Entre el triplete del Barça, la coronación de Florentino y el airbus abducido sobre el Atlántico, las elecciones al Parlamento europeo del domingo están pasando tan desapercibidas que la mitad de la gente todavía no se ha enterado de que hay elecciones, y de los que se han enterado o bien ha sido porque le ha tocado estar en una mesa electoral o bien están tan cabreados que, en el caso de que vayan a votar, puede muy bien ocurrir que la pugna por la victoria final no esté entre PSOE y PP sino entre el Partido Antitaurino y el Partido Caza, Pesca y Recolección. Al menos, el clima esta vez parece que rompe su acostumbrada alianza con la abstención y el aviso de lluvias y descenso de temperaturas impedirán que los políticos puedan poner, como es costumbre, el día de playa como excusa a lo apatía general.

Me reí mucho el otro día que leía en un blog cómo alguien se exclamaba por lo mal que lo habrán hecho los políticos para que los españoles, tan europeístas (sic), pasen tanto de estas elecciones. La verdad es que yo no sé si el autor de la reflexión es extranjero, vive en un universo paralelo y ha caído en este de casualidad o es que no se ha enterado de nada desde los Reyes Católicos, pues los españoles sólo nos acordamos de Europa para pedir subvenciones o para echarle la culpa de lo que no nos gusta, y da lo mismo que hablemos de un ministro que de un carnicero, el guion ha calado profundamente en toda Celtiberia.

El mantenimiento de la población en un desconocimiento apabullante de la importancia de lo que se cuece en Europa ("mientras haya burros, habrá quien vaya a caballo", decía mi abuela), el desinterés y la desconfianza generalizados y el paupérrimo nivel de la campaña realizada por los que se creen partido único, PP y PSOE, ha hecho que los "debates" entre Mayor Oreja y Aguilar hayan sido superados en audiencia por la Carta de Ajuste, y es que al final había que ser muy fino para dilucidar si el domingo se adelantaban las generales, son una especie de primarias de New Hampshire o había un combate en el barro entre esos dos púgiles lamentables. El espectáculo que ambos han ofrecido ha sido tan nauseabundo que incluso los simpatizantes socialistas se sienten descorazonados -de los del PP no digo nada, porque ya sabemos que les va ese rollo sadomaso y que para ellos, con tal de volver al poder, todo vale, incluso culpar al presidente del gobierno de un asesinato terrorista-. Y eso ya sin entrar a calificar los sonrojantes análisis de geopolítica internacional de Leire Pajín, que es para ponerle una multa por abochornar a los que le pagamos el sueldo de senadora y enviarla de vuelta al parvulario. Entrecomillo debate porque, como muy bien dijo ayer Antonio Rico no han sido más que farsas de discusiones, encastillados ambos en el "y tú más" de Falcons, Fundescamps, pasajes en AVE y demás estiércol patrio que no creo que sean unas europeas momento para aventarlo. De hecho, tras el indecente comportamiento de los sinvergüenzas de ambos partidos en esta campaña, todo el país huele a mierda, porque nos han salpicado a todos con las defecaciones que han puesto delante del ventilador, y se merecerían ambos un voto de castigo tan duro que no les quedara más remedio que reconocerlo públicamente y dejarse de las zarandajas de siempre de que todos han ganado en la "fiesta de la democracia". Porque no es ninguna fiesta de la democracia hacer todo lo posible porque el votante con un mínimo de criterio de quede en casa de puro asqueado.

Por suerte, pese al intento de ambos por repartirse la parroquia mano a mano, ignorando cualquier otra alternativa, y pese a la brutal campaña de las Brunetes mediáticas de uno y otro bando por hacer comulgar a los cabreros con la rueda de molino de que tenemos un bipartidismo a la yanki, existen alternativas en las que depositar nuestro voto -que no nuestra confianza- sin tener que acudir a friquismos más o menos entrañables como los Panteras Grises o el ruso Partido de los Amantes de la Cerveza. Existen otros partidos que han hecho una campaña digna, aunque nadie se haya enterado, con un programa y una idea de Europa, y que pueden defender nuestros intereses tan bien o mejor que ese par de desvergonzados: IU, partidos nacionalistas de centro-derecha o de izquierdas... Pero no perdamos de vista lo que ha pasado en Holanda, donde la derecha populista , el Partido de la Libertad, es la segunda fuerza más votada.

Desde los sectores más recalcitrantes de la derecha ibérica, pese a la simpatía con la que ven al que vivió el franquismo como un tiempo de extraordinaria placidez, por mucho que ahora diga que nunca lo dijo, están poniendo sus ojos en partidos integristas como AES, Familia y Vida, UPyD o alguno de los Cien Mil Hijos de la Falange. Aunque, evidentemente, la extrema derecha holandesa, que fue dirigida por un homosexual declarado, poco tiene que ver con la ibérica, rancia y alcanforada, de discursos impostados a lo Girón de Velasco. O con el polaco LPR, Liga de las Familias, que entró en la coalición de los hermanos Kaczysky y que ensalzó la dictadura franquista en la eurocámara. No tienen nada que ver, o quizá sí, pero conviene no perder de vista que sino queremos una Europa tan escorada al extremo centro debemos ir a votar el domingo.

Estamos cabreados con la campaña del PSOE, pero nuestra respuesta no puede ser quedarnos en casa y dejar en manos de Mayor Oreja, la Falange y Rosa Díez decisiones que nos afecten tan gravemente como el asunto del estado del bienestar, de los derechos sociales y laborales... Podemos y debemos darle una colleja a esta forma de hacer política indigna, pero no desentendiéndonos. IU-ICV, CiU, ERC, BNG, PNV, Verdes... Por favor, que el 7 de junio la protesta y el hartazgo se reflejen en una participación masiva, y no en un monumental atasco rumbo a las playas.