En esta época de trilogías, la mía sobre fútbol "Si no puedes con tu enemigo...", "Basta ya", "La liquidez discrecional de la banca" me ha consumido los nervios y la paciencia. En esta espiral de autodestrucción en la que me he embarcado fijé mi próximo objetivo en una tetralogía bufa, homenaje wagneriano en fechas próximas al festival de Bayreuth, sobre T5; mis amigos, que entendieron de inmediato que eso era una carta de suicidio neuronal, me instaron a acotar mi investigación a un solo post y reducir, por tanto, la ingesta de toxinas al mínimo.

Después de tres días siguiendo la programación de dicho canal, en la medida que mis obligaciones laborales y mi integridad intelectual me lo permitían, he llegado a la conclusión de que T5 ha alcanzado un hito en la historia de la televisión, y es que todo la programación, desde las noticias a los magazines, son los distintos programas de un inmenso canal de ficción. Es un canal temático dedicado a la ficción en distintos formatos: ficción de noticias, protagonizado por Pedro Piqueras, donde la selección de la información es esencial, ficción de deportes con Jota Jota Santos, sustituto aún en prácticas del inmenso Lobato, que ahora hace de hagiógrafo de Alonso en la Sexta... debates ficticios y entrevistas pactadas de la mano de las dos grandes divas, AR y la Campos, y el gran divo de rostro picado... telerealidad virtual, investigación imaginaria, en que los datos no importan tanto como especulación o la pura invención...

Hasta ahora, estábamos acostumbrados a ver a los actores ejerciendo en series y películas, como mucho en presentaciones, pero T5 ha dado otra vuelta de tuerca, o quizá un golpe de timón, y ha alumbrado la versión cañí del Show de Truman, mucho más económica que el original de Peter Wair, pues no ha sido necesario crear un ciudad para que los actores se muevan, sino simplemente un plató para que simulen realidades.

Amores, desamores, odios, reconciliaciones, enfados, primicias, demandas... todo es un inmenso trampantojo cuya longeva estabilidad habría sido imposible sin un genial casting de actores. Porque un genio fue el que se percató de que el tinglado abominaba de alumnos de escuela de interpretación, pues al fin y al cabo en algún momento dejan de actuar, y lo que requería era otra cosa: semiactores, una pléyade de monstruos de un único registro a partir de cuya realidad se pudiera desarrollar la ficción. Igual que en El show de Truman el pobre Truman Burbank era el único que ignoraba que era fruto de la ensoñación de un director autoproclamado Christo(f) que jugab a ser Dios y que su vida no tenía más objeto que entretener a la audiencia, también ocurre en la inmensa ficción de T5 que los más zoquetes creen que todo eso que viven de plató en plató, de programa en programa es real.

Lo que antaño fueron seres humanos, ciertamente peculiares, pero humanos al fin y al cabo, son transmutados por la alquimia de Vassile en engranajes de su inmenso show. Como Saturno devorando a sus hijos,

saturno_devorando_a_sus_hijos.jpg image by Varnitas

el inmenso show devora los hijos que ha generado y que lo mueven, primero siempre los más débiles, que apenas soportan una temporada, pero incluso los más aguerridos, como Sardà, acaban  desapareciendo. En T5 la holística queda demostrada, pues el todo es superior a sus partes, y la gran ficción puede sobrevivir a los personajes que la mueven, simplemente los sustituye sin detenerse. Show must go on. Para ello es esencial aunar la capacidad de atracción de semiactores del orbe con la producción propia.

Primero están los centros de captación de candidatos,  OT, GH, Mujeres y hombres y viceversa... que seleccionan las nuevas hornadas de semiactores que habrán de sustituir a Tamaras, Dinios, Lequios, Belenes Esteban cuando el show los haya consumido; una rigurosa criba elimina a todos los que puedan ser demasiado humanos como para dejar de ser personas y convertirse en personajes. Después, los ganadores son enviados a los ciclos de formación, tomates, montajes y demás, para acabar de pulir el único papel. Es entonces cuando ya están listos, ya se les puede soltar al mundo virtual de la gran ficción, donde sea cual sea el supuesto contenido habrán de exponer sus miserias, o las miserias del personaje, e incluso acabar de tertulianos, comentaristas y expertos.

Los primeros pasos de la ficción permanente llegaron con GH y sus cien mil hijos bastardos, cuando la vida y milagros de sus inanes concursantes coparon la parrilla televisiva, ampliándose después a padres, parientes, amigos, conocidos y saludados... pero todo esto ha sido perfeccionado hasta el extremo ahora, con amores y odios en directo, con los implicados involucrando a los semiactores de otra escena y así hasta el infinito, hasta crear lo más parecido a un eterno movimiento, sólo que circular.

Todo es una inmensa mentira, desde las retransmisiones deportivas donde da igual quién juegue y quién no, si entra el 10 aunque luzca el 12, hasta los debates moderados por la Campos o las entrevistas polémicas. Desde Mercedes Milá en papel de periodista seria o vestida de lagaterana hasta Piqueras anunciando la hecatombe de una invasión de mosquitos. Máquinas de la verdad, montajes, tomates... son sólo aspectos menores de la ficción total. La pretensión de von Musil de la novela total se ha encarnado en la T5, por fin hemos logrado el arte total. ¿Pueda la basura ser arte? Cuando la dimensión del resultado es tan descomunal sí. Arte basura, pero arte.