Andaba los últimos días yo de tan mal humor que me tentaba incluso dedicarle un post al inefable ansar, quien parece que ha aprovechado la ocasión de despellejarse el labio superior para erradicar también el último atisbo de cordura o equilibrio que sería exigible en alguien que ha tenido responsabilidades de Gobierno. Pero como en este peculiar país cuanto mayor sea el despropósito soltado, más cerrada será la ovación de los incondicionales, preferí dejar el tema para mejor ocasión o humor, que no es prudente tratar una úlcera con soluciones de ácido sulfúrico.

Pero hoy, al fin, el clima ha mejorado, con lluvia y algo de fresco, y con ello, mi humor. Aunque confieso que empiezo a estar hasta los cojones... las narices de la crisis. La antañona tendencia a fijar en la Inquisición el origen, si no de las especies ibéricas, sí al menos de todos sus males y pecados contemporáneos, hizo a Menéndez Pelayo exclamarse en La ciencia española:

"¿Por qué no había industria en España? Por la Inquisición. ¿Por qué somos holgazanes los españoles? Por la Inquisición. ¿Por qué duermen los españoles la siesta? Por la Inquisición. ¿Por qué hay corridas de toros en España? Por la Inquisición."

Bueno, pues ahora sustitúyase 'Inquisición' por 'crisis financiera' y la cita reflejaría perfectamente al ambiente que se respira. Empecemos con las bolsas. ¿Puede alguien explicarme por qué es una alarma nacional que el ibex haya perdido los 9000? ¿En qué me afecta que el Nikkey esté al nivel del 82? ¿Por qué encabezan los telediarios las debacles bursátiles? Dicen que no sé qué millonario ruso dueño tampoco sé de qué equipo inglés (conozco perfectamente el nombre de ambos, pero permitidme la coquetería de simular ignorarlos) ha perdido 18000 millones de euros en la bolsa. ¿Ha perdido qué? ¿Los tenía? ¿O es que lo que antes alguien suponía que vale tanto ahora otro supone que vale menos? ¿Es eso perder realmente algo? ¿O es simplemente reducir las espectativas de lucro? Sobre todo cuando las empresas que, teóricamente, sostienen esas acciones siguen funcionando perfectamente... Es como el que tiene una casa en propiedad que la tasaron hace un año en 300.000 euros y ahora la tasan en 240.000 euros. ¿Ha perdido 60.000 euros? No, la casa sigue siendo la misma y nunca tuvo ni los 300,000 ni los 240.000 Como el Santander, que ha ganadao un 16'6% más y sus acciones valen un 50% menos... Me niego a que esta histeria colectiva que hace que un mileurista se preocupe por cómo ha abierto Wall Street me afecte, y por eso ya ni enciendo la tele, y me reafirmo en compartir con Gil de Biedma el ideal de vida feliz:

De vita beata

En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.

No sé si estoy envejeciendo más rápidamente lo que quisiera, pero empiezo a perder la paciencia con mayor frecuencia. Y cuando me entero de que no sé qué jerifalte de la patronal que exigía abaratar el despido ha dimitido de su cargo con una indemnización de 1,2 millones de euros me descubro vociferándole al televisor como mi padre cuando no le pitan un penalty clarísimo a su equipo. Así que por cuidar algo mi delicado estómago y no añadir tensión a unas arterias ya castigadas, he decidido no querer saber nada más.

Ayer, un compañero del Club me iba recitando su adaptación de las lamentaciones de Jeremías mientras yo peleaba por encender un habano con cerillas demasiado cortas.

-¿Sabes a qué precio está el gasoil?

-No, no tengo ni idea. No tengo coche. Ni siquiera tengo carné de conducir.

-Tú si que eres listo.

Afortunadamente, las decisiones que he tomado en mi vida no han buscado nunca la aprobación de nadie, porque los que ahora aplauden mi pedestre vida o que siga viviendo de alquiler, no hace ni un año que se escandalizaban por tamaña falta de ambiciones en la construcción de un patrimonio. Pero no faltan los reproches, en el más puro estilo Mala Reputación, a mi falta de sensibilidad al dolor general por la crisis de los millonarios, y que yo siga haciendo mi vida.

-A ti la crisis sí que no te afecta -continuó-. ¡Mira qué puros te fumas!

-Sí que me afecta, he perdido a cinco excelentes compañeros de trabajo. Lo que no entiendo es a qué viene lo del cigarro... ¿Debería dejar de fumar en señal de luto?

-Sí, pero ¿cuánto te cuestan?

-Eso es asunto mío. Comprendería que te indignase si te debiese dinero, pero no es el caso, ¿verdad?

-Hombre, no, pero con esta crisis gastarse ese dinero en puros...

-Bueno, hay quién se lo gasta en un Cayenne para llevar a los niños al colegio... ¿Cuánto te cuesta el més ese mastodonte que se bebe la gasolina como yo las guiness?

-¡Qué bien vives! ¡Cómo se nota que no tienes ninguna responsabilidad!

-Hombre, yo diría que tengo varias... entre ellas, evitar que nadie se mate en la obra...

-Si, pero después llegas a casa y no te tienes que preocupar por nada...

-Eso lo dirás por ti, que llegas a plato puesto, yo tengo que preparármelo cada día.

-Pero cuando quieras puedes ir a un restaurante...

-Y tú

-Yo tengo familia

-Si no estás contento con tu vida, habla con un cura, un psicólogo o un abogado, pero no intentes amargarme la mía. Yo no te obligué a casarte.

Y sí, sigo fumando habanos, comprando libros, bebiendo buen vino con mis amigos y cenando con X cuando podemos. No niego la realidad, pero sí rechazo que condicionen mis decisiones y mi vida sólo sus aspectos negativos. Bach sigue sonando cada mañana, y Kuragin despertándose junto a mi espalda. Y una taza de té en porcelana de Sajonia con una buena pipa serán excelente compañía cuando salga del trabajo ya de noche, fresca y lluviosa. No soy rico, pero tampoco soy mileurista, y ni antes vivía por encima de mis posibilidades ni ahora voy a hacerlo por debajo. Aunque, desde luego, lo que voy a dejar de hacer es pagar sin rechistar.