La batalla perdida del conservacionismo
En algunos aspectos, la legislación española está a años luz de la mentalidad de los legislados. Por ejemplo, en lo que se refiere a los derechos de homosexuales. Esta legislación tan avanzada responde a idearios políticos a veces, pero más a menudo a planteamientos de más allá del Pirineo,
hacia el norte,
donde dicen que la gente es limpia
y noble, culta, rica, libre,
despierta y feliz. (Salvador Espriu, Assaig de càntic en el temple)
Es decir, que nos viene impuesta por directivas europeas que nos son tan ajenas como si las hubiesen dictado desde Alfa-Centauri. Y estas son las leyes de conservación del patrimonio y de conservación del medio ambiente, ambas vistas con verdadera hostilidad no sólo por empresas e instituciones, sino también por el ciudadano medio, como refleja Arqueòleg en su último post.
Tolstoi decía que hay gente que al cruzar un bosque no ve sino leña. No se me ocurre mejor definición para un pueblo que de cualquier ruina ha hecho cantera gratuita y no reflexión sobre el pasado de lo que somos, un pueblo en el que, además, se da cierta inclinación genética por la especulación como único modo de enriquecerse, pues debe seguir considerando el trabajo como un castigo divino. De ahí, supongo, la proliferación de intermediarios en cualquier ámbito en que se ponga la vista.
Aunque haya leyes marcos generales, estatales o autonómicas, el ámbito de aplicación recae en la más corrupta e ineficaz de las administraciones, la municipal, cuyos responsables, a menudo poco cualificados para las responsabilidades que la ley les atribuye, están demasiado implicados en el tejido social como para soslayar las presiones a que son sometidos, bien por vecinos que se beneficiarán de la rapiña urbanística revendiendo su huerto a precio de oro, bien por inversores foráneos que les convencen de la idoneidad de un proyecto que dista mucho de serlo. Cuando no directamente están beneficiados de todo ello, claro.
Un país que ha tenido como objetivo único enriquecerse en dos días mejor que en tres y que ha concentrado toda esta creación de riqueza en la especulación en torno al urbanismo más desaforado no puede sino ver en las leyes de conservación patrimonial o medioambiental una intolerable injerencia pública, un incomprensible poner palos en las ruedas del 'progreso'.
Es habitual ver a alcaldes y ciudadanos haciendo frente común para defeneder como fuente de creación de riqueza y de puestos de trabajo un despropósito cualquiera, como el monstruoso hotel El Algarrobico en el parque natural del Cabo de Gata,

Imagen tomada del blog laslucesdeagosto.wordpress.com
sin atender a que todo esto no es más que un pan para hoy y hambre para mañana. Porque el tiempo político se mide en cuatrienios; lo que ocurra después, como si es el diluvio.
El ibérico tiene una tendencia a entender la propiedad al modo romano, el derecho de usar y abusar de un bien. "Es mío, como si lo quemo". Al mismo tiempo, la legislación es altamente punitiva, pero nunca educativa y compensatoria. Excavar una cimentación y encontrar cuatro sillares es recibido con mayores caras de desesperación que noticias de un cáncer, sin comprender que, acabada la labor de estudio, una modificación del proyecto puede hacer perfectamente compatible la conservación con la explotación del solar. Pero, lo más normal al hallar cualquier resto es oír la frase: "Tira hormigón rápido, que como se enteren te lo paran seis meses". ¿No pueden habilitarse mecanismos de compensación, de indemnización en estos casos? Seguramente se tendría menos prisa en echar hormigón y se vería con mejores ojos a los que hacen nuestras ciudades más comprensibles.
Pero el problema está en que los responsables políticos entienden el patrimonio a los Disney. Potemkinizamos nuestros centros históricos como un inmenso decorado para turistas, restaurantes de diseño y tiendas de lujo, pero, cuando en el sótano de un hotel, o de su nuevo palacio de congresos aparecen cuatro huesos, de inmediato emprenden una campaña para desacreditar la opinión de los expertos y ponderar la necesidad urgente del equipamiento que la arqueología retrasaría. Y la ciudadanía traga, como en el caso de Lorca y su castillo, o del mencionado Algarrobico. Así, no es extraño que los políticos locales vendan como de interés general lo que no es más que una operación enconómica y especulativa privada, como la ciudad del golf de Las Navas, en Ávila, felizmente parada por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. O el polígono industrial que se levantará junto a las ruinas de Numancia.
Cierto es que, si se escucha atentamente, se oirán las primeras sentencias de protección -irremediablemente tarde, como siempre con la Justicia en España- y agrios debates en torno al tema del patrimonio en varios lugares de Celtiberia. Por supuesto, para oír debates sobre el patrimonio hay que tener una oído más fino que Gustavus,

aquel compañero del barón de Münchhausen, porque el ruido de la barahúnda política y del fútbol tabernario apaga cualquier eco de debate. El debate se plantea en los medios como una dialéctica entre 'conservadores' y 'modernos', cuando en realidad es entre los que ven en la ciudad un ente que debe entenderse históricamente para seguir creciendo y los que sólo ven en el urbanismo un modo de enriquecerse rápidamente. Ccomo aquel profesor de proyectos que un Congreso Internacional de Arquitectura que organicé hace unos años arremetió contra los historiadores por 'impedir el progreso de la ciudad' cuando sólo impedían que se llevase a cabo un proyecto suyo, un absoluto despropósito en un casco antiguo que alteraba gravemente su fisonomía sin aportar ninguna mejora de uso o de habitabilidad.
Lo más divertido es ver cómo se arrasa con la verdadera historia para suplantarla por un pintoresquismo Disney, como los quioscos a lo chulapo de plástico de Álvarez del Manzano en Madrid, o la supuesta construcción tradicional vasca de Ondarribia. O los chalets suizos en que se han convertido los pueblos de montaña junto a estaciones de esquí, arrancando el encalado tradicional con que cubrían sus muros para dejar la piedra vista que los turistas esperan de un pueblo de montaña. Que la realidad no corrija nuestros prejucios. Y cuanto menos rigurosos se sea en la recreación pintoresca, más éxito se cosechará en este intratable pueblo de cabreros. Comparemos, a modo de ejemplo, el interior de Sant Climent de Taúll, tal y como la encontró la expedición de Puig i Cadafalch en 1904

con su estado actual

Por no hablar otra vez de la cornisa del Manzanares y el parque de las Vistillas, claro.







Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

Crispi Killer dijo
Te invito a que visites mi pueblo y te indignes un poquito más...
De forma premonitoria digo que: "La urbanización Isla del Fraile, algún día, tras numerosas lluvias torrenciales y un poco de erosión por viento y mar, caerá encima de "Hacienda El Hornillo"... ^^
http://1.bp.blogspot.com/_7MSDZ7gjyHQ/Rsm89FJJYUI/AAAAAAAAAfo/Mat...
Se aceptan apuestas señoooores
11 Marzo 2009 | 01:18 PM