Aborto
Preguntas como "¿Has dejado de beber coñac por las mañanas?" no pueden responderse con un 'sí' o un 'no', y lo mismo ocurre con la cuestión que la ministra Aído y los epíscopos han coincidido en poner sobre la mesa como de inaplazable relevancia. Podríamos debatir aquí la curiosa coincidencia de que los grupos anti-abortistas sólo hallen motivo de manifestación cuando gobierna el PSOE, que en ocho años de gobierno del PP ni chistaron para pedir la derogación de la ley. Y también podríamos debatir cómo esas señoronas de astracanes que vociferan recién salidas de la peluquería parece que en realidad están pidiendo "Aborto sólo en Londres", como antaño. Pero no entraré allí.
No creo que nadie en su sano juicio se plantee el aborto como un método anticonceptivo, por más que nuestros trabucaires obispos y sus voceros del PP así lo proclamen. No soy mujer (evidentemente), pero supongo que ha de ser una decisión dura de tomar y con secuelas físicas y sicológicas, por lo que criminalizar en conjunto a quien haya tomado esa decisión me parece, como mínimo, injusto. Como se hizo mediáticamente con el caso de las clínicas abortivas de Barcelona.
Las palabras significan lo que significan, y no otra cosa, y cuando se elige una palabra es para acotar al máximo el concepto, no para sembrar la confusión. Así pues, en España, por más que los grupos pro vida griten lo contrario en sus manifestaciones, el aborto no está legalizado, sino despenalizado, y aún así sólo en determinados supuestos, pues el Estado no puede considerar que matar sea legal . Se me replicará posiblemente que el resultado es el mismo, pero no hablo de resultados, sino de conceptos.
Como conceptualmente repele el draconiano rigorismo actual la Iglesia. No porque se erija en defensora de la vida, pues han pasado los tiempos de la cruzada albigense y el asalto de Beziers y posterior ejecución de los habitatnes de Beziers en 1209, cuando según la crónica de Cesáreo de Heisterbach, dijeron que el antiguo legado papal y dirigente de la Cruzada Arnaud Amaury resolvió la cuestión de dirimir entre herejes y católicos con el ya célebre
"Matadlos a todos, pues Dios conoce a los suyos." Frase que, por otra parte, es posible que jamás pronunciara, pues el cronista cisterciense autor de los Dialogus miraculorum relata la campaña quince años después.
También han pasado los tiempos en que el canónigo de Salamanca, José Artero, en el acto de "reconciliación" de la catedral de Tarragona, considerada profanada (21 de enero de 1939), se despachó con un cristiano y caritativo "¡Perros catalanes, no sois dignos ni del sol que os alumbra!" (RAGUER, H: La pólvora y el incienso. La Iglesia y la Guerra Civil española).
No debe sorprendernos la oposición de la Iglesia, pues siempre ha sido unánime en rechazar esta práctica. A lo sumo, se enzarzó en debates sobre cuándo el embrión dejaba de ser potencia para ser individuo en acto, y San Agustín (s. IV) admite que sólo a partir de los 40 días se puede hablar de persona, y Santo Tomás (s. XIII) que no es hasta esos 40 días tras la fecundación que le es infundida el "alma racional" al feto. Esta fue la posición oficial de la Iglesia desde el concilio de Trento, pero otros teólogos, basados en la autoridad de Tertuliano o de San Alberto Magno, defendían la hominización inmediata, o sea que desde la fecundación ya se trata de un ser humano en proceso. Esta tesis fue asumida por Pío IX en la encíclica Apostolica Sedis (1869). Pero nunca fue objeto de disputa que matar a un individuo fuera pecaminoso.
Lo que desconcierta es el rigor con que determinados sectores católicos tratan la cuestión, pues la excomunión latae sententiae que prescribe el canon 1398 para quien procure el aborto -canon promulgado en 1983 durante el papado de Juan Pablo II y todavía en vigor, perfectamente coherente con la línea ultraconservadora de ese pontificado- , subvierte una tradición casi milenaria de la Iglesia católica, desde la reforma gregoriana (ss. XI-XII), en que se sustituye unas penas basadas en el pecado -la época de los Penitenciales, como el de Burchard de Worms (950-1035), verdaderos recetarios)- por otras basadas en el pecador, en el que se tienen en cuenta las circunstancias.
Y este debate está vivo entre la jerarquía eclesiástica, y ha sido azuzado últimamente por la excomunión que el arzobispo de Recife, José Cardoso Sobrinho, lanzó a la madre y a los médicos que interrumpieron la gestación de gemelos de una niña de 9 años violada su padrastro. El prelado, no contento, dio publicidad a su decisión, pues es su deber "alertar al pueblo, para que tengan temor a las leyes de Dios".
El presidente de la Academia Pontificia para la vida, el arzobispo Rino Fisichella,
abrió la caja de los truenos en una carta publicada en el periódico vaticano, L'Osservatore Romano:
Se ha resentido la credibilidad de nuestra enseñanza, que a muchos les ha parecido insensible, incomprensible y privada de misericordia.
y, dirigiéndose a la niña,
son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, no los que te han permitido vivir y que te ayudaron a recuperar la esperanza y la confianza.
La batalla está servida. El sector ultraconsevador, perfectamente representado en la Conferencia Episcopal Española por su presidente, el cardenal Rouco y su secretario, el obispo auxiliara de Madrid Camino,

han azuzado sus perros de la guerra mediáticos para exigir la cabeza de Fisichella. Y no habrán de parar hasta lograrlo. En esta batalla no importa frivolizar sobre la violación de la niña, relativizando crímenes con nauseabunda superficialidad, pues el aborto no es visto por ese sector ultraconservador como una cuestión doctrinal, sino como un arma más con que desmontar el Concilio Vaticano II.







Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

lamardecuento dijo
Theo, un nuevo insulto de esos ultraconservadores de la mazmorra que han perdido cualquier contacto con otra realidad que no sea la de su mundo nauseabundo, tenebroso y siempre mal intencionado. ¡Qué lejos están de la luz de la utopía del Reino!, como diría Casaldáliga. Estos días he recibido la circular de Araguaia y me gustaría compartir el inicio de su carta en tu casa.
"El Cardenal Carlo M. Martini, jesuita, biblista, arzobispo que fue de Milán y colega mío de Parkinson, es un eclesiástico de diálogo, de acogida, de renovación a fondo, tanto de la Iglesia como de la Sociedad. En su libro de confidencias y confesiones Coloquios nocturnos en Jerusalén, declara: «Antes tenía sueños sobre la Iglesia. Soñaba con una Iglesia que recorre su camino en la pobreza y en la humildad, que no depende de los poderes de este mundo; en la cual se extirpara de raíz la desconfianza; que diera espacio a la gente que piensa con más amplitud; que diera ánimos, en especial, a aquellos que se sienten pequeños o pecadores. Soñaba con una Iglesia joven. Hoy ya no tengo más esos sueños». Esta afirmación categórica de Martini no es, no puede ser, una declaración de fracaso, de decepción eclesial, de renuncia a la utopía. Martini continúa soñando nada menos que con el Reino, que es la utopía de las utopías, un sueño del mismo Dios.
Él y millones de personas en la Iglesia soñamos con la «otra Iglesia posible», al servicio del «otro Mundo posible»."
Gracias también por hablar del aborto con sensibilidad, por remarcar lo difícil y duro que puede ser tener que tomar una decisión de ese tipo. Creo que es un argumento que tanto defensores como detractores del aborto olvidan a menudo.
Un fuerte abrazo!
2 Abril 2009 | 04:38 PM