Vitali
La última vez que vi a Vitali, hace unos nueve meses, me comentó, entre calada y calada de Belomorkanal, esos horribles cigarrillos rusos de boquilla de cartón, los papirosa, que le habían encontrado cáncer.
-No hace falta que digas nada -rompió mi silencio con su castellano de Cuba con acento ruso-. Ya sé que lo sientes, por eso te lo cuento. De momento, estoy en tratamiento y es posible que puedan operarme.
Conocí a Vitali hace varios años, nueve exactamente, cuando yo trabajaba en un proyecto urbanístico en el Sur de Rusia y él era oficial en una de las divisiones rusas en las que la corrupción se mantenía en niveles aceptables, lejos de la dramática afirmación que haría en 2002 el jefe del Estado Mayor conjunto, general Anatoli Kvashin, de que las tropas bajo su mando estaban "acosadas por el crimen y la pobreza, con soldados regularmente robando armas y vendiéndolas abiertamente". Años más tarde, lo reencontré en una ciudad del Norte de España, ejerciendo de jefe de seguridad de un empresario ruso. Más tarde, con ese mismo empresario, vivía en Alicante, desde donde abandonó el país siguiendo los pasos de su patrón cuando la Audiencia Nacional empezó a cerrarles el lazo, no sin antes pasar por Vetera para despedirse. Ya no volvería a verle.
Pese a que cuando lo conocí me pareció un hombre refrescantemente sencillo, ahora me resulta difícil explicar cómo era, se me antoja complejo, con zonas oscuras en las que no quise indagar; en el 2000, junto a la Makarov reglamentaria, llevaba un mazo de tarot; en el 2004, había cambiado la Makarov por una Yariquin, y en el 2008 se había agenciado una Gurzà, pero seguía llevando el mismo mazo de tarot. El tercer día que nos vimos, me las tiró y debió de gustarle lo que vio, pues me a las pocas semanas me invitaría a pasar diez días en una casita que tenía en Sochi, junto al Mar Negro. Yo, que estaba de tiendas de campaña y el mar de lodo del deshielo primaveral, la Rasputitsa, hasta más arriba de las narices, acepté sin dudarlo, y en la incomodidad de un T-72 modificado hicimos el trayecto.
La Rasputitsa durante la II Guerra Mundial. Imagen del blog Instituto de Estudios Solarísticos
En Sochi conocí a Natasha, su hija. Bailaba en el Mariinsky, en San Petersburgo (el antiguo Kirov), plaza que se le había resistido varias veces por su origen familiar de 'член семьи изменника Родины', "Miembro de familia traidora a la Patria", el mismo motivo que retrasaba los ascensos de Vitali; después de cenar, mientras Vitali buscaba vasos helados de vodka, Natasha me estampó el beso más espectacular que me habían dado hasta entonces -lo cual tampoco es decir mucho- y allí empezaron tres de los años más complejos de mi vida.
-No me gusta que te acuestes con mi hija- observó con el mismo tono con que me indicaba dónde había un bisonte, pasándome la petaca con cognac armenio.
Yo me quedé blanco. No sabíá qué responderle, porque no me pareció adecuado ir con la verdad por delante: "Ya me gustaría, pero aún no lo he conseguido" -Vitali me sacaba 20 cm en todas las dimensiones-. Miró mi azoramiento y estalló en una carcajada, golpeándose el muslo y palmeándome la espalda con su amistosa manaza, que habría derribado las puertas de Jericó-. Era una broma, me gustas, y si Tasha está bien contigo, me parece perfecto.
-Natasha me gusta mucho -confesé con un hilo de voz, sonrojado. Nunca me imaginé con 25 pidiéndole la mano a nadie.
-Esta noche lo celebraremos. Nos iremos de putas. ¡No pongas esa cara, alguien tendrá que enseñarte a tratar a una mujer como es debido!
¿Le habrían dicho las cartas que yo era virgen todavía? Seguí siéndolo esa noche, y todas las noches que estuve en Sochi, sólo al volver a España con Natasha, que se había matriculado en Filosofía en mi universidad, dejé de serlo.
Este era Vitali. En otra ocasión, le pedí una Tokarev TT-33 para mi colección; aplastó el cartón del cigarrillo antes de responder y ofreció: -Si tienes que darle un susto a alguien, sólo dímelo-. Sonrió y me ofreció fuego para la pipa: -Eres muy blando, Theo, este mundo no se ha hecho para gente como tú.
Durante un tiempo de encontronazos con la incompetencia, cuando no corrupción, de ciertos técnicos municipales, no sabía cuánto tiempo resistiría antes de llamar a Vitali.
Durante otra cena en un argentino de Barcelona me comentó que en determinados ámbitos su nombre sonaba entre otros varios oficiales a investigar por reacciones desproporcionadas en la guerra de Chechenia, un eufermismo burocrático.
-No creo que seas el responsable, pero tamboco creo que seas del todo inocente.
-¿Eso es mejor o peor?
-Supongo que mejor.
-Supones mal. Si tienen que juzgarte por algo, al menos que seas responsable de ello, y no un tonto útil.
-¿Entonces?
-Natasha te podrá confirmar que nunca he sido muy listo. Por cierto, ¿cómo está?
Hacía años que Natasha y Vitali no se hablaban; de hecho, dejaron de hacerlo poco después de que ella viniera a España; por un tiempo temí que fuera el culpable de ello, pero después descubrí que no tenía yo nada que ver, que ellos necesitaban odiarse durante un tiempo para volver a quererse, que era su enfermiza relación libérrima, enfadándose en lo que estaban de acuerdo y reprochándose en lo que coincidía, y que yo les hacía de puente. Les estuve haciendo de puente hasta el sábado, cuando Natasha me llamó, embarazadísima. Vitali había muerto durante un tiroteo, como ella esperaba, como todos esperábamos, el cáncer habría sido una anomalía en su biografía.
-Por cierto, aquí me ha dejado una Tokarev para ti. Te la llevaré en junio, cuando vaya a España de nuevo. ¿Seguro que sabes usarla? Si tienes que darle un susto a alguien, sólo dímelo...









Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

sombra-del-angel dijo
Theo amigo mio, siento que os moleste mi lengua, de ser asi lo comprendo, pero como todos y respentando las mas basicas normas del dialogo discordante, os digo que hace mucho deseaba expresar mis palabras en mi lengua, siento nuevamente que os moleste
y sois dueño de quitarme de vuestros amigos
Un abrazo
16 Marzo 2009 | 01:57 PM