Una visita a Chernobyl
A las ocho de la mañana, Elías, Ernest y yo salíamos de Vetera a Valencia, a nuestra anual visita a CEVISAMA, la feria de la cerámica y el baño. Temíamos que, dada la coyuntura, hubiera trasladado la sede del recinto ferial valenciano al muro de las lamentaciones, o que no pudiésemos entrar en un stand sin que nos salmodiaran las lamentaciones de Jeremías. No ocurrió tal, pero había ciertas señales inquietantes, o simbólicas, según se mire. En primer lugar, pudimos aparcar en la misma puerta, cuano el año anterior habíamos dejado el coche en un parking más allá del cuartel de Daoiz y Velarde -desde donde Milans del Bosch salió a defender su idea de patria el 23F-, en medio de un descamapado de pinos, y esperado al bus que nos llevase a la feria. En segundo lugar, el público. Nunca había visto tantos estudiantes de arquitectura en CEVISAMA, años anteriores pasaban la mayor parte de los stands de atenderlos, y ahora estaban en una proporción considerable... mucho me temo que se repartieron entradas y bocadillos por la ETSAV para que hiciesen bulto. De entre los compradores, los idiomas, con mucha diferencia, mejor representados, el ruso, el alemán, árabe y lenguas nórdicas. Creo que nosotros tres éramos, como potenciales compradores, el grupo más nutrido.
Los stands raleaban en todos los pabellones del recinto, con claros convertidos en plaza en todos ellos. También habían atemperado, no sé si los diseñadores o los gestores de la marca, la puesta en escena, que alcanzaba en ediciones anteriores sonrojantes proporciones. Es decir, han sido historia en esta edición montajes como el de aquella cementera de cuyo nombre no quiero acordarme que, en 2006, animó el cotarro con azafatas en tanga y pasarelas. Supongo que cuando algún comercial orondo y engominado le preguntó a los responsbles del despropósito dónde estaban los reservados, intuyeron que se habían pasado tres pueblos. Pero el aire fallero no se diluye tan fácilmente.
Por motivos evidentes, suelo acudir a tres o cuatro ferias de la construcción o de arquitectura al año, y siempre me ha resultado chocante de CEVISAMA la organización espacial de los stands. De hecho, de un simple golpe de vista, sin conocer las marcas, cualquier observador medio puede dictaminar sin error posible qué chiringuito es ibérico y cuál foráneo, y es que en CEVISAMA el stand ibérico copia el esquema de una iglesia bizantina, ocupando la sagrada zona central, de mayor altura, superficiey prestancia, la barra de bar, atendida por maestre sala, camarares y someliers, y las mesas, sillones a menudo, en un espectacular tinglado en anfiteatro o casi plaza de toros, mientras que la exposición de los productos queda relegada a una segunda posición, marginal, en una especie de deambulatorio estrecho alrededor de este espacio central. Lo dicho, como una iglesia bizantina.

Planta de la iglesia se los Santos Sergio y Baco, en Constantinopla
Las empresas foráneas no han percibido que la cortesía de atender a posibles clientes con algo de beber requiera tanta parafernalia y siguen creyendo, ingenuos, que lo importante es la exposición.
Tres horas y media andando a paso de feria. No os podéis imaginar lo que es el paso de feria; no hay paso de Semana Santa que sean tan torturador como

Imagen del blog de la Real Hermandad de la Virgen de la Cabeza de Málaga
el de feria, un paso cansino, para poder ver todos los stands deteniéndose en los mínimos. Kilómetros y kilómetros de pasillos.
-Ese de ahí atrás tenía cosas interesantes, podríamos entrar...
-Ahora, cuando demos la vuelta y volvamos por la otra calle -porque no se da un paso atrás ni para tomar impulso.
Como estaba ya todo visto, una vuelta por tres o cuatro expositores de piedra, todos los que había, y emprendimos la vuelta. Tres horas y media más de coche hasta Vetera.
-¿Os parece que entremos a ver esto de Marina d'Or? -sugirió Elías al pasar por delante del complejo, a eso de las cinco de la tarde.

Imagen de Spanish Property News
En la lejanía, parecía una de esas urbes soviéticas surgidas de la nada en medio de la nada, entre gulag y ciudad, una arquitectura de infames bloques estalinistas, idénticos uno al otro, kruschovkas de doce plantas. Al acercarnos, la sensación fue de entrar en una ciudad abandonada, en una ciudad muerta, de haber viajado a Chernobyl.

Imagen de Ukranian web.
Cruzamos el puente que sobrevuela las vías férreas, sin tráfico alguno en todo el tiempo que estuvimos, y topamos con la primera imagen de desolación. El acopio temporal de material de construcción era un solar inmenso donde se almacenaban toneladas y toneladas de ladrillos, piedra, cemento... el bosque de grúas que sustityuera a los naranjos, almedros y olivos se agostaba desmontado en el suelo, oxidándose. Siguiendo la misma calle, se llegaba a una gran rotonda, ocupada en su totalidad por una enorme estructura abstracta que el vendaval pasado dañó y que en ese entorno habría sido más coherente sustituir por algo de realismo soviético

Escultura en Volgograd (antes Stalingrado)
Diez minutos tardamos en encontrar por las desiertas calles vestigio de vida humana, un matrimonio de jubilados ingleses, inconfundibles con sus calcetines blancos y pantalones pesqueros, que paseaban al perro bajo un viento inhóspito. esquivando ramas caídas que recordaban inquietantemente a las zarzas rodantes de los western. Un cuarto de hora después, otras cuatro personas paseaban con el ceño fruncido en la 'zona comercial'. Y la llamo así por llamarla de alguna manera, porque en la amplia avenida comercial, jalonada de arcos de bombillas dignos de Feria de Abril o de iluminación navideña de Álvarez del Manzano

Imagel del blog lenguadetrapo
no había comercio o servicio alguno abierto, salvo el balneario, con su entrada de falsa ruina romana. Falso como todo, como la propia implantación arbitraria en un territorio virgen.
Cuadrillas de jardineros mantenían los espacios verdes en perfecto estado de revista para nadie, espacios que no lamento confesar que me parecieron de un diseño agradable y cuidado, salvo por los arbustos tallados con formas y la proliferación de falsas esculturas romanas.
El sol caminaba hacia el ocaso cuando abandonamos Chernobyl, contemplando cómo un séptimo piso no recibía luz porque le hacía sombra el edificio de enfrente, como los carteles de 'Se vende' o 'Se alquila', si bien menos numerosos de lo que habríamos esperado, no faltaban en ningún bloque. Como, al lado de este monstruo, una enorme superficie, tal vez superior a 200 hectáreas, estaba devastada, deforestada, removida... los restos del aborto, supongo, de un club de golf, de más kruschovkas alineadas junto a la costa o quizá de esa pista de esquí que se planeó alimentar con agua de trasvase. Decididamente, el ver el despropósito, comprendí porque Europa piensa que los Alpes y los Pirineos se pusieron para algo.






Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

almagra dijo
Genial tu descripción de la feria, la he paseado a paso de feria junto a ti...jajaja.
Ayer llamé a un arquitecto conocido (y de los consagradillos por la zona) para un asunto del que estaba segura me mandaría a tomar viento fresco a la farola, no me cogió el teléfono y pensé que no debía insistir, sorprendentemente no solo me llamó él, si no que, tras explicarle que se trataba de un brindis al sol, hemos quedado para verlo el lunes, demostrando todo su interés..."cosas vereis, amigo Sancho¡¡¡¡"
Besos
13 Febrero 2009 | 01:28 PM