Deportes de riesgo
En circunstancias menos adversas, esto es, con un clima menos riguroso, habría echado mano de cualesquiera de mis recursos dialécticos para desmontar la fría hostilidad de X de esta semana; pero el calor merma mis capacidades intelectuales y ante el silencioso acoso no he tenido más ocurrencia que responder según la cita que atribuyen al general Ferdinand Foch en el Marne:
Me acosan duramente por la derecha. Mi centro sucumbe. Imposible maniobrar. Situación excelente, ¡ataco!

Veamos. Soy hombre, y eso significa que mi delicadeza para manejar ciertos asuntos es parangonable a una estampida de mamuths en una tienda de porcelana así que, puestos a meter la pata, mejor que sea a conciencia y a lo grande que accidentalmente en un detalle. O sea, que puestos a morir, mejor que sea a lo brigada Pomorska, a caballo contra panzer, que escondido en una ratonera.
Mentiría si contara que maduré mi plan a lo largo de la semana, pues bastante ocupado andaba en otros menesteres como para meditar y refinar una estrategia; de hecho, ni siquiera había plan, sino que más bien era una ocurrencia que me vino de repente y así, verde aún, la arranqué del árbol y la metí en el horno, no fuese que me diera por pensarlo y me echara atrás.
Tampoco es cuestión de ser trágico y dar la sensación de que la semana fue sentimentalmente horrible, porque la verdad es que no fue así. En realidad, la cierta frialdad y los divertidos mohínes eran intelectualmente estimulantes, pues ha sido morbosamente divertido ver hasta dónde se podía bromear con el tema (por acción o por omisión) sin romper la cuerda.
Mi vida sentimental no es especialmente prolija, pues desde Natasha hasta X sólo he tenido dos parejas y algún que otro escarceo del que, en general, mejor será no hablar. Pero la brevedad de la nómina se compensa ampliamente por lo interesantes que han sido todas y por la amistad que conservo con ellas. De hecho, este fin de semana coincidían en Barcelona Natasha y una amiga suya, Lana, con la que se había empeñado en liarme al poco que lo dejáramos. Y, bueno, digamos que lo consiguió, pero sólo duró un año, hasta que Lana consiguió una plaza en el ballet del Metropolitan Opera, pues si mi economía me permitía sin excesos de austeridad un vuelo a Moscú mensual, a Nueva York habría resultado imposible.
Con la feliz coincidencia de que estén ambas en Barcelona la misma semana que X ha acabado sus exámenes y aún no se ha ido de vacaciones a Ibiza con sus amigas, creí que era un buen momento para exorcizar fantasmas haciendo que todas se conocieran y dejasen de darme la murga -por distintos motivos- a tres bandas. Lo esencial era que ni ellas esperaban a X ni X conocerlas cuando ayer quedamos para almorzar en un restaurante de unos amigos en Vetera.
Quiso la suerte que la tensión de las presentaciones transcurriera en la más estricta intimidad, pues no había nadie más en el hall del restaurante. Apuramos la copa de bienvenida, un Parxet Titiana rosado altamente recomendable, en un ir y venir de miradas, estando ya tan en el centro de las más hostiles, que verdaderos esfuerzos hacía por sofocar el reclamo de las risas, tantos que no sé cómo no duché a nadie en cava. Y envueltos en esa atmósfera tan densa que uno podía trocearla y llevarse una porción en un tupper a casa, entramos en el pequeño comedor, verde y burdeos.
Aunque el térmometro superaba en el exterior los 30º con holgura, tan gélido era el interior -y no sólo por el aire acondicionado- que opté entrar en calor con tres platos contundentes, foie con compota de manzana, bacalao de Islandia confitado y liebre a la Royale, todo con una garnacha del Priorato.
Apenas nos traían el foie cuando Natasha rompió el frente con una apreciación que fue coreada por Olga y X: -Eres un cabrón. Esto no se hace.
-Tampoco creo que no pasa porque un día comáis como seres humanos y no como ovejas...
-Natasha no se refiere a eso y lo sabes -me taladró con la mirada Lana.
-Creo que ahora me he perdido -me excusé con mi cara más ingenua.
-Oh, mierda, Theo, no pongas ojos de Bambi que con nosotras no cuelan -abortó X la comedia -. Odio cuando pone esa cara, porque es imposible enfadarse con él...
-Sí, dan ganas de agarrarlo como a un oso de peluche... -empezó Lana
-¡Y meterlo en la lavadora! -acabó Natasha.
-¡JUAS! -fue la respuesta de las dos. Allí empecé a pensar que tal vez no había sido tan buena idea reunirlas...
La segunda botella de garnacha acabó de desatar las lenguas y las risas, la mayoría a mi costa, pero bastante inofensivas, la verdad, creo que estaban tanteando el terreno con escaramuzas antes de desencadenar su venganza en una ofensiva en toda regla. Porque que se vengarán de ese almuerzo es algo que doy por supuesto, lo único que no sé es si la réplica será conjunta o en tres oleadas.
Un moscatto d'Asti, con un divertido toque de aguja, para acompañar el postre, mousse de chocolate con caviar de naranja, y cigarrillos Lana y X y un Uppmann fueron la conclusión inevitable y adecuada a un experimento del que salí mucho mejor parado de lo que cabría haber esperado.
-¿Por qué lo has hecho? -preguntó Natasha durante el café, aunque ella tomaba té.
-Porque ya estaba cansado de tener que hablar de vosotras como si anduviera sobre cristales rotos. Ahora os habéis visto, os habéis conocido y ya podéis juzgar vosotras mismas y dejarme a mí tranquilo un rato.
-¿Te das cuenta de que tu esfuerzo por hacerte la vida siempre más fácil puede habértela complicado irremediablemente? -apuntó Natasha-. Es posible, pero al menos ahora conozco al enemigo.
-¿?
-Muy sencillo, Lana. Ahora los problemas que surjan serán entre personas de carne y hueso, no con imaginaciones, suposiciones, miedos, inseguridades... con problemas reales puedo lidiar, con fantastmas no. ¿Os apetece una copa de armagnac para acabar?
****
-Son muy guapas.
-Tienen algo, es verdad. Pero te prefiero.
-Eso espero. Ah, por cierto, que casi se me olvida: como vuelvas a tenderme una encerrona así, te mato. Y esta empezarás a pagármela esta noche, así que empeiza a tomar aspirinas.







Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

Crispi Killer dijo
Te has tomado el que conozca X a tus ex al pie de la letra. Visto desde fuera una escena muy divertida, desde dentro... si, un poco cabroncete.
Buena Caza
22 Junio 2009 | 08:58 PM