Ni calentamiento global, ni la madre de todas las crisis ni una invasión alienígena: nada como una alarma sanitaria para acojonar al personal. Las hay locales, normalmente bianuales, relacionadas con productos alimenticios: vacas locas, ovejas aftosas, aceite adulterado...  Otras, en cambio, como un lúgubre Guadiana, reaparece la palabra pandemia en nuestras vidas, un memento mori cíclico relacionado últimamente con alguna extraña afección originada en un lugar remoto. No es un político quien da la alarma, sino la voz en off de unas telenoticias con que se comenta el ajetreo de unos tipos en bata blanca y mascarilla que dicen ser de la OMS, y antes de que nos demos cuenta, desde el tertuliano de sobremesa hasta la vecina del quinto ya lo están comparando con el célebre virus H1N1 de la 'gripe española', que diezmó la población mundial entre 1918 y 1919.

Archivo:Spanish flu death chart.png

Mortalidad por semana de París, Berlín, Londres y Nueva York. El pico es atribuible a la gripe. Gráfico de Wikipedia.  

Que no se sepa todavía ni cómo se escribe no es óbice para que legiones de periodistas, columnistas, gacetilleros y opinadores se vistan de Casandra y auguren verdaderas catástrofes, contando ya de antemano los muertos por millones. Porque que la OMS prevea que se trate de una pandemia leve ha pasado completamente desapercibido para la prensa y el público, pues como en nuestro subconsciente anida cierto sentimiento de culpa, temiendo siempre la espada de Damocles de la catástrofe maltusiana, acogemos la noticia como sus tintes más extremos, pues con cierto pesimismo aguardamos la madre de todas las enfermedades que ponga freno a nuestro exponencial crecimiento. Pero una cosa es aguardar la pandemia definitiva y otra muy distinta aceptar con estoicismo que podemos ser sus víctimas; nosotros, los occidentales, más que seguir los pasos de Marco Aurelio, preferimos la filosofía de Macbeth, aquella de

Mientras vea hombres vivos, las heridas estarán mejor en ellos que en mí (Macbeth, acto quinto, escena VII)

Y nuestra amistosa tele de plasma nos reconforta especificando que la población que se regula es de otro sitio: África (ébola), Asia (gripe aviar) o México (gripe porcina). Puede muy bien ocurrir que todo acabe en un bluff descomunal, como la gripe aviar; dos años anunciando que viene el lobo, que la Peste Negra será recordada como una molestia después de ésta... para que todo quede en una benedictina recolección de estadísticas sobre patos acatarrados en el Canal de la Mancha, dos cisnes tosiendo en un parque de Berlín y abutardas estornudando en el paso del Estrecho. Porque, afrontémoslo, 193 víctimas en todo el mundo, 83 en Indonesia, por lamentable que sea, no es una tragedia cósmica, pero el acojono fue tan grande y general que incluso Ancalagón y mis tíos creyeron ver las orejas al lobo que no llega y durante dos años prefirieron no cazar aves por miedo a contagiarse de no sé qué. Bueno, eso es lo que dicen ellos, que me suena a excusa para disimular que su puntería ha mermado tanto como su forma física. Escuchando a los locutores de televisión (voy a llamarlos así en deferencia a Noiserfan, uno de mis lectores, joven periodista de vieja escuela), cada uno más agorero que el anterior, uno no ya sabe si las tremebundas cifras de víctimas potenciales que ametrallan son previsiones o directamente espectativas. Esta vez han sido más profesionales y han sacado un gráfico    

en el que se especifica cuidadosamente que consumir carne de cerdo enfermo no entraña riesgos. ¡Sólo faltaría que, además de la pandemia, jodieramos más la economía! El cerdo, ni tocarlo, a ver si van a prohibir jamones, morcillas y chorizos. Cientos de páginas web, de diarios online, de blogs... tienen sus mapas de afectados, una especie de plano del tesoro para morbosos o hipocondríacos, 5 infectados en España, 3 en Alemania, 1 en Francia... Con estas alarmantes cifras parece que habrá que esperar para lo de los cadáveres amontonados por las calles... Como aguardamos ansiosos el dictamen y las recomendaciones del mayor experto del mundo mundial en enfermedades infecciosas, especialmente SIDA, quien sin duda recetará Litaniarium Majorum, tres veces al día,

A fame a peste et bello, libera nos, Domine

Yo, por mi parte, alérgico últimamente a ciertos tratamientos, seguiré con mi política preventiva de rechazar como destino turístico o laboral mientras pueda países en los que hay que tomar más precauciones para beber un vaso de agua que para desmantelar una cabeza nuclear.