Cantonalismo y fiestas populares
Leyendo un post magnífico de Caín, pensando en mi experiencia al respecto, he conseguido entender el experimento decimonónico del cantonalismo como esencial y no como accidental en la historia de la mentalidad política ibérica. Probablemente, si durmiese más, tendría alguna idea en lugar de tantas ocurrencias.
El cantonalismo es un movimiento de levantamientos e insurrecciones populares que tuvo lugar en Levante (Valencia, Murcia, Granada, sobre todo) durante la Primera República Española, en 1873 -exactamente estalló bajo la presidencia de Pi i Margall y se recrudeció con Salmerón, que dimitió para no firmar ocho sentencias de muerte-, cuyo objetivo era instaurar un régimen federal para los antiguos estados históricos, las provincias y los municipios, ciudades o confederaciones de ciudades (cantones) independientes que se federarían libremente. La experiencia, con un componente ideológico distinto, se repitió durante la Guerra Civil, cuando se constituyeron decenas de Comités y Consejos municipales y comarcales autónomos del poder del Estado, que incluso emitían sus propias monedas y billetes. San Wikipedia añadirá más información al respecto.
Alguno dirá que esto fue un experimento de insurrectos radicales dirigido por federalistas intransigentes; otro, que la propuesta era inviable; algún arqueólogo desempolvará las polis griegas como precedente, pero seguiremos dando vueltas en torno al tema sin atacar su esencia, y es que el cantonalismo es la expresión política más o menos elaborada connatural al gregario individualismo ibérico. Aquí, como bien ha dicho Caín, el extranjero empieza muy cerca: en Utrera para uno de Sevilla, en Cizur para el pamplonica, Getxo para el bilbaíno, Lavern para uno de San Sadurní d'Anoia. Y donde ese subconsciente colectivo aflora con todo su esplendor es en las fiestas populares locales, una semana de libaciones y atracones en honor al dios del terruño, ahora disfrazado con ropajes cristianos.
-Las fiestas de mi pueblo son las mejores del mundo- dirá cualquiera. Porque las fiestas son como las morcillas: el pueblo de cada cual hace las mejores. Aunque, en esencia, sean todas iguales.
1. Media hora de nacionalcatolicismo: que si metemos a San Félix, que si sacamos a San Fermín, que si paseamos a la Virgen Blanca, que si saltamos la verja de la Blanca Paloma, que si le tejemos manto de flores a la Pilarica... con las autoridades de gala (a más de uno le sienta el frac como a un santo dos pistolas... aunque al beato Gabino le sentarían muy bien), con bastón de mando, capa y chistera...
2. Homenaje al agro, no solo en pueblos, sino también en ciudades, que por muy urbanitas que seamos, una generación nos separa del campo y casi todos tenemos un 'mi pueblo' al que volver... en fiestas, claro. Esto puede tener forma de haber hecho espectáculo un antiguo oficio : cortar troncos en el País Vasco, lanzar azadas en Navarra (la 'rabiosa', que dicen en Marcilla), aventar paja, descender ríos en almadías... o lo que fuere. También, sin entrar en contradicción, de culto a la fuerza bruta: levantar piedras, erigir castells, descender una montaña a la carrera con una antorcha que pesa un Cristo en ciertas zonas del Pirineo... Pretender incluir en este programa un concurso literario sería casus belli.
3. La Tarasca local. Originalmente, el monstruo al que el santo local en tiempos inmemoriales logró domeñar para solaz de los aborígenes: el drac en Vilafranca, la peste (y la muerte) en Berga... acompañados de gigantes, cabezudos y demás fauna de cartón piedra, que a veces acaban en el fuego (las fallas) o, por oposición a la tarasca, simbolizan al guerrero triunfal. Otras villas más recientes con santos de menos antigüedad recurren a grotescas figuras de origen incierto, pero próximo, como símbolo último de su fiesta: celedones, marijaias... Son el contrapunto festivo, carnavalero, del rigor y ascetismo del santo que en teoría se honra.
4. La vindicación de la tradición, reducida a dos aspectos que no son en absoluto excluyentes: atuendo y gastronomía. Que si vestir de blanco con pañuelo al cuello, que si el cachirulo, que si la bata de cola o la chaquetilla corta, de lagertarano, hortelana o de charro... hay que vestir la sagrada dalmática de la fiesta para señalarse como iniciado en los ritos. Y en la exaltación de la gastronomía, ocupa lugar destacado la casquería en sus más variadas manifestaciones: botillos, morcillas, botifarras, callos, tripas, mollejas, estómagos, orejas, manitas... y el cerdo como animal totémico. Y eso por no entrar en todas aquellas tradiciones que podríamos englobar en la cita de Hamlet, act I, esc X:
"Sí, se acostumbra; pero aunque he nacido en este país y estoy hecho a sus estilos, me parece que sería más decoroso quebrantar esta costumbre que seguirla. "
Porque el paraguas de la costumbre y el manto de la tradición cobijan todo tipo de usos, unos ancestrales, algunos más reintroducidos con éxito por folkloristas y otros, de nuevo cuño... Pero se suele abusar del término, porque a menudo el latiguillo 'es tradición', 'se ha hecho toda la vida' se esgrime más para justificar aberraciones que ofenden el sentido común que para referirse a carros engalanados, desfiles equinos o banderizas carreras entre callejuelas. Y todos conocemos qué 'tradiciones' nos ensanchan el pecho: ingestas masivas de alcohol en San Mateo (Logroño) o la Festa del cava (Sant Sadurní d'Anoia), pantagruélicos atracones en honor de santos ascetas... sin olvidar la tradicional intervención de los animales en nuestros festejos, desde toros ensogados, de fuego, de agua... hasta arrojar una cabra desde un campanario o cabalgar a galope tendido para arrancarle la cabeza a una gallina colgada.
5. El ruido. Si no hay algarabía, jarana y barahúnda, no es fiesta. Petardos, trabucazos, cohetes... Rayos, si tanto les gusta la pólvora, ¿por qué no se van a Bagdad y a mí me dejan en paz? Por no hablar de la encantadora tradición de ir a bombo y platillo a las siete de la mañana despertando al personal... ¿Alguien ha sufrido experiencia más desagradable en su vida que despertarse resacoso con algún instrumento folklórico regional como la gralla? Yo no
Si analizamos nuestras fiestas, las mejores del mundo, veremos como todas, invariablemente, cumplen todos estos puntos. Si son todas iguales, ¿qué las hace diferentes? Este que escribe escuchó el siguiente diálogo:
-He ganado un viaje a Australia. ¿Me acompañarías?
-¿Cuándo?
-Es agosto.
-¿En agosto? No, que son las fiestas de Tartera, y sólo son una vez al año.
Ya. Y visitar Australia, una vez en la vida... Ahí está la cuestión. Lo único que diferencia una fiesta de otra es la exclusividad, porque sólo se puede gozar plenamente de la fiesta siendo miembro del cantón, atomizado a su vez en tribus y clanes: las casetas privadas de la Feria de abril de Sevilla, las carpas privadas de la Festa del cava de Sant Sadurní, las peñas de San Fermín en Pamplona o de San Lorenzo en Huesca o del Pilar en Zaragoza... es ahí, cuando trazamos la línea entre el nosotros y el ellos, los forasteros, cuando la fiesta es fiesta y es la mejor del mundo, porque yo estoy en mi ambiento y ellos no. Claro que, a veces, la fiesta puede morir de éxito, sobre todo si un novelista alcóholico la populariza allende los mares, y el pueblo, villa o ciudad es tomado por tal horda de bárbaros (en el sentido griego de extranjero, no en el moral) que pueden ser grupo ellos mismos, pese a la exclusión de los autóctonos. Es más; quizá los autóctonos se sientan entonces minoría, desplazados... Y es que sanfermines ya no son lo que eran...














Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

peny dijo
Que razón tienes querido Theo, hace relativamente poco he tenido que sufrir las fallas, con su inaguantable lluvia de polvora, dejandome sin siesta la mayor parte de las vacaciones, pero en fin, realmente que podemos hacer los pobres foraneos? pues nada de nada.
Te apetece una cervecita fresquita?
8 Abril 2008 | 06:28 PM