Lo reconozco. La carne es débil. Y la mía, más, y no puedo reprimir una malvada sonrisa cuando voy leyendo lo que ocurre en el PP. Cierto es que el estruendo con que se tiran los platos a la cabeza en Génova hace de sordina a cómo se siegan la hierba bajo los pies en ERC con medicea determinación. Y es que también en las crisis lo suyo son Vidas paralelas.

Como historiador aficionado y pedante diplomado, lo primero que quise fue ponerle un nombre a esta crisis, buscarle un referente pomposo, cuyas palabras fuesen suficientemente evocadoras para ahorrarme la explicación y fuesen un buen titular.

Noche de los cuchillos largos Suena bien, además de faciliatar una maligna asociación entre el PP y el nazismo... Quizá la analogía pueda ser aplicable tras el Congreso que empieza mañana, cuando el que gane (o el que no pierda) quiera reforzar su posición cortando cabezas, pero ahora mismo no es válida la comparación. Porque Hitler, asesorado por Himmler y Göring, tenía unos objetivos muy claros cuando purgó su partido del ala más izquierdista, y era congraciarse con la gran industria, la alta burguesía y la Wehrmacht. Desdencadenó la crisis para reforzar su liderazgo.Ahora mismo, no parece que sea precisamente el caso de Rajoy, donde la crisis le ha estallado en los morros y se entera de la marcha de sus colaboradores más próximos por la prensa.

Noche de los cristales rotos A los nazis hay que reconocerles tres cosas: sabían hacer uniformes, montar desfiles y dar nombre a las cosas. Porque este es otro nombre afortunado, aunque lo que se rompe en Génova son los platos en la crisma de alguien... Tampoco me sirve para esto, entonces...

Reinos de taifas En realidad, esto no es específico del PP; en el PSOE los líderes regionales tienen también sus tendencias centrípetas o simplemente constestones; pero sorprende la aparición de los barones en un partido que negó tenerlos (Álvarez Cascos dixit)

Rebelión en la granja, Mira, este ya me gusta más: un granjero incompetente es expulsado de su propiedad por una rebelión capitaneada por cerdos...

Síndrome de Iznogoud ya sabéis, el Gran Visir que quería ser califa en lugar del califa


Esto es un resumen de lo que hasta ahora se me ha ocurrido, pero cada cual puede sugerir su denominación y, después, la más votada, puede darle nombre al post.

Supongo que nadie se sorprendará si reconozco que, ahora mismo, estoy más cerca de ser primera bailarina del Marinski o arzobispo de Cantebury que votante del PP. Pero esta crisis interna en el PP es peligrosa, porque puede dejarnos sin oposición durante ocho años. Tiene su lado bueno, y es que parece que Rajoy se ha liberado de la tutela de personajes tan poco recomendables como Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez; asimismo, se ha deshecho de la herencia recibida del políglota Aznar y, cuatro años tarde, se está construyendo su propio equipo. Bien o mal, no lo sé, pero al menos los errores que cometa a partir de ahora serán suyos, no de otros, y también los aciertos los podrá reclamar como propios, y no ceder la paternidad a 150 candidatos.

El debate dentro de un partido es saludable, y cuestionar ciertos aspectos no es en absoluto acto de traición como ciertos gurús se empeñan en hacer creer. Pero también es cierto que en España tenemos cierta tendencia a pasar del 'prietas las filas de la falange' al cantonalismo sin término medio alguno. Y lo que se quedó atado y bien atado cuando Aznar empezó su gira americana corre riesgo de estallar por todas las costuras cuando la mano del líder afloja la presión. Y tampoco sería malo que una escisión del PP diese paso a un partido de extrema derecha con un discurso y un programa propios. Es más, sería muy sano.

Uno lee la prensa, española y extranjera, y se encuentra casi unánimemente con un análisis en la línea 'pugna entre el sector duro y el sector moderado', pero no creo que sea así, descontando las voces más radicales, que suelen hablar desde fuera del partido. Tras la segunda derrota de Rajoy, la militancia percibe que el emperador está desnudo, que su nombramiento a dedo y posterior ratificación le pone en muy débil posición y es aquí cuando se abre la guerra entre sátrapas y posibilistas. La debilidad central fortalece a los gobernadores regionales, más empeñados en mantener y ampliar su base social local que en dar el salto a la gran política. Y así, para posicionarse mejor en el reparto de sillones, unos se echan en cara a otros sus resultados locales: Aguirre, Camps, Valcárcel, Arenas.... no para liderar proyecto alguno de visión global, sino para tutelar a un líder débil desde la seguridad de sus fortalezas feudales. Estos sátrapas, perfectamente asentados durante más o menos tiempo, con una amplia red clientelar que les asegura que nada cambiará aunque todo cambie, se enrocan en un lenguaje radical, excluyente... porque no pretenden gobernar a todos los españoles, sino sólo pemanecer en su feudo, donde hacen y deshacen; para eso, estar en la oposición en España es mucho más cómodo.

Frente a ellos, un sector posibilista percibe que podrían regresar a la Moncloa, pero sólo de la mano de los demonizados periféricos. Alonso, Feijoo descubren ahora la fórmula que intentó Piqué y por la que fue defenestrado, y tienden puentes. Pero, ¿son creíbles los puentes cuando dentro del partido se rechazan de plano? El recuerdo de la segunda legislatura de Aznar se refresca cada vez que se escucha a Mayor Oreja, a Aguirre, a Botella y a San Gil, despierta desconfianza la mano tendida de algunos. No tanto por dudar de su honradez, sino por dudar de que sean veraderamente apoyados por el partido. Dicen que el traslúcido Gallardón, expresión que tomo prestada de mi amiga Isabel, es el candidato preferido de quien no lo votaría nunca; lo dicen con menosprecio, como si fuese un demérito, cuando es todo lo contrario: aceptarían su liderazgo los que no lo votarían. Y si lo importante es resolver los problemas del país y no el poder por el poder, o para forrarse, como el telefónico Zaplana, quizá el dato debería tenerse en cuenta.