De pesos y medidas.
Al ibérico le gusta competir. Corrijo: al ibérico le gusta ganar, pero más incluso que ganar, lo que de verdad nos eriza los vellos del recio pecho con alegre satisfacción es que el otro pierda. Como profetizó Wyomming la semana pasada, "los españoles estamos de suerte: aún puede ganar Raikkonen". No perdamos de vista a la envidia como el gran deporte nacional.
Si se pudiese psicoanalizar un país entero, España no se levantaría del diván en décadas. Porque en toda esta violenta obsesión competitiva un filósofo de la sospecha como Freud encontraría el sofocado latido de una pulsión sexual o, dicho en cristiano, nuestra manía en competir en todo oculta la atávica competición básica por saber quién la tiene más larga o, en nuestro retorcido caso, por constatar que no somos el que la tiene más corta. Y cuando uno se mete en este barrizal, es para saber que está mejor dotado que el vecino, no que un lejano extranjero. Quizá de aquí nuestra querencia insólita por las guerras civiles... Y quizá también de aquí nuestro pecado capital...
Desentrañada esta peculiaridad de nuestro carácter, descubrimos que es algo más, mucho más: es nuestro leitmotiv; porque si arañamos un poco la costra de civilización que se nos ha ido pegando muy a nuestro pesar como polvo del camino del devenir histórico, no es que asome el pelo de la dehesa, sino que brota a borbotones. La Catedral de Sevilla es el templo gótico más grande de Europa (y, por lo tanto, del mundo, pues sólo hay gótico en Europa); da igual que sean ifinitamente más bellas las anteriores Chartres, Amiens o Reims, que las bóvedas caladas de la capilla del condestable de Burgos (obra, por cierto, de un alemán, Simon de Colonia) sean excelsas... lo importante es que 'la nuestra es la más grande'. Por lo mismo, nuestro ancho de vías es superior al standart europeo; ya que no es más larga, que sea más gorda, y el desprecio con que miramos a los astifinos queda patente en la peyorativa expresión "de vía estrecha". Que ahora tengamos que hacer pan de trastrigo para adaptar nuestra facundia al calibre europeo es pecatta minuta. 'La nuestra es más gorda'.
Que el Libro Guiness de los records sea británico es sólo por aunarse la británica excentricidad con nuestra nacional reticencia a sistematizar nada ni a documentarnos antes de hablar. Y si alguien es reflejo de este espíritu del poco (o nulo) rigor, más incluso que nuestros políticos, es la prensa. Esos sí que nos representan comme il faut. Nos decía un pedante profesor en primera de carrera que el curso más difícil de Periodismo era Segundo de Bachillerato (entonces, COU); viendo lo que hay suelto por platós, emisoras y redacciones, uno no deja de preguntarse si realmente cursaron ese segundo de Bachillerato.Cuando unose acerca a los debates politicosen televisiones generales (no autonómicas) constata de inmediato el yermo; tal vez sólo 59 segundos merecería segregarse del apartado 'olla de grillos' para ser considerado un debate, con primeras figuras del periodismo...¡Virgen Santa del amor hermoso! Si el nivel de argumentación, de documentación, de profesionalidad de la prensa española es el que exhiben Nacho Villa, Enric Sopena, PJ Ramírez et allia en ese debate, podemos entender la capacidad de los que vienen detrás. Podríamos recoger a Matías Prats definiendo Londres como 'La capital del Danubio', a un redactor de El Mundo confundiendo, al hablar de Ernst Jünger la Pour le Merité con la Cruz de Hierro, la desubicación geográfica de otro que sitúa el cosmódromo de Baikonur en Siberia, cuando está en Kazajstán (el noveno país más grande del mundo)... y así un largo etcétera. Pero no entraré a componer este florilogio del desatino, como tampoco a destacar las dificultadas para pronunciar Cesc Fàbregas o el aeropuerto de Son Sant Joan que tienen los que en dos días nombraban a Van Gaal o a Van Nistelroy con perfector acento de Rotterdam... No, hoy sólo hablaré de las cifras periodísticas, esos números que, a fuerza de descabellados, reiterativos, no contrastados... carecen de significado matemático alguno y son sólo el trasunto mediático del 'nosotros la tenemos más larga'. Y con la sonrisa del que sabe que la tiene más larga es como se pronuncian.
El coste de una obra faraónica... los pobres confunden los ceros ylo que no vale mil millones de euros, es una bagatela. Cuando se hablaba de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en Valencia, todo fue un bombardeo de cifras: cuanto costó, que superficie tenía, qué volumen... nunca se habló de qué se iba a hacer ni cuándo ni cómo... Y si nombraron al arquitecto, Santiago Calatrava, es porque el hombre, autor de obras enormes aunque no todas memorables, es una mina para los amantes de las cifras-testosterona: kg de acero, metros cúbicos de hormigón, kilómetros de cable de cobre... De ahí también el cariño que le han tomado al Paco el Pocero, pese a sus ex abruptos, palo en mano, contra la prensa... ¿Para qué hablar de menudencias cuando en medio de la estepa más inhóspita estamos erigiendo Las Vegas a la ibérica? Hace ya tantos meses que hablan del asunto, exagerando cadavez más las cifras, que ya no sé sison 20.000 o 50.000 las viviendas que se construyen o se proyectaron o se paralizaron o si es ciudad para un millón de habitantes... Estoy del todo desconcertado.
Los muertos. Si alguna campaña, publicitaria o punitiva, del gobierno que fuera lograra en verdad disminuir la cifra de muertos en accidente de tráfico, creo que la Asociación de la Prensa presentaría una demanda por daños y perjuicios. ¿De qué hablarían, sin poder contar todos los muertos de más de este año respecto al anterior, en los cinco millones y medio de desplazamientos, en el largo y aburrido verano? Como encima seamos tan desaprensivos de no quemar medio millón hectáreas de bosque, les dejamos sin noticias. Porque esa es otra... si todo el 'bosque', así, a lo bruto, sin entrar en detalles de bosque denso o ralo, alto o bajo, que arde fuese robles y encinas, hace ya muchos veranos que España parecería el Serengetti. Menos mal que la naturaleza se muestra compasiva y no hay año que no premie sus anhelos con alguna catástrofe con la que ejercer su cábala numerológica: muertos y desaparecidos en el Katrina, pérdidas materiales por las inundaciones del Elba, superficie afectada por un terremoto...
Que España es un país sin ninguna consistencia científica, ya lo constató el escritor catalán Josep Pla en 1980. En un país tan conservador en lo cultural (no porque conservemos nada, sino porque nuestras manifestaciones culturales populares suelen ser cavernarias), no debería extrañar que el común de los mortales aún se acerque a las matemáticas con el temor y la reverencia del misterio eléusico, y vean en los números manifestación mágica. ¿Cómo ha de tratarlos, pues, la prensa? Como magia, sin intentar ni entenderlos ni aclararlos. Siempre términos absolutos, fríos, platónicos, jamás términos relativos que pudieran dar una escala humana. Así, nuestra tarifa eléctrica es de las más bajas de Europa, pero si se pone en relación con los ingresos medios, es de las más altas... Pero siempre nos quedará el barril de Brent, querido Humpfrey, el que está a 90 dólares y, siempre en palabras de la prensa, provocará una subida de los carburantes, del transporte, de los alimentos... ¿Son profetas? ¿O fabricadores de excusas? Porque cuando el barril baja, pronto advierten que es un precio de referencia, que no se corresponderá inmediatamente con una bajada de los carburantes, porque las refinerías tienen el stock comprado a precio anterior... Blablablabla... Porque el dólar está más bajo que nunca...Tampoco hay que pedir a los sucesores de Urdaci, ese que ahora trabaja en La Noria con Terelu Campos, Calabuig y otros Pulitzer patrios, que aprendan a manejar la calculadora cuando ni siquiera saben leer correctamente.


















Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

solounpoco dijo
Chapeau compañero. Sólo puedo quitarme el sombrero ante semejante texto. Ah, y no olvides que los toros aparecen en las páginas de cultura. Será por eso de la fiesta nacional.
Saludos.
22 Octubre 2007 | 02:08 PM