Soy un inútil
(Post especialmente dedicado a Ignatus y a Ferran)
Así. Como suena. Sin paños calientes. No sé hacer nada; en caso de guerra nuclear, sería firme candidato a la extinción. Y haberlo asumido ya de niño me ha ahorrado muchos sinsabores. El cielo o el infierno trocaron mis manos por muñones y me dotaron de dos pies izquierdos, así que todo lo que implique manualidades o psicomotricidad de algún tipo, queda descartado. No negaré que ver las posibilidades del barro en manos que no sufran espasmos como las mías me produce cierta nostalgia, pero hace ya mucho tiempo que conozco mis limitaciones.
Durante la carrera, tardé un año entero en conseguir que mis maquetas no pareciese que las había encontrado en un contenedor, y otro en obtener de mi compañero de proyectos y futuro padre de mi ahijado el beneplácito:
-Theo, tu madre lloraría emocionada al ver que por fin te has quitado los guantes de boxeo para hacer maquetas.
Ahora, pequeñas paradojas de la vida, me relajo haciendo maquetas, de esas en las que hay que pegar piedra a piedra, haciendo un pueblo medieval; pero no me dolió la observación a mis cualidades manuales, porque ya para entonces, con poco más de veinte años, la senda de mi vida estaba bien pavimentada de torpezas varias. ¿Conocéis esas teteras metálicas que tenían todas las cafeterías? Nunca, jamás, ni una sola vez, he sido capaz de verter su contenido en la taza sin dejar la mitad en la mesa o mis pantalones; más tarde, en una exposición de objetos inútiles vi que esas teteras ocupaban un lugar destacado, y me sentí menos solo en mis desventuras.
Porque, como el padre de Goytisolo en Autorretrato, mi padre sentenció pronto que no sirvo para nada:
Cuando era pequeño
siempre estaba triste
y mi padre muy serio
y moviendo la cabeza
me decía "hijo mío
no sirves para nada".
Porque mi padre entendía esa falta de talento y de interés en lo físico como sospecha de homosexualidad; porque parece que la sociedad asume que la habilidad manual es congénita en el cromosoma Y, que es efecto secundario de la testosterona. Si es así, en mi caso es un gen recesivo. Jamás me interesó lo más mínimo la caja de herramientas de mi padre, ni trastear con cables o llaves inglesas... Tuve una novia rusa, Natasha, diestra en estos menesteres (como en muchos otros) que era la que cambiaba los enchufes, instalaba grifos y todas esas cosas, mientras yo me limitaba a irle pasando la llave del siete, no esa no, te he dicho la del siete... un dejà vu con mi padre. Porque el 'manitas', lo sea o se lo crea, necesita público. Y mi padre y Natasha tenían en mí al espectador ideal, el que nunca les diriía "yo lo haría de otra manera". Yo creía que esta necesidad de público era una peculiaridad más de la idiosincrasia familiar, pero he visto que es connatural a creerse dueño de un talento manual o físico. Y lo vi en Leroy Merlin el sábado, cuando todos pontificaban a gritos, o buscaban al dependiente para destrozarle con unos datos técnicos que el pobre chico, quizá licenciado en historia o filosofía, le sonaban a chino litúrgico. Y tirando en la urdimbre de la propia experiencia la trama de la ajena o de lo observado, empiezo a sospechar que tal vez seamos mayoría quienes tengamos en la chapuza 'el don que nos negó el cielo'. ¡Sólo que quizá no todos tengan la valentía de reconocerse cobardes!
Debo ser el único hombre que, cuando ve un coche en la acera con el capó abierto, sigue andando impertérrito, esquivando el corro de ingenieros amateurs que se ha formado. No sólo no me interesa lo más mínimo cómo funciona un carburador, sino que, aunque me fuese la vida en ello, no sabría decir dónde está la correa del ventilador, qué es un cigüeñal, qué diablos son los cilindros ni nada de nada; de mecánica, sólo sé la ley de conservación de la energía mecánica, eso de que la energía ni se crea ni de destruye... de la otra mecánica, en un país en el que todo hombre es un ingeniero mecánico y peor aún desde que corre Alonso, que la mitad postulan ya para el equipo Ferrari, tengo la desfachatez de reconecer pública y abiertamente que no tengo la más remota idea. De hecho, ni siquiera sé conducir.
Hace casi un año cambié de piso. Mi padre se ofreció inmediatamente para ayudarme:
-Vendré con tu tío Javier y, entre los tres, hacemos la mudanza en dos patadas.
(Esta conversación, con cualquier otra persona que no fuese yo, habría sido con un "mi cuñao Javier")
-No te preocupes; contrataré a unas mudanzas que hacen pequeños traslados y ya está.
-¡No, hombre, no! ¿Para qué vas a gastarte ese dinero? En un fin de semana lo hacemos.
Los pocos muebles que tenía, los había comprado yo y montado Natasha. Era la única dificultad de la mudanza; el resto, infinitos libros en pequeños paquetes para facilitar el transporte. Andaba yo buscando la llave Allen correspondiente para desmontarlos, porque no cabían por la escalera, cuando mi tío, o mi padre, no recuerdo, y da igual, interrumpió:
-No, hombre no, así nos llevará todo el día! He traído una cuerda y los bajamos por el balcón.
Esta fue la solución que ambos 'manitas' intentaron... Podéis imaginaros el circo: uno arriba, otro abajo, a gritos "¡A la derecha!" "¡Cuidado con la farola!" "¡Esto resbala!". Ya podéis imaginaros el resultado... La única satisfecha fue X, que odiaba esos muebles que Natasha montara. Tuve que comprar estanterías nuevas, que monté cómo pude... no quedaron de exposición, pero se sostienen y sostienen mis libros, y ya es suficiente, al menos para mí. Pero no para mi padre que, en la última invasión de dragones, ya había bajado con el taladro, tacos y qué sé yo qué más.
-El dueño del piso no quiere que se hagan más agujeros -tuve que inventarme. Para mi espanto, habían traído unas cortinas horrorosas para colgarme en las ventanas porque, 'como tú no sabes hacer nada'
"No servir y, además, para nada, ¡la libertad total!"












Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

solounpoco dijo
Amigo Theo, menos mal que siempre te quedará el Ikea. Yo tampoco se nada de coches, ni me interesa, salvo conducir. El problema vendrá cuando sufra una avería y no sepa ni el teléfono de la grúa. Entonces alguien dirá aquello de "no sirves para nada" a lo que yo añadiré en mi mente... "por pasármelo todo por el forro de los cojones". Libertad total.
Saludos
23 Abril 2008 | 02:00