En septiembre de 2005, el inefable ansar,se apropió de la expresión 'la balcanización de España' para denostar el proceso de reforma estatutaria. Por supuesto, como es habitual en nuestro Bodeguero de Honor, hizo estas declaraciones allende los mares, que cuando viene a ver si todo sigue atado y bien atado, o si sus desmelanados desvaríos siguen dando pingües beneficios, prefiere responder sobre el Real Madrid

El palabro gustó entre sus corifeos, que entendieron la tácita orden dictada desde las bodegas de Georgetown, y se apresuraron a repetir la consigna hasta hacerla una verdad goebbelsiana. Entre ellos, Pío Moa, cuya prodigiosa actividad literaria y veracidad histórica sólo admiten parangón con las de su compañero de ondas episcopales César Vidal. Quizá también, obviando calidades literarias, con la de Borges o algún otro inventor de realidades paralelas.
Aquí corresponden dos familias de reflexiones. Una, referida al proceso real de desmantelamiento de los Estados ficticios que se construyeron de las ruinas del Imperio Austrohúngaro, como premio al buen hacer de serbios y rumanos, y otra, sobre qué demonios entienden los caballeros del Santo Sepulcro sobre este proceso.
Hace poco tiempo, una victoria en un democrático referendum con un 55'4% devolvía a Montenegro la independencia que perdió cuando fue anexionado por Sebia el 29 de noviembre de 1918. Con esto se ponía definitivo fin al cruel experimento llamado Yugoslavia,al que eslovenos y croatas jamás quisieron pertenecer. Y basta recordar la alegría y recocijo con que ambos se alinearon en Estados ficticios junto a los nazis contra los serbios durante la Segunda Guerra Mundial. Por cierto, podríamos hablar del arzobispo de Zagreb, monseñor Stepanic, pero lo dejaremos para otra ocasión... Ahora, la población de Kosovo, de mayoría albanesa, que sufrió un durísima represión mientras Milosevic fue presidente de Serbia, exige su independencia.

¿Qué significa 'Balcanización'? El diccionario de la RAE define este galicismo como

1. f. Desmembración de un país en territorios o comunidades enfrentados.

El diccionario catalán Pompeu Fabra introduce un matiz en 'balcanitzar':
1v. tr. [PO] Fragmentar un territori que ha tingut una etapa d’unitat política o administrativa en petites entitats polítiques independents i sovint enemistades entre elles.
Fragmentar un territorio que ha tenido una etapa de unidad política o administrativa en pequeñas entidades políticas independientes y a menudo enemistadas entre ellas.

El que crea que el idioma es un aséptico vehículo de comunicación, es más inocente que un saco de tebeos. Hubo desde la segunda mitad del siglo XIX unos filósofos, los 'filósofos de la sospecha',que vieron en el lenguaje el enmascaramiento de una realidad subyacente: voluntad de poder para Nietzsche, lucha de clases para Marx, pulsión sexual para Freud. Por no hablar de la deconstrucción, estrategia filosófica y literaria sobre la que escribí un post que no me atrevía a publicar por demasiado pedante (incluso para mí).
Leo Weisgerber, Lingüistica y ciencia energética del lenguaje (Gredos, 1979) considera, dentro de la teoría semántica de los campos, la lengua como la expresión propia del alma de un pueblo (una idea que desarrolla sobre todo el gran Karl Vossler y que podemos hallar en Unamuno). Me gustaría señalar el matiz que separa las definiciones en ambos idiomas: 'desmembrar' en castellano, 'fragmentar' en catalán. Desmembrar transmite la idea de desgajar dolorosamente una parte de un todo orgánico y que esa parte segregada tendrá un existencia inferior; fragmentar es dividir en unidades menores. 'Unidades', no 'partes'.
Así pues, cuando los ideólogos de la caverna (aunque llamar 'ideólogos' a Ánsar, Moa o Jiménez Losantos es un oxímoron equiparable a Inteligencia militar) hablan de 'balcanización' nos están hablando de la Una Grande y Libre que, como el pollo en las banderas de ciertas manifestaciones, aún anida en su subconsciente; el proceso de descentralización es un 'desmembramiento' y sólo desde esta concepción joseantoniana de 'unidad de destino en lo universal' puede vislumbrarse el odio cerril a lo periférico, a modos 'no castellanos' (y no solo catalán o vasco o valenciano o gallego, sino andaluz o canario, por ejemplo) de ser español. Cuando la caverna habla de 'balcanización' está hablando de la posibilidad, del temor que se arrebate a la Una Grande y Libre de una parte que le es connatural y, al mismo tiempo, añade (regremos a la definición de la RAE) que sólo será posible con violencia y enfrentamiento durante y tras el proceso de segregación. Y así se entiende la dinámica de la España y la Antiespaña.
¿Qué ha ocurrido realmente en Yugoslavia? Que los territorios que la conformaban decidieron romper sus vínculos; unos, de modo relativamente pacífico, como Eslovenia, Macedonia y Montenegro; en otros, por desgracia, unos quisieron imponer la voluntad por la fuerza, como en Bosnia-Herzegovina o en Kosovo. ¿Por qué se agita el fantasma de una guerra cuando son más las disoluciones pacíficas? (por no hablar de la ejemplar ruptura checa y eslovaca)
¿Se teme o se advierte?.
Angela Merkel quiere que la UE reconozca la independencia de Kosovo, como ya en 1991 hizo su correligionario conservador Kohl con Eslovenia y Croacia. ¿Por qué? Tal vez por un divide et impera, para extender más fácilmente su control económico por la Mitteleuropa de Metternich en un marasmo de microestados. O quizá porque aún está saldando con Serbia la cuenta de 1914. Bush y su administración, el espejo en que todo neocon ibérico querría verse reflejado, comparten fines, pero no motivos... Tal vez les interesa un Estado que inestabilice la Unión Europea (los índices de delincuencia organizada de Kosovo son alarmantes incluso para los rusos) y dificulte aún más el proyecto que polacos e ingleses torpedean... La posición de Rusia al lado de Serbia tampoco ha de extrañar a nadie... ya sabemos las ideas paneslávicas rusas y su paternalismo quizá excesivamente protector con los 'eslavos del Sur' (excepto, paradójicamente, cuando existían la URSS y la Yugoslavia comunista). Rusia, por boca del actual viceprimer ministro, Dmitri Medvedev, nombrado ayer por Putin candidato a sucederle (el resultado electoral confirmará la designación regia, como dios manda en Rusia), advirtió que el juego de 'reconocer' Estados puede hacerlo ella con Transdniéster a costa de Moldavia, con Abjasia y Osetia a costa de Georgia (esencial aliado de Bush en el Cáucaso), con Nagorno-Karabaj a costa de Azerbayán, Crimea a costa de Ucrania... territorios todos que quieren abandonar sus actuales frotneras y reincorporarse a Rusia. Por no mencionar Córcega, Flandes, Escocia... La retórica autoritaria rusa no se distingue ni un negro de uña de la retórica de nuestra caverna al respecto: la decisión libre y voluntaria de los ciudadanos les asusta, no quieren llegar al paso de tener que aceptar el resultado de unas urnas. Quizá porque ambos añoran los tiempos en que podían ejercer la facundia de guiar a sus intratables pueblos de cabreros por el camino que ellos creen que les conviene, aunque sea matando a la mitad, a los tercos y recalcitrantes, por el camino.

Por no acabar con mal sabor de boca, os dejo a Massiel cantando a Berthold Brecht