La Coctelera

Theo

Retirado en la paz de estos desiertos

11 Junio 2009

¿Quién dijo que la música clásica es aburrida?

 

Efectivamente, la música clásica no es aburrida en absoluto. Pero no es necesario meter cañones en una sala de conciertos repleta para que se hagan cargo de la percusión de la Obertura 1812 de Chaikovsky. No, amigos míos, basta con dejar sueltos a Calixto Bieito o sus secuaces para que la música clásica ocupe portadas, abra telediarios e interese a la presidenta del club de fans de Britney Speers. Bueno, quizá no tanto, pero casi.

Ayer, para concluir el post sobre la guerra de sexos, inserté el diálogo entre los marineros y sus esposas de la ópera de Wagner "El Holandés Errante" (Der Fliegende Holländer), el celebérrimo coro "Steuerman, laβ die Wacht". Correspondía a la representación del Teatre del Liceu (Barcelona) de abril de 2007, con Alex Rigola como director de escena.

 Confieso que al principio se me llevaron los demonios cuando vi el baile procaz con que las marineras 'entretenían' a sus compañeros varones y hoy iba a lanzar una serie de ex abruptos sobre la sinvergonzonería de hacer semejante patochada, de pretender desviar la atención de la música a la ocurrencia supuestamente genial del transgresor de turno; entonces recordé que tal y como se mueve ahora mismo el ambiente de la dirección musical operística - basta ver la Armida, de Christoph Willibald Gluck, que Bieito les ha endilgado en abril de este año a los berlineses-

para concluir que el contoneo reaggetoniano del montaje de Álex Rigola es tan mojigato podría haberlo coregrafiado sor Maravillas del Niño Jesús de Nazaret y la Virgen de los Alicates para la función de fin de curso de las niñas de segundo de primaria.

 Hace años que conozco los montajes de Calixto Bieito

como para que nada me sorprenda ya. Exactamente desde el estreno de Un ballo in Maschera, de Verdi, en la temporada del Liceu 2000-2001, cuando por primera vez desde que Guillermo Tell empezara la temorada 1893-1894 la ópera saltó de las páginasde Cultura a la portada de la prensa catalana. Porque yo estuve allí. Yo presencié la gran tangana.

Fue un lunes, 4 de diciembre. De casualidad, andaba por Barcelona porque quería consultar unos archivos y un amigo me ofreció acompañarle al Liceu con el abono de su pareja. He de decir que no era mi primera vez, pues me había estrenado ya en la Staatsoper de Viena ocho años antes, que es como decir que uno había perdido la virginidad entonces con Claudia Schieffer o ahora con Olivia Wilde. Pero, de igual modo que nadie en su sano juicio declinaría requiebros de Angelina Jolie, un reestreno en el Liceu tampoco es plato de segunda mesa.

La primera impresión, que no tuve en Viena, fue el apabullante desfile de pavos reales; abuelas emperifolladas como árboles de Navidad, agitando modelos que no he visto ni en las tiendas del Paseo de Gracia en las que Natasha se mortificaba, con más pintura encima que que los muros de la Capilla Sixtina y joyas de tal enevergadura que para lucirlas una simples mortal habría necesitado entrenamiento especializado con un preparador físico, desde collares de perlas del tamaño de huevos de codorniz a pedruscos que ya no se medían en quilates sino en kilos. Pero es que la vieja alta burguesía, como la vieja aristocracia, ya no son simples mortales, la eugenesis a la que se han sometido durante más de un siglo ha creado una raza especial, todos altísimos: por octogenarios que sean parecen jugadores de baloncesto. Tanto su imponente físico como el donaire natural con que pasean sus tres papadas, unido al peculiar lenguaje con que entre ellos se comunican, boqueando humo de habanos excesivos incluso para mí, sirvió sin duda de modelo para Jabba el Hut

Y entre esa pléyade de burguesones de perfil de senador romano y sus señoronas, con tantos liftings encima que tienen médicamente prohibida la sonrisa, profesores indiscutibles con chaqueta de tweed, barba y guedeja revueltas, jovencitas con minifaldas de vértigo y escotes en cuyo fondo era mejor no pensar... allí estábamos nosotros dos, tan adecuados en ese entorno como vestirse de nazi el Día del Orgullo Gay.

Ni mi amigo ni yo habíamos oído nada de Calixto Bieito jamás y creíamos que lo importante de la ópera no era  el director musical, pues música es lo que veníamos a ver y oír, por lo que nos extrañó tanta preeminencia del director de escena en el programa que una oronda alemana protestaba por estar sólo editado en "francés, inglés y el inmundo dialecto de aquí".

Se abre el telón, y la primera escena, la trama de la conjura, transcurre en unos lavabos, una especie de metáfora de que las consipiraciones siempre ocurren en las cloacas... Exactamente, la escena en cuestión era esta: 

A mí, que entonces era muy joven y, por lo tanto, muy ortodoxo, me entró la tos. ¿Sabéis la típica tos que se oye en todos los conciertos? Pues la primera de un Ballo in maschera era mía. El resto del público también parecía que se agitaba en sus asientos, a medida que cierto rumor iba elevándose...

La ópera iba continuando, sin muchos más sobresaltos, hasta la escena de la choza de Ulrica, donde en el umbral de la cabaña las sombras de una pareja, decían los rumores que contratada en cierto célebre sala barcelonesa para caballeros y despedidas de soltero, explicitaban sin lugar a la duda o a la imaginación que eso era un burdel. Aquí, algún intelectual a la violeta se arranco por aplausos para mitigar los silbidos y broncas que desde los palcos burgueses ya no se disimulaban. Pero finalmente, la hecatombe llegó en el inicio del segundo acto, cuando tres militares violan en escena a un chapero, escena que por más que leo el libreto y veo otras interpretaciones aún no sé de dónde diablos se la sacó Bieito, o por qué creyó que había de incorporarla, porque si las otras jaimitadas con que había puesto a prueba las tragaderas su público eran difícilmente justificables, ésta última no encajaba en la ópera ni empujando con los pies.

En ese momento el Liceu estalló:

-Marranos!

-Bruts! (Sucios)

-Això és el Liceu! (Esto es el Liceo)

-Quin fàstig (¡Qué asco!) -espetó una voz femenina, a la que seguro le saltaron tres implantes y varios puntos de sutura con el improperio

-¡Gilipoyas! -le respondió desde el patio de butacas un entregado partidario del montaje.

Mi amigo y yo, hundidos en nuestras butacas, muertos de vergüenza ajena, nos esperábamos una trifulca entre gafapastas de Gràcia y patricios de la Bonanova, pero se quedó todo en una una salva de abucheos durante largos minutos que no apagaron ni los aplausos de algún enfervorizado puesto en pie y que parecía que iban a acabar con el baile antes de tiempo. Sólo el buen hacer de la orquesta y de los cantantes logró salvar la representación. El suceso fue rematado con un chiste del genial Ferreres, en El Periódico, donde el dueño de un burdel de lujo advería a sus burgueses clientes que esa era un casa respetable, que para montar jarana se fueran al Liceu.

Desde entonces, me espero cualquier cosa de Calixto Bieito. Lo que me extraña es que tenga tanto predicamente en países que consideraba civilizados, y que los éxitos se midan en provocaciones. Sea como fuere, yo sigo prefiriendo las viejas ediciones de Bayreuth o británicas

que ver convertido el espectral navío sin velas que incluso el rey británcio Jorge V o el almirante nazi Dönitz afirmaron haber visto alguna en vez de la inmensa zodiac roja cargada de ejecutivos del montaje de Bieito en Stuttgart de 2008.

 

Tags: musica, opinion, humor

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

J.

J. dijo

La música clásica es, en mi opinión, una de las más bellas expresiones de las matemáticas. Un saludo.

11 Junio 2009 | 06:26

rosa-rizalas

rosa-rizalas dijo

Solamente he ido una vez a la opera, y como dicen en Pretty woman o la odias o la amas. Yo la amé

Siendo un montaje pequeño, no cupo todo el escenario que llevaban y una de las cantantes tubo que improvisar un balcón con un palco del teatro.
El único mal recuerdo que tengo de aquella cita con la música clásica fue, cómo siempre, por los asientos que dejaron vacíos todas aquellas personalidades invitadas al evento, que al no avisar se quedaron sin vender. Una amiga se lo perdió por estar el aforo completo.

Por cierto fue Don Giovanni.

12 Junio 2009 | 12:50

rosa-rizalas

rosa-rizalas dijo

Y por cierto puristas hay en todas partes.
Incluso aqui ciudad de provincias los hay, se quejaron porque colocaron un pequeño cartel luminoso bajo el escenario, donde traducian algunas frases para que los novatos en la meteria fueran pillando la trama.

SAludos

12 Junio 2009 | 09:13

blogueadora

blogueadora dijo

Este director es un poco radical, ¿no? No entiendo mucho de música clásica y sólo he ido un par de veces a la ópera y fue en Múnich. La primera obra que yo vi fue una interpretación también bastante peculiar del original, así que intentaré encontrar el programa original para mirar si se trataba del mismo Bieito o de un primo suyo. Aunque seguramente sería la segunda opción porque la rareza de lo que yo vi se limitaba a animalillos y frutas...

Lo que más me ha gustado del post han sido tus descripciones de la burguesía barcelonesa. ¡Quiero más! :D

Un besito.

12 Junio 2009 | 09:36

theo

theo dijo

J.

Jejeje, una curiosa definición, pero cierta,

Saludos!

17 Junio 2009 | 04:09

theo

theo dijo

ROSA,

La verdad, no entiendo qué problema tienen con esa pantalla los puristas. Incluso en la Staatsoper de Viena la tienen y nadie dice nada; pero los intelectuales a la violeta de cierta ciudad provinciana del norte de España escribieron al periódico una semana seguida quejándose...

Don Gionvanni es una gran ópera, la verdad, es una excelente manera de estrenarse.

Besos!

17 Junio 2009 | 04:11

theo

theo dijo

BLOGUEADORA,

Si no hay desnudos, violaciones o imágenes escabrosas, no tengas ninguna duda de que no se trata de un montaje de Bieito. ¿Qué opera viste en Munich? Me has dejado intrigado, jejeje.

Muchas gracias por el cumplido! No puedo dar muchas más descripciones porque no me he coincidido muchas más veces con esa burguesía tan encopetada, jejeje.

Besos!

17 Junio 2009 | 04:13

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Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación. Free Web Counter personas han visitado este blog y yo sigo eperando a Godot
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