La dama y el agro II. Halloween montaraz.
-Theo, ¿subes este puente?
-Creo que sí, Rodolfo. Pero no subo solo...
- ¿Por fin conoceremos a X? ¡Habrá que abrir ese magnum de Ribera de Duero que teníamos reservado para cuando nos tocase la primitiva! Porque Alejandra y yo hemos pensado montar una cena y fiesta de disfraces.
-No soy muy de disfraces, ya lo sabes
-Pero sí de tocar lo moral... ¿No se te ha ocurrido pensar lo inconveniente de montar jolgorios en difuntos?
Rodolfo y Alejandra son el espíritu de la colmena. Bichólogos, regresaron a la montañas porque era donde querían estar, y lo que perdieron de ingresos lo ganaron en felicidad. Al año, empezaron a salir y poco después se casaron. Que otros traten del gobierno del mundo, o se afanen en juntar los doblones ciento a ciento, que un chocolate caliente las mañanas de invierno y un malbec mendocino las noches de verano cumplen sobradamente sus necesidades vitales. Cuando se agrupan más de dos días de fiesta, organizan una cena en su casa para festejar el regreso de los de la diáspora aldeana, en el más puro estilo El Almendro, donde tanto comen seis como catorce; ellos ponen la casa, la paciencia y la bodega y cada cual trae lo que mejor le parece, con lo que las cenas acaban siendo una pantagruélica yuxtaposición de platos que van desde la crema de setas frescas hasta ensaladas tibias de foie, sin olvidar la tortilla de patatas, inevitable ítem. Corrijo: las tortillas de patatas, porque la norma exige que siempre haya una con cebolla y otra sin ella, porque las escuelas teologales divergen en si es ortodoxa o hereje la inclusión del bulbo. Y no es cuestión de empezar guerra de religión por tan nimia causa.
No montaban un Halloween; mis amigos, ya sea por las largas tardes de invierno o por inclinación natural, son amigos de disfraces y aprovechan cualquier ocasión para trocar una cena en un Ballo in maschera, sea o no la fecha convenida por el común del pueblo. ¿Cómo, pues, malgastar una oportunidad de vestir galas extrañas sin grangearse una general censura?
El jueves amaneció fresco y luminoso, con los bosques rojos, verdes, amarillos, morados... de un otoño tardío.
-Si que habéis madrugado... ¿Qué queréis para desayunar?
-No te preocupes, Smaug; estoy preparando unas migas
-¿Migas para desayunar? ¿Estáis locos?
-Es que nos vamos a visitar las ruinas del castillo de *** y del monasterio de XXX. No es una excursión, pero sí una caminata... Por cierto, ¿qué haces levantada ya?
-Tu padre se ha ido a cazar y me he levantado a prepararle el desayuno.
-Tienes malcriado a Ancalagón...
-Ya me llegó así. ¿Oporto para desayunar? No conozco a nadie que tome oporto para desayunar...
-Tienes una vida social muy triste. ¿Quieres una copa?
-X, cuando mi hijo era un niño, no era así de bestia como lo conoces ahora... Era dulce y cariñoso ¿sabes?
-Sigue siendo dulce y cariñoso...
-Bueno, sí, supongo que sí -convino mi madre de mala gana-. Aunque no ser cínico no es ser cariñoso... Supongo que no me acompañarás a misa de doce.
-Si llego a tiempo, procuraré retrasarme. ¿A qué viene esa pregunta? Sabes que hace años que no voy a ninguna misa, salvo en bodas y funerales.
-La última a la que fuiste, saliste por la tele...
-¿Cómo? -terció X, a punto de atragantarse de la risa contenida
-Smaug, eso ha sido un golpe bajo. ¿Más migas, X?
-¡Eso me lo tienes que contar!
-No hay nada que contar -intenté cortar
-¡Ya te lo contaré yo! -se ofreció mi madre
-Fantástico. Me alegra ver que ya encontráis cosas en común.
La excursión no llegó a caminata, se quedó en un agradable paseo entre bosques otoñales. El castillo de *** es un ampuloso nombre para los restos de una torre cuadrada y fragmentos del lienzo de murallas, el más alto de los cuales no me llegará a la cintura. Pero es un castillo de término, y domina un paisaje muy hermoso, ahora parcialmente inundado por un embalse; al pie de la colina del castillo, las ruinas del monasterio de XXX, severamente maltratadas por el tiempo y los hombres. Unas campañas arqueológicas han encontrado restos interesantes en ambos enclaves, pero no hay dinero para continuarlas. Nunca hay dinero... Sentados en una columna caída, bebimos dos copas de oporto y compartimos una pipa.
-¿No me vas a contar lo de la misa por televisión?
-Fue un acuerdo con el cura; él necesitaba a alguien presentable para leer en público y yo necesitaba recomendación para el archivo diocesano.
-¿Fue una misa televisada?
-Esa parte no me la dijeron hasta que llegué...
-¿Está grabada?
-Smaug está resultando una perniciosa influencia...
-¿Dónde ha dicho que comía?
-Con sus hermanas y primos y algún tío superviviente... Hemos tenido suerte de librarnos por hoy de las Lamentaciones de Jeremías.
La disección de anécdotas tuvo que alargarse sobre manera, o quizá había muchos ausentes a los que criticar o, en familiar eufemismo, 'cortar trajes', porque ya estábamos vistiéndonos para la cena cuando llegó mi madre, con la maliciosa sonrisa del que ha servido doble ración de venganza.
-¿Qué, cómo ha ido la sesión de espiritismo?
-Han preguntado por ti...
-¿Por mí? Mejor me lo cuentas mañana, que tiene pinta de ir para largo... nos vamos a cenar a casa de Alejandra y Rodolfo.
-¿Qué pantalones llevas?
-Es una fiesta de disfraces
-¡¿El Día de Todos los Santos?! ¿Es que no respetáis nada?
-Es una fiesta de disfraces, Smaug, no celebraremos un aquelarre sobre el altar mayor de la iglesia.
En ese momento, mientras me calzaba las botas de caña alta, X salía del baño, completamente vestida y pintada. Era la vampiresa más atractiva que he visto nunca... Smaug la miró, perdió el color y me murmuró:
-No puede salir vestida así.
-Es un disfraz de Halloween
-Parece otra cosa con esa raja hasta... . En el pueblo dirán de todo de ella. Y de ti.
-Ya sabes que me trae sin cuidado.
-Porque no vives aquí. Pero tu padre y yo sí.
X entró en ese momento.
-¿Cómo estoy?
-Preciosa -le di un beso en los labios-. ¿Me puedes abrochar la Ritterkreuz? no acierto con el cierre...
-Creo que deberías ponerte algo por encima; aquí por la noche refresca bastante -fue todo lo que logró decir Smaug antes de buscar algo urgente en el otro extremo de la casa.
-¿Ocurre algo?
-Nada importante. ¿y tu capa?
-Ahora me la pongo... tu disfraz da mucho miedo... ¡no pareces disfrazado, parece que naciste con ese uniforme! ¿es nazi?
-De la Wehrmacht. Generalmajor de la Wehrmacht. ¿nos vamos?















Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

caracol dijo
Quillo cabrón... acabo de llegar del curso de formación..... mi muhé está a punto de venir.... no puedo leer el post.... me comería el poco tiempo que tengo para comentar los 50 blogs amigos....
Mañana lo leeré.... Por el principio que he leido, este post PROMETE !!!
Sirvase un besito o un abrazo, lo que le venga en gana !!!!!
_@_ö
13 Noviembre 2007 | 08:08 PM