Hace días, Selene me concedió un premio sobre la cocina... no he tenido mucho tiempo para postear nada, como habréis visto, y tampoco sabía muy bien cómo efocarlo... hasta que X vino a pasar el fin de semana conmigo.

Como de costumbre, llegó, vio y venció. Venía del concierto de Tom Waits en Barcelona, "el concierto de Dios", puntualizaba, con la fe fanática del converso... Así que me he pasado el fin de semana escuchando a Bukovski versionado con voz de cazalla

Por más que me esfuerzo, aún no consigo recordar qué delito cometí para penar así... porque convengamos que tres canciones de Waits se hacen entretenidas y divertidas, pero tres días oyéndole sin parar era castigo excesivo incluso para un karma resultado de la concatenación de las vidas más criminales de la historia. Y despertarse escuchando que "Uncle Vernon plays acordian for Mr. Weiss" es augurio de que el día va a ser muy largo. ¿Qué fue de mi matinal Bach?

-¿Por qué no nos vamos a desayunar a Barcelona?-propuse, intentando minimizar los riesgos para mi precaria salud mental. Pero X, envuelta en un kimono color turquesa, tenía otros planes inmediatos, entre los que no figuraban dejarme leer Niveles de vida en la Edad Media, de Dyer.

Tres horas más tarde, ya mediodía, nos apeábamos en Plaça Catalunya y, bajando por las Ramblas hasta enfilar a la calle Ferran, llegábamos adonde yo pretendiera desayunar, pero ya era casi hora de almorzar.

-Una docena de ostras, por favor, y una botella de Tres Lustros, de Gramona. Ah, y unas gambas de Palamós también...

Abiertas las ostras, delicadamente puestas sobre un fondo de hielo picado, y las gambas, salteadas, X abría desmesuradamente los ojos.

-¿Qué es.... eso?

- Dos verdaderas delicias...

- Las ostras parece que se mueven...

- Claro, están vivas...

-No pienso comerme nada que esté vivo!

-Prueba las gambas entonces...

-Tampoco voy a comerme nada que me esté mirando! ¿No hay nada normal aquí?

-¿Te pido una hamburguesa?

Superada la primera controversia con la mediación de Joselito y un tercio de Gramona, nos sentamos ya en nuestra mesa, un menú degustación, que suele variar cada dos meses, aunque con un invariante: el foie trufado sobre lecho de mermelada de membrillo, con un Sauternes. Visto el paladar aprensivo que gastaba X este fin de semana (inexplicable tanta reticencia para alguien que vivaquea de vez en cuando en casa de okupas), preferí no entrar en detalles en el modo de producción del foie, en la hígado hipertrofiado de ocas y patos, a veces cirrótico... o en cómo Apicio, el gran gourmet romano, sugería cebar las ocas sólo con higos pasos y, ya luciendo un apetitoso aspecto, matarlas emborrachándolas con vino de miel...

Intenté ilustrar el tártar de esturión, con Riesling, con cierta anécdota de Talleyrand y dos esturiones, preparados por Carème, recogida por el conde de Sert en El goloso, pero la nariz arrugada de X me alertó.

-Esto es pescado crudo

-Es un tártar, amor...

-Está crudo

-La conversación empieza a ser redundante. ¿No te gustaba el sushi?

-Sí, ¡pero no es lo mismo!

-Me he perdido... Por favor, cuando cambies los códigos, avísame, que mi ENIGMA anda obsoleta.

-¿Cómo?

-Da igual. ¿Qué te parece el vino?

Carpaccio de reno. El vino, Mas Vilella

-¿Me estoy comiendo a Rudolf?

-No sé, si en las próximas navidades Papa Noël reparte los regalos en una Harley, puede que haya sido culpa nuestra...

-Entonces, en lugar de comida y agua para los renos, los niños tendrán que dejar una lata de gasolina...

-Este es un mundo cruel, X, cuanto antes lo aprendan los niños, más sinsabores se ahorraran...

-Los niños no sé, pero el carpacio de Rudolf está sabroso...

No puso reparos a la liebre escabechada, pero el ciervo con salsa de frambuesas fue otra cosa...

-Compréndelo, después de comerme a Tambor, no puedo hacer lo mismo con Bambi... Sería como devorar toda mi infancia

-En rigor, Tambor era un conejo, no una liebre -puntualicé

-Potato, patata

-¿Cómo?

-Déjalo... ¿Con los postres habrá ese vino de naranja tan rico?