OVNIS
Mi abuela murió convencida de que todos sus nietos éramos profundamente imbéciles, pues cuatro cursos durante la República le enseñaron a leer y escribir en castellano perfectamente, escribir el catalán con bastante corrección, rudimentos de francés, Matemáticas, Geografía e Historia, y no necesitó más para, años más tarde, montar un hotel y gestionarlo hasta pocos antes de morir. En cambio, nosotros, sus nietos, llevábamos toda la vida estudiando -yo tenía 23 cuando ella murió- y ni habíamos acabado nada aún ni tenía ella muchas esperanzas de que llegáramos a nada al acabar. A nada práctico, se entiende. Porque siendo mi abuela una de las mujeres más inteligentes que he conocido, el pragmatismo era el único fin de su talento. Nunca supe si era inclinación personal como la mía es todo lo contrario, o si su género ya condicionaba esa trayectoria genéticamente o si fue una decisión consciente fruto del entorno y las circunstancias o si todo ello juntamente, que quizá es lo que deba creerse; pero era una mujer sabia, aunque no docta, y maldita la falta que le hacía saber latines para echar a una camarera que le sisara o reírse en sus hocicos de un comercial que viéndola mujer y anciana la tomara por tonta, y hacerlo con tanta gracia que el comercial se sabía zaherido pero no podía menos que devolver las pullas con una sonrisa para salir corriendo cuanto antes.
Era yo muy niño -creo que Tejero no había asomado su mostacho chusquero por el Congreso- cuando Biluba vivía su efervescencia OVNI; en toda conversación salía el tema, hubiera niños o no, de los marcianos, -pues este gentilicio designó a todo extraterrestre hasta que Spielberg estrenara ET poco después, en 1982-

(Cartel del 20 aniversario, imagen tomada de http://www.cartelia.net/e/et.htm)
para desconcierto e indiganción de mi abuela, que la recuerdo echando pestes y preguntando si los marcianos le pagarían la factura. Mi abuelo, que había montado con uno de los curas y otros aborígenes un grupo ufológico para escudriñar por turnos los cielos, no volvió a mencionar el tema en su presencia desde que mi abuela le espetara:
-Que haya marcianos me parece posible. Que se pongan en contacto con vosotros, me lo parece menos, pues si se les supone inteligentes, ¿para qué demonios querrían tener tratos con los bestias de este mundo?
Pero su pragmantismo era quijotesco, enfrentándose a una efervescencia que hay quien dice que era secuela de Encuentros en la Tercera Fase (1977), pues incluso en Biluba llegaron noticias de una película que había que ir a Barcelona a ver, y que se comentaba de boca en boca, pero yo creo que más bien era la película de Spielberg la que respondía a una moda bastante extendida que lo contrario, tan extendida que incluso la ancestral Biluba cambió las brujas por los OVNIS en todo suceso inexplicable. Y mi abuela, presidiendo inmensa la larga mesa familiar en las celebraciones, sentenciaba, para escándalo de creyentes católicos y ufológicos que:
-Vuestros marcianos son como la Virgen; nunca se aparecen a un médico o a unl notario, sino a un pastor o al tonto del pueblo. Pero bueno, supongo que creer en ovnis es menos estúpido que seguir siendo franquista a estas alturas -y mi abuelo, camisa vieja, intentaba desaparecer entre la guarnición del filete.
Recuerdo sobre todo la pasión con que se vivía, las conversaciones sotovoce, las anécdotas atropellándose unas a otras, que si luces por el Corronco o focos insólitos en la solitaria carretara a Castelldeferro. Ahora, tras varias temporadas de Iker Jímenez y sus secuaces e imitadores y otras bestias de mal vivir, no puedo sino esbozar una sonrisa de conmiserativa suficiencia al recordarlo, pero entonces era algo distinto.
Hay quien dice que en los noventa hubo un repunte del fenómeno, cuando Expediente X pretendía pasar por serie de culto, pero creo que es justamente lo contrario. En aquella niñez que ahora recuerdo (y por eso quizá tergiverse) se rodaron ciertas películas porque había un ambiente propicio a recibirlas, una especie de necesidad colectiva de creer en ello, muy ingenua, sin duda, pero espontánea.
Al final, el pragmatismo de mi abuela, su visión inquebrantablemente racional del mundo y los hombres es lo que ha prevalecido, gracias a menudo a muchos sinvergüezas que pretendieron aprovecharse de la ingeunidad. Escépticos, desengañados la hemos perdido irremediablemente; ahora estamos de vuelta de todo, nos hemos vuelto postmodernos. Las tardes no se habla de brujas ni ni duendes ni fantasmas ni hombrecitos verdes. Tampoco "de un libro de Neruda, o de lo que pasa en Jordania", sino de Ronaldo o Kaká o Messi, o la Esteban o Paquirrín, o la crisis o la peste porcina. Hemos matado al barón de Münchhausen. Pero quizá con su muerte hemos perdido algo importante de nosostros mismos.







Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

Janton dijo
Hemos perdido la verdadera imaginación, que es el contrapunto necesario del pragmatismo.
Ahora la imaginación nos la dan servida en imágenes 3-D
Y por cierto tu abuela tenía razón, puedes estudiar durante veinte años y aprovecharlo menos que cuatro cursos bien dados. O incluso ninguno y aprender todo de manera autodidacta pero con ganas y dedicación.
Menos mal que tú has salido un poco a ella...
28 Abril 2009 | 12:49 PM