saber que los romanos no conocieron el estribo y que esa fue una de las causas del desastre de Adrianópolis contra los visigodos, 500 años más tarde de la época en que, teóricamente, se basa la película.
No pretendo que la serie incorpore un sesudo debate sobre los sistemas antroponímicos romanos y los métodos de filiación, pero un mínimo de documentación, de investigación, en fin, de decencia no estaría de más... Aunque quizá daría igual, porque estamos tan acostumbrados a ver a un actor español en un papel determinado que aunque George Duby resucitase para acompañar a Jacques Le Goff en la asesoría histórica de una serie medieval, y por digna de un BAFTA que fuera su interpretación, sería difícil ver en José Luis Gil a un trasunto lebaniego de Guillermo de Baskerville y no a Juan Cuesta

Por no hablar de cómo me imagino a la mitad de los actores más jóvenes haciendo de romanos con acento de Parla... Me temo que, de momento, seguiré con los originales, Roma y los Tudor.


Yo me tragué todas las series ;Falcon Crest, Dallas, Dinastía, Los Colby,Treinta y tantos, Con ocho basta,V, Los Roper, Arriba y Abajo...ahora solo veo la reposición de "Aquí no hay quién viva" ¡ya sabes! cotillas de escalera o cronotropo de nuestra más que paupérrima realidad social que diría el presidente de esta nuestra comunidad y que preside tu post jejejeje.
Ahora disfruto con las tertulias políticas (todas) desde Cuatro hasta Intereconomía (un poquito) debo cuidarme, pero es que no lo puedo evitar, hasta que un día me harte también, últimamente no me compensa tanto cabreo encadenado, no me recupero.
Un abrazo.
Ja, ja, ja...
Hola Theo:))
Yo tampoco veo (apenas) la tele. Y tampoco es por habérmelo propuesto ni nada. Supongo que el hecho de tener el pésimo horario que tengo y el que cuando llego sieeeempre me encuentro con programas similares (tipos berreando sobre la vida sentimental de determinada yonki maloperada) pues que hace que vaya desistiendo...
Tampoco tenía mucho hábito adquirido. De críos no nos dejaban en casa trasnochar (esto es, ver la tele a partir de las nueve de la noche) y, aun así, conseguí ver muuuucho cine. Creo que pertenezco a la última generación que ha conseguido ver cine de calidad por televisión. Cosa que ahora sólo sería posible si se 'fundieran' todas las cadenas y empezásemos de cero. Ó ni eso: ya no hay remedio.
Cuando me pilla en casa sobre las 20.00h si suelo ver Pasapalabra (me puede el lenguaje... qué le vamos a hacer. Además Christian habla tan rápido como yo, que para algo es de municipio limítrofe). Poco más. A CSI fuí 'adicta', pero sólo al de Las Vegas. Tras el abandono de Grissom abandoné también yo. Si no tengo nada mejor que hacer veo el de NY. Los de Miami perdieron la cabeza hace años... ya no hay remedio.
En las series históricas... pues no llegué a enterarme cuando empezaba 'ROMA', así que nada que opinar. Me hubiese gustado engancharme a LOS TUDOR, pero me pasó lo mismo: me enteré cuando llevaban media serie emitida. Y de las de 'cosecha propia'... es que no veo series de A3 por principios (a la octava que suprimieron tras 2 ó 3 capítulos, 'baile' de horarios y días incluido... decidí que las iba a ver el difunto señor Lara, padre. Sólo veré las que aseguren duran 3 ç4 episodios. Sólo. Y a veces ni eso me compensa).
Así que cuando me enteré del comienzo de 'HISPANIA'... supe que conmigo no iba. Total, creo que ya se están planteando quitarla por baja audiencia... del primer capítulo.
Ah: que si te 'pica' mucho la curiosidad ver a un actor joven de Parla haciendo no sé si de romano ó de hispano... creo que es en ésta donde sale Juan José Ballesta. Parleño de pura cepa.
;)
Un beso grande:))
ISABEL,
¡Qué gran serie, Arriba y Abajo! Yo era un gran seguidor de Black Adder y de Allo, allo... pero de eso hace mucho. No miro tertulias políticas, me pongo de muy mal humor y, sinceramente, prefiero dedicar ese tiempo a leer a Canivez, hehehe.
Un beso
BRUXANA,
No tengo demasiadas ganas de escuchar a un lusitano con acento poligonero, la verdad. No he seguido ni Roma ni los Tudor; cuando voy de vacaciones a casa de mis padres, ellos tienen Canal Satélite Digital o algo así y de vez en cuando veía algún episodio, pero poco más.
Un beso!