Redes sociales
Sin haber llegado aún a los 35, a menudo me siento un Neanderthal, con una excelente capacidad craneal pero una nula adaptación al medio y, por tanto, próximo a la extinción. Llevo meses oyendo la monserga de las redes sociales sin saber a qué demonios se refieren, bien los contertulios de Punset cuando, académicamente mal vestidos, las relacionan con el comportamiento de no sé qué hormigas, bien una panda de nerds gafapasta y tardoadolescentes empeñados en parecer mayores y resultar ininteligibles. La verdad, no sé cuál me da más grima. Así que me disculparéis si no me empantano yo en disgresiones sobre si este divertimento es símbolo de una sociedad cada vez más autista, o si indica que la gente es cada vez más social, o si somos todos una panda de cotillas cortando trajes en la plaza del pueblo.
Así que, cansado de verme obligado a usar de vez en cuando un sintagma cuyo significado sólo intuía, decidí finalmente coger el toro por los cuernos e informarme. En mala hora fue, pues ya advertía Lovecraft que de algunas cosas es mejor no saber nada que saber un poco. Hombre de letras, fui en primer lugar a san Wikipedia a ver qué demonios era la cuestión que tan sesudos debates devanaba, y tras leer cuidadosamente la entrada que he enlazado al principio, acudí a un amigo para que me la decodificara, que la liturgia pascual en eslavón me es más accesible. Este amigo, Ferran, diskjockey de fin de semana en el Vinyes Velles, en una rápida respuesta a lo Jordi Sevilla, me dijo que para lo que yo necesitaba la definición, que me bastaba saber que eran sitios como facebook o myspace.
-Así que formo parte de una red social y no lo sabía. Esto de ser un hombre de las glaciaciones en la era digital me está desconcertando cada vez más.
-¿Tienes perfil en facebook?
-Si eso quiere decir que si me uní a eso, sí.
-Ah, pues ya te buscaré y te agrego.
-No, no me busques, que no me encontrarás, ya te buscaré yo.
En verano, unos amigos me invitaron a unirme a eso del facebook, martigala de la que no había oído hablar nunca o que sin duda había confundido con los e-books.
-¿Y esto qué demonios es? -pregunté con cierta prevención.
-Es una cosa nueva -mis amigos tampoco son Bill Gates, en general, ni académicos de la lengua-, que sirve para conectarte con los amigos.
-Para eso ya está el teléfono o el mail, ¿no?
-Sí, pero aquí también puedes colgar fotos.
-No me gustan las fotos.
-No sólo fotos, también vídeos, o buscar gente con aficiones parecidas a las tuyas...
-No acabo de entender el fin de todo esto...
-Venga, no seas soso, que es divertido.
Como he sido y soy miembro de algunos foros y grupos de internet, pensé que sería algo parecido, restringido, y me di de alta alegremente. Pero, como es habitual en mí, me guardé mucho de poner en mi perfil foto ninguna que pudiera reconocerme, que no quiero mi careto navegando libremente por la red.
A los dos días, estaba mi casilla de correo llena de solicitudes de amistad de amigos, parientes, conocidos, saludados, un tipo que se llama Bernard y pasaba por allí, gente de la que hacía veinte años que no sabía nada y maldita la necesidad que tenía de cambiar de situación, conocidos de saludados, gentecilla y cagamandurrias. Todas las luces de alarma se me encendieron cuando pretendió incluirme entre sus amigos Físico o Químico, personaje pintoresco de Biluba, neng de veintitantos sin oficio ni beneficio conocidos, conductor de un espectacular coche cuya financiación es aún motivo de controversia en la montaña, pues, como advirtió un amigo, y de ahí viene su mote, "Ya me contaréis cómo lo ha pagado, porque físico no es. Ni químico".
Gente de todo tipo de repente me encontraba, o leía quién me escribía o qué hacía o qué sé yo, sin posibilidad alguna de controlar ni de discriminar, así que me puse como loco a revolver los entresijos del sintagma hasta localizar el absoluto anonimato, que sólo pueda verme quien ya me ve o a quien yo busque, y aún así he de padecer que alguien etiquete mi nombre en lo que le parezca mejor sin preguntarme opinión. Pero, al menos, la avalancha de solicitudes de "amigos" se ha detenido en seco, y ya es bastante.
Allí estoy, con mis cuarenta y tantos amigos, lista que aún he de expurgar de alguno que se coló y toleré por caridad pero que ya no pinta nada. Supongo que muchos usuarios de ese inmenso patio de vecinos virtual pensarán que soy un antisocial o algo así, sobre todo aquellos que parece que compiten a ver quién acumula más amigos, aunque para ello tengan que forzar el sentido de la palabra en castellano hasta poder hacer encajar en ella a auténticos desconocidos u hostiles conocidos. Como el jocoso pulso que en el programa de Buenafuente libraron Leopoldo Abadía y Eduardo Punset, que ganó de goleada el valenciano, 20.000 contra 5000 amigos. Así, Marta, la amiga que cuida de Kuragin cuando estoy fuera y que trabaja de camarera en Vinyes Velles, tiene un nómina más larga que la hoja policial de Julián Muñoz, y no todos, según ella misma reconoce entre risas, del todo recomendables, sino más bien lo contrario a veces. De hecho, Ferran, Xavi -otro amigo, con el que desfilamos por Carnestolendas en uniforme de la Wehrmacht, para escándalo de más de un veterense y de varios veteristas- y yo estamos planeando crear un grupo de Facebook, "Amigos no chungos de Marta", grupo que será ciertamente selecto y poco numeroso. Que puede que de nuevas tecnologías esté más verde que un calabacín, pero si puedo valerme de ellas para una buena broma, soy capaz incluso de abrirme un fotolog. Bueno, tanto no, pero ya me entendéis. Son brillantes ocurrencias entre copas y habanos contra las que Marta -quien, con una discreción digna de encomio, no me ha etiquetado en ninguna de las fotos mías que ha colgado- no tiene más defensa que planear a qué torturas nos sometería las mañanas de resaca.







Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

solounpoco dijo
YO no tengo Space, ni Tuenti, ni Facebook. Tengo el blog y una cuenta de correo electrónico de la que además vigilo a quién se la doy. No me gusta el concepto de "redes sociales" y mucho menos formar parte de ellas ya que hace tiempo que dejé de ver "Los mundos de Yupi". Y es que ya se sabe: lo bueno que tiene internet es que hablo con todo el mundo y nadie sabe que soy un perro. La verdad está en la calle.
Saludos Theo (Ponte una foto en el facebook luciendo pechito depilado) Jajajajaja.
22 Abril 2009 | 04:22 PM