Casi dos meses ausente. Hubo unos días en que parecía que podía regresar, pero no fue así. Confieso que ver las consecuencias de mi desatención con el blog tampoco ayudó a animarme... Pero he decidio disciplinarme de nuevo y escribir. Pueda o no. Como diría Cátulo,

Una salus haec est, hoc est tibi pervincendum.

hoc facias sive id non pote, sive pote!

(«Una sola salvación hay para ti: esto debe superarse. ¡Hazlo, puedas o no puedas!»)

Estos han sido meses en que he tomado decisiones, hallándome en muchas de ellas en un dilema. La última de esas decisiones, los más perspicaces la habréis visto ya: He borrado varios comentarios del post "Dos tazas". Podría no dar ninguna explicación, porque el nivel de la discusión hacía inevitable el desenlace, pero aún así lo haré, porque ha habido motivos diversos para borrar unos y otros no.

He borrado comentarios que:

PRIMERO: Hacían referencia a discusiones que, ocurridas en otros blogs, no tenían ninguna relación con éste, ni había participado yo en ellas (único motivo por el que entenedería que se viniese a mi casa a retomar el debate)

SEGUNDO: Comentarios que han sido inicialmente insultantes y agresivos, sin la mala excusa de que se nos ha calentado la boca en la discusión y no hemos sabido pensar antes de enviar la réplica. Porque no eran respuestas, sino ruptura de hostilidades. Evidentemente, he borrado también todo el 'diálogo' que deviniese, por llamar de una manera altamente impropia a lo que no toleraré que vuelva a ocurrir.

TERCERO: Comentarios de autoría sospechosa, IP distintas con el mismo nombre, misma IP para nombres distintos... y todas las cibernéticas variantes posibles de aquello de que cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo espanta las moscas.

No he borrado comentarios que han ido subiendo de tono hasta ser del todo inaceptables en el transcurso de las idas y venidas de la conversación.

Lamento profundamente haber tenido que llegar a esto, aunque no creo que nadie pueda en rigor sentirse engañado: dejo bien claro en mi perfil que "nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación". Lejos de mi intención vetar tras estos sucesos la presencia de nadie en esta casa; todos seguís siendo bienvenidos, pero me gustaría que cada cual asumiese la parte del reproche que le corresponde y actuase en consecuencia. No escribiéndome disculpas, ni propósitos de enmieda ni nada parecido, porque yo doy el asunto por zanjado... Me conformo con que cada cual, clarificadas ya las posiciones y rotas las hostilidades, entienda mi casa como una Suiza sin bancos, ni relojes de cuco ni chocolate; si alguien detesta a otro y se lo encuentra aquí, me parece muy bien que ni siquiera quiera saludarle, pero no toleraré otra batalla campal.Y a quien no le parezca bien, que me critique. Pero no a mis invitados.

Y, para no acabar con muy mal sabor de boca, una extraña pieza de Mozart, el Adagio y fuga en Do menor K546