El pasado 9 de junio, el Consejo de Ministros de la Unión Europea reunido en Luxemburgo aprobó la propuesta de la presidencia eslovena de modificar de la Directiva de Tiempo de Trabajo, contemplándose la posibilidad de alargar la jornada laboral del máximo de 48 horas semanales fijado en 1917 a 60 horas a la semana (65 en caso de colectivos con guardias, como los médicos), en virtud de acuerdos particulares entre empresas y trabajadores.

Esta Directiva llevaba tiempo cociéndose, presentada por Alemania y Gran Bretaña y con el apoyo de Polonia; no había podido salir gracias a la oposición conjunta de España, Italia y Francia, que ejercían la minoría de bloqueo para que los usos ultraliberales británicos que, desde 1993, permiten que cada empresa negocio con cada empleado la jornada laboral, sean norma europea. Las elecciones en Italia y el ascenso de Berlusconi trajeron la inmediata defección italiana; con la minoría de bloqueo en el aire, Sarkozy pactó con Gordon Brown que si los británicos apoyan la reforma de las agencias de trabajo temporal, Francia apoyaría el aumento de la jornada laboral. (El País). Además, este tiempo se computa como promedio de tres meses, con lo que la jornada podría ser de incluso 78 horas a la semana.

Así pues, en las votaciones España se abstuvo y el texto se aprobó. Podríamos debatir porqué el ministro de Hospitalet se abstuvo en lugar de votar no, tal vez se negoció la abstención con una contrapartida que ahora desconocemos, o se compró el silencio en lugar de la negativa con unos eurillos de fondos estructurales... ¿Quién sabe? Quiero creer que la tibia abstención fue para obtener un trato benficioso para España en otro asunto que ahora desconocemos. En cualquier caso, el voto negativo no habría servido para nada más que para escenificar una pataleta a la polaca.

Eso sí, que nadie se llame a engaño. Eso de que 'no se aplicará en España' es una milonga, porque las directivas europeas son vinculantes y los Estados miembros tienen tres años para adaptar su legislación para cumplirlas. Excepto Gran Bretaña, claro. Pero no todos conducimos por la izquierda. Es más, diría que Europa conduce últimamente demasiado por la derecha. Porque, no nos engañemos, las negociaciones de una empresa con un empleado no son de igual a igual, sino más bien impositivas. Y quizá no se instaure como norma la semana de 60 horas de golpe y porrazo, pero tal vez los contratos del año que viene ya sean de 45 horas, de 50 en cinco años para, en menos de 20, llegar, 'sin que se note el cuidado, pero que se note el efecto', a las 60 horas semanales.

Sólo hay una manera de pararlo, y es evitar que la directiva sea ratificada en el Parlamento europeo. Personalmente, he escrito a los grupos parlamentarios españoles con representación en Estrasburgo para comunicarles que si esto se aprueba, no volveré a votarles jamás, ni siquiera para presidentes de una comunidad de vecinos. He obtenido tres respuestas, que agradezco mucho.

Una de David Hammerstein, de Los verdes:

Gracias por tu mail,
esta es la nota de prensa que hice al respecto
" EUROPA NO DEBE BAJAR EL LISTÓN DE ALTAS NORMAS SOCIALES"
para leer la nota :
www.davidhammerstein.org

Un saludo
David Hammerstein:

David Hammerstein, Eurodiputado de Los Verdes, ha arremetido contra la reforma de la Directiva de Tiempo de Trabajo que permite la semana laboral de más de 48 horas.

La Directiva aprobada por mayoría de los 27 países, con la abstención de España, contempla la posibilidad de alargar la jornada laboral a más de 60 horas semanales, en virtud de acuerdos individuales entre empresas y trabajadores.

David Hammerstein, rechazara de pleno estas medidas en la votación que tendrá lugar en el Parlamento Europeo.

" La UE debe huir del denominador común más bajo de los nuevos países miembros de Europa del Este. Europa debe competir con la calidad y el bienestar y nunca con la sobre explotación. Trabajar más de 60 horas semanales va en contra de los derechos de las personas trabajadoras e implica una vuelta atrás de lo conseguido socialmente hace casi 100 años. Permitir que un empresario pacte con el trabajador una jornada laboral inacabable es un insulto contra los valores de Europa y contra el sentido común. Así la Unión Europea se desprestigia."

La siguiente respuesta, también casi inmediata, fue del Eurodiputado de CiU, Ignasi Guardans:

Benvolgut amic,

Li agraeixo el seu email, i comprenc bé la seva indignació. Certament, falta
una mica de informació sobre aquest tema, així com sobre la pròpia realitat
de la legislació laboral espanyola (que permet setmanes de treball de 63
hores, sempre que en el promig total de l'any no es superin les 40 hores
setmanals).
Tot i això, la proposta de Directiva no em sembla una mesura encertada tal
com està plantejada, i en els termes actuals li garanteixo que no comptarà
amb el meu suport.

Rebi una cordial salutació,

Ignasi Guardans

(TRADUCCIÓN: Estimado amigo,

Le agradezco su email y comprendo bien su indignación. Ciertamente, falta algo de información sobre este tema, así como sobre la propia realidad de la legislación laboral española, que permite semanas de trabajo de 63 horas, siempre que en el promedio total del año no se superen las 40 horas semanales.

Con todo, la propuesta de Directiva no me parece una medida acertada tal y como está planteada, y en los términos actuales le garantizo que no contará con mi apoyo.

Reciba un cordial saludo)

También he recibido un e-mail de Íñigo Méndez de Vigo, del Partido Popular, cuya contestación no pego aquí por no haber recibido respuesta a mi petición de autorización para hacerlo. En resumen, diré que me ha confirmado que la decisión final corresponde al Parlamento Europeo y que toma en cuenta mis comentarios. Agradezco al diputado popular tanto la gentileza de la respuesta como el tacto de atenderme, pero no tengo grandes esperanzas puestas cuando el portavoz de empleo de este partido en España, Ignacio Echániz, en lugar de desmarcarse de la directiva, dijo que en España se trabaja poco, "una media de 37 o 38 horas a la semana".

Invito a que escribamos a nuestros representantes para decirles lo que pensamos de esto, y para exigirles que nos lo expliquen adecuadamente, porque, lo que está claro, es que Europa debe exportar su modelo social a las economías emergentes, y no importar sus modos de producción, que nos retrotraen a lo más oscuro y terrible de la industrialización dickensiana. Y, como se pregunta Rafa Llodra, si cedemos aquí, ¿qué será lo siguiente? ¿Recuperar el derecho de pernada?