España es un país que ha llegado tarde a casi todo, y la urbanización ha sido tan tardía que casi todos tenemos un mi pueblo al que volver, una casa familiar en la que reunirse para discutir por las trivialidades más nimias; quizá, como en el poema de León Felipe, no sea una casa solariega y blasonada, ni tenga sobre la chimenea el retrato de un mi abuelo, con una mano es la espalda y la otra apoyada en el puño de una espada. Otros, entre los que me incluyo, somos, directamente, de pueblo, sin ambages ni generaciones intermedias.
Y para nosotros, acostumbrados a que el tiempo transcurra de otro modo en las montañas, nada resulta más incomprensible que esa nueva casta que está colonizando nuestras ruinas como tumularios o larvas, los neorrurales.
Tras varios años de estudio de campo, los sabios de Biluba, la guarida de mis dragones, reunidos en Sanedrín en la tasca de Emeterio, concluyeron, vino va, vino viene, que pese a unos rasgos comunes en sus modos sociales, habría que establecer una doble clasificación, según su origen y según sus usos.
Según ser origen, se distinguen entre guaites y aviams. El guaita es el urbanita de decimoséptima generación que, de repente, siente la llamada del bosque y se va al campo creyendo que es como las películas; al principio, todo le parece exótico y de hecho, cree estar de safari y tratando con salvajes. Raro que todavía ninguno haya venido con salacot...

Por el contrario, el aviam es el converso que regresa al pueblo en su jubilación para ilustrar a los bárbaros que no han conocido la civilización. Si aquéllos nunca supieron lo que es el agro, éstos lo han olvidado cuidadosa y concienzudamente, y el resultado suele ser igualmente irritante.
En cuanto a sus usos, la nomenclatura está todavía en discusión; si bien en un principio pareció afortunada la aséptica distinción entre bruts (sucios) y nets (limpios), el contacto hace el cariño y con el tiempo se han ido imponiendo los más precisos y sonoros grenyuts (melenudos) y torracollons (tocapelotas). No puede decirse que todos los guaitas sean grenyuts, pero la experiencia demuestra que casi todos los aviams son torracollons.
Grave error sería considerar que todo el que va a vivir al campo, a la montaña... es un neorrural, pues no es la geografía sino la vocación misionera lo que los define. Un médico que acabó la carrera, sacó plaza en el CAP de Biluba y allí se quedó treinta años puede perfectamente ser mucho menos neorrural (o no serlo en absoluto) que un dominguero con casa para ir a esquiar. El neorrural busca en el agro su propia salvación; si entendemos como pagano al habitante del pagus, el campo, es su deber evangelizarnos y convertirnos a la fe urbana. Y si no queremos ser salvados, todo misionero tiene derecho a usar de hoguera.
Al poco de desembarcar, no hay club, asociación o grupo al que no se haya apuntado, y si no lo hay, lo funda. Conocedor de las últimas moderneces urbanas con que epatar a los rústicos, prepara su asalto al poder en menos de tres meses, ya sea en candidatura municipal o a la presidencia de la Asociación de Macramé, amparado en estatutos que conoce mejor que el que los redactó, quien los copió de algo que se bajó de la página web de la Generalitat para cumplir con el expediente, cambiándole las palabras adecuadas (y no siempre). Porque grenyut o torracollons, el neorrural llega pertrechado de más leyes que el código de Justiniano, que el que no parece abogado debió ser expulsado de la facultad por listo.
Al año, grenyuts y torracollons tienen el mismo problema, y es que el pueblo no es lo que ellos pensaban. A los primeros suele desconcertarles e indignarles que incluso en aquellos remotos valles la posibilidad de vivir como un salvaje esté limitada por la ley, que en sus comunas no puedan hacer de su capa un sayo con todo, empezando por la escolarización de sus hijos y que, sobre todo, por muy abandonado que esté un pueblo, lo más probable es que sus casas tengan propietarios. Los torracollons sobrellevan muy mal que la realidad no sea como la postal que se imaginaron, que el campo huela, que las vacas caguen y los perros ladren. Uno de ellos compró una vieja borda y bajo el epígrafe de ‘consolidación de estructura’, se ha hecho una casa de tres plantas, asunto que no habría tenido mayor importancia en un valle en el que incumplir ciertas leyes se considera motivo de orgullo, de no haber decidido el morador de la cuadra devenida casa que el resto de establos atentaban a su egregio olfato y que operaban en la ilegalidad por estar tan cerca de viviendas; con pocas ovejas y menos vacas, decidieron los ganaderos que el cerdo se quedará como vecino único, salvo uno, testarudo, Perot, que argumentó tener incluso derechos de paso sobre la finca transubstanciada. La última noticia es que el terco octogenario había sido llevado a juicio y sus bienes congelados ante la demanda interpuesta. En mala hora buscó las cosquillas donde no debía, pues si él puede convertir una borda en vivienda, Biluba ha trasmutado su portal en mingitorio, su jardín en basurero y su coche... mejor no entramos en detalles con lo que le ha ocurrido al coche.
Pues es en el momento en que la tozuda realidad se empeña en recordarles la imperfección cuando suelen aparecer los problemas. Hiperactivos, una vez han fundado el grupo ecologista, nutrido abundantemente de guaites y aviams, las cinco candidaturas municipales, alcanzado la presidencia del AMPA y montado una obra de teatro contemporáneo, de las de muchos tacos, pueden caer en el error de creer que son sus propios méritos y no la apatía aborigen por los cargos –“ya se lo harán”- lo que los ha encumbrado y que por ser ellos tan listos ya han encontrado su feudo entre hobbits. Y de allí, a la catástrofe. O a las ocurrencias de los grenuyts de Corronco, que se han erigido en microestado libertario para solaz de todo el valle, que cuando no tiene nada de qué hablar en las largas tardes de invierno se pregunta si las cabras ecológicas votaron a favor o en contra de la independencia, y que si los quesos y verduras que venden los jueves en el mercado deberían pagar aranceles.


Yo nací en la capital. Pero siempre que puedo, fines de semana, vacaciones y fiestas de guardar (y las de no guardar, también) vouy al pueblo de mis padres. ¡¡Me encanta!!
Me hice maestra. Trabajé siempre por pueblos de mi Castilla. Feliz como una perdiz (sí, de las que se ven por esos campos) en la escuela rural.
Saqué la plaza. Me destinaron a un pueblecito de los que tanto me gustan. Y trasladé mi residencia a otro...
¿Neorural? ¿Yooo?
INTERINA,
Efectivamente, tu no eres neorrural. Pero admiro tu valentia de escoger un pueblo como lugar donde vivir!
Besos!
Amigo Theo: me has recordado con tu brillante escrito, a aquellos que en los años 60-70 se habían ido huyendo de la dureza extrema de un campo árido y con pocas perspectivas, en busca de algún trabajo lejos de sus casas y volvían por vacaciones al pueblo desde cualquier punto del País Vasco, Cataluña o Valencia, con sus enormes radio-casetes al hombro, como signo supremo de modernidad.
Alguien, con buen sentido de la oportunidad les llamó "los encargados".
Si les preguntabas por sus trabajos todos ellos soportaban sobre sus espaldas, además de las radios, la responsabilidad máxima de su oficio. Todos estaban al cargo de algo. Solo los lugareños de los pueblos que los recibían como mano de obra, eran los que trabajaban de albañiles, mozos, peones o barrenderos, dejando los puestos de responsabilidad a los recién llegados.
Y había que verlos (y oírlos) en las barras de los bares. Gracias a su huida en busca de trabajo, la industria patria había empezado a funcionar.
Todo esto mientras pedían un "cremat" y encendían un "Chester"
Un abrazo.
JOTA,
Jajajaja! "Los encargados", una gran definicion... me los imagino perfectamente, jejeje. Sigue habiendo de estos, que van a su pueblo de vacaciones en taxi -Mercedes, por supuesto-, aunque despues coman patatas una semana seguida.
Saludos!
Y ahora le sumas megacasas minimalistas que con cuatro muros y ventanales de doscientos metros o construcción "integrada" de hormigón ocupa lo que hasta hace dos días era dehesa Boyal mientras el rústico con pedigree mira estupefacto el "invento" con la ramita de lo que sea entre los dientes y masculla ¡ay señor, señor!
¡Por cierto! "torracollons" no tendría como traducción literar algo así como "tuestacojones" jejejeje
Aquí vuelve la de pueblo:
¿Conocéis esa frase de 'ten cuidado con lo que deseas pues se puede cumplir'? Pues eso.
Cuando era mas joven (todavía lo soy) me faltó poco para renegar del pueblo, deseaba fervientemente encontrar un trabajo e irme de el. Con el tiempo lo encontré y me fui y con mas tiempo encontré a mi marido y cosas del destino nos enviaron todavía mas lejos... .
En solo tres años de diáspora volver a mi pueblo me parecía lo mejor que me podía pasar. Acabamos liándonos la manta a la cabeza, volvimos y aunque tengo un vecindario digno de una serie televisiva, medio barrio se cae a trozos (las desventajas de vivir en el centro) y tengo que hacer todos los días 40 Km para trabajar, estoy encantada.
No se si soy una neorrural o nunca dejé de ser rural, pero me encanta ser de pueblo.
Como es habitual en tí, Theo, lo has clavado.
De estos neorrurales que tan bien describes he visto yo unos cuantos por los pueblos leoneses de mis raíces... Y todos acaban como bien dices, estúpidamente sorprendidos al darse cuenta que el pueblo no es como pensaban, sin darse cuenta que no podía serlo, porque tenían la imagen del pueblo que se puede tener de un escenario de película de John Wayne.
En fin, que mejor que se vuelvan todos pa' la capital con el rabo entre las piernas...
ISABEL,
Esa seria la traduccion literal, pero 'tocapelotas' se aproxima mas al sentido figurado, jejeje. Efectivamente, podriamos dedicar un post a la arquitectura neorrural... creo que lo hare! XD
Besos!
ROSI,
Tengo varios amigos que viven en Biluba; la mayor parte de ellos tienes circunstancias parecidas a las tuyas: estudiaron fuera, vivieron y trabajaron en ciudades mas o menos grandes pero, finalmente, decidieron que lo querian era vivir en Macondo, con sus ventajas y sus inconvenientes. Ni ellos ni tu entrais en mi definicion de neorrural, pues conoceis las limitaciones de vuestra decision, no pretendeis moldear el pueblo a vuestro deseo o imaginacion.
¿Un cafe?
Besos!
JANTON,
Gracias por el cumplido! Supongo que tus tierras leonesas, como las mias pirenaicas, con sus pueblos abandonados y sus casonas semiderruidas son propicio refugio de neorrurales que van alli buscando no se sabe muy bien que, pero desde luego, no es encontrarse con la realidad.
Saludos!
¡Hazlo! jejeje digo que escribas un post sobre arquitectura neorural quién mejor que un arquitecto para describir esa neorealidad
ISABEL,
Recojo el guante!!!
Besos!
Grandísimo post Theo! hace tiempo que cogí aversión a mi pueblo, eso me garantiza no ser neorrural, ¿verdad? dime que sí...
Un besazo!
PARASONAR,
Jajajaja! Tranquila, creo que estás libre del gen! Gracias por la visita! ¿Café?
Besos!