FIN DE SEMANA
O como ejercer la masculina prerrogativa de meter la pata
El sábado, a eso de las cinco de la madrugada, me encontré con el superlativo hermano de Caracol, El Hermanísimo, en la más kafkina de las conversaciones. Él, celebrando una boda (de donde se deduce que no era el novio) y yo, trabajando en la oficina, convertimos el blog de Astracán en un Blat. (Para la definición de este término, acúdase a http://www.lacoctelera.com/trujo/post/2007/09/13/blat)
Efectivamente. El sábado, a las cinco de la madrugada, el imbécil que esto escribe estaba en la oficina acabando una urgente modificación de proyecto básico para que el lunes estuviese lista y poder llevar al Colegio de Arquitectos para ser visada. Si todo va bien, si la alineación planetaria es propicia y los dioses benévolos, el miércoles estará visado y podrá el jueves llevarse al correspondiente Ayuntamiento para negociar de nuevo la licencia... Veamos si ahora, habiendo cumplido exigencias nuevas, conseguimos empezar a construir antes del verano...
Todo es siempre para ayer. Durante la carrera, los arquitectos ya teníamos la fama de 'dejarlo todo para el último día', explicar la realidad de la situación sería largo y fatigoso y, teniendo en cuenta que no creo que interese la verdad a nadie, ¿para qué gastar saliva y esfuerzos?... Si la noche antes de una entrega de proyectos o de urbanismo o de construcción o de instalaciones... no se dedicaba íntegra a acabarlo, se tenía la sensación de que algo no funcionaba... yo creí dejar eso atrás al dejar la Universidad, pero la vida laboral no parece muy distinta... salvo que ahora me pagan por hacerlo, claro...
-No nos gusta cómo está quedando la calle y hemos pensado cambiarla -dijo el arquitecto municipal
-Pero, las redes de agua, alcantarillado, electrecidad, telecomunicaciones y gas ya están instaladas... si ahora se cambia, habrá que rehacerlo todo...
-Ya.
-¿Cómo que 'ya'? ¿Y quién pagará rehacer todo eso? Nosotros somos una empresa, no una ONG, y hemos ejecutado la obra según proyecto aprobado por el Ayuntamiento...
-Ya lo sé. Pero no nos gusta. Hemos pensado en hacer la acera más ancha, poner unos árboles y llevar el límite hasta aquí...
-Pero, ¿y las pendientes? Si hacéis eso, la acera no tendrá bordillo... a mí no me parece mal hacer una calle de coexistencia peatón-vehículo, pero en una vía de tráfico intenso es una locura...
-Bueno, pues levantad la acera
-Entonces no se evacuará el agua de lluvia y las primeras cuatro gotas inundarán los locales comerciales. Además, los imbornales, con esta ocurrencia, quedarán en medio de la acera... Váis a convertir esta calle en una piscina. Otra cosa, con este cambio de trazado, la calzada no será recta...
-Bueno, eso no tiene importancia. Que conduzcan más despacio...
-¿Y lo de los imbornales?
-Bueno, ya lo pensaremos mejor. Por cierto, creemos que la rampa tiene que medir cinco metros en toda su longitud, no sólo los cuatro primeros metros.
-Ya. Pero la normativa dice que...
-Ya lo sé. Pero lo preferimos así. Tampoco es tanto esfuerzo cambiar una rampa de parking, ¿no?
No. No es tanto esfuerzo. Hubo que mover todos los pilares y, al mover los pilares, se afectó a la distribución... Por ampliar la rampa del párking hubo que modificar el proyecto completo y se perdieron dos plazas de aparcamiento, además de casi cien metros cuadrados de locales comerciales. En una semana. Así, el viernes le comenté a X que, mucho me temía que no podría acompañarla a la Costa Brava, que tenía trabajo retrasado... Prefiero no repetir lo que me dijo, la verdad.
Todo lo que empieza mal es susceptible de empeorar, vaticina la Ley de Murphy. Una tormenta nos dejó sin corriente toda la mañana del sábado; hasta las seis de la tarde, no se reanudó; hasta las seis de la tarde, pues, no pudimos ponernos a hacer nada. Y X enfadada por haberme quedado a trabajar; llega a saber que me he quedado a no hacer nada y me envía con los Niños Cantores de Viena de un mordisco, pensé...
Tres de la tarde. Cuatro éramos en la oficina. Mi jefe; Ernest, un aparejador, y Jordi, uno de los ingenieros. Desesperados, nos habíamos ido a comer a cuenta de la empresa, un impresionante chuletón de buey regado con dos botellas de malbec argentino; copas de Calvados (para mí) y de Glenrothes (para el resto) y, medio contentos, compramos una caja de habanos. Si tenemos que quedarnos hasta quién sabe cuándo, que sea cómodamente. Jordi aprendió a fumar el sábado. Mientras mi jefe inventaba un presupuesto con aspecto de verosimilitud, Ernest hacía de doctor Frankenstein con el plan de seguridad, remedando uno nuevo de los fragmentos de cien viejos.
"Cincuenta años y haciendo una entrega de empalmada. Y además, un trabajo que no servirá para... La madre que me parió. Cincuenta años" murmuraba Ernest como un mantra con el habano entre los labios.
Diez de la noche: Cuando para llegar al baño ya se necesitaban faros anti-niebla, llegó Lucía, la mujer de mi jefe, una encantadora chica que lleva varios años cumpliendo 29 (y no cuesta mucho creerlo porque incluso parece más joven)... nos traía unas pizzas y unas cervezas.
"Pero mi suerte, de quien
jamás espero algún bien..."
Escribía Cervantes. O mejor sería decir 'profetizaba Cervantes', porque cuando estábamos los cinco riendo y bromeando, comiendo y bebiendo en el jardín del despacho, llamó X.
-¿Quién es esa?
-Lucía. La mujer de...
-¿Trabajas también con ella?
-Ha venido a traernos la cena.
-Qué amable. Cuántas risas... qué bien os lo pasáis trabajando un sábado.
-Preferimos no amargarnos.
-Lo que pasa es que no querías conocer a mis amigas.
-No es eso, por favor.
-Nosotras nos vamos a una rave en la playa.
-Pasátelo bien.
-Eso intentaré. Que sigas trabajando tan alegremente.
-Te quie...
PIPIPIPIPIP
La ciencia debería investigar la insólita puntería de X para hacerme sentir culpable.
Tres de la madrugada: Ernest iba por su enésimo café y cuarto habano, parpadeando tantas veces que creí que me mandaba un mensaje en morse. Mi jefe había salido a tomarse una copa con su mujer, invitación a acompañarlos que rechazamos cortésmente. Jordi había pasado de dormitar intermitentemente a roncar con desparpajo...
"Estas jóvenes generaciones (26 años), qué poco aguante tienen", murmuró Ernest. "No haber conocido el rotring les hace unos blandos"
Cuatro y media. El caos. El ático no encajaba. Las chimeneas no estaban alineadas. Debatiendo si cortarme las venas o dejármelas largas, me conecté y, ¡oh maravilla! allí estaba El Hermanísimo, rematando una boda, con sendos habanos en la boca, uno en Sevilla y otro cerca de Barcelona, celebramos el feliz encuentro en una larga noche, él con 501-tónica y yo acabando la última Guiness que trajera Lucía. Cantando "Y nos dieron las diez, y las once, las doce, la una, las dos y las tres" llegó mi jefe...
-¿Qué haces?
-Despejarme un rato
-¿Delante del ordenador? Ya digo que yo que en esta oficina estamos todos locos... ¿Y Jordi?
-Le he dicho que se vaya a dormir a mi casa... no creo que esté en condiciones de irse a Barcelonaa la suya... ¿Qué tal el presupuesto?
-Casi da el pego. Hay partidas que incluso son reales. ¿Y el proyecto?
-Ahí estamos.
-¿Crees que el jueves o el viernes podremos entrarlo en el Ayuntamiento?
-No hay alternativa, ¿verdad?
-Me temo que no... o está el viernes o estamos el lunes en la calle.
-Siempre me ha gustado trabajar bajo presión.
-Sabía que apreciarías el detalle...
Cinco y media. Las chimeneas ya están como deben y el ático está más o menos encajado. La Memoria Descriptiva está corregida según las nuevas dimensiones y superficies... Suena el móvil.
-¿X?
-¡Hola!¡No sabes qué juerga llevamos las cinco!
-¿Cinco? Creía que érais cuatro...
-Sí, nosotras cuatro y la turca que hemos cogido ya cenando
(Risas de fondo, algo que llaman música) Estamos aquí con unos italianos muy divertidos... qué pena que no puedas estar.
-Seguro que los italianos lo lamentan también mucho.
-Están poniendo noséqué (X se empeña en pronunciar el inglés con un supuesto acento americano -según ella- del todo incomprensible para mí, y menos cuando la voz se le ha vuelto pastosa de quién sabe qué). ¡Piero, vamos a bailar! Te llamo más tarde!
-Estaré muy ocup...
PIPIPIPIPIP
La ciencia debería estudiar la insólita puntería de X para ser inoportuna.
-Me voy a dormir.
-¿Problemas?
-Mujeres...
-Problemas.
Domingo, nueve de la mañana.
Incapaz de despertar a Jordi, le dejé una nota para que cerrase la puerta de un golpe. En la oficina, el jefe sigue delante de su ordenador, con una cara digna de película de Fritz Lang; Ernest se rindió poco después que yo, con el plan ya casi acabado.
-¿Qué tal has dormido?
-Poco, pero estoy despejado al menos. Se están imprimiendo ya los planos.
-Vamos a desayunar unos callitos
-Vengan esos callos.
Y vinieron. Y unos pulpos. Y una botella de Martin Codax. Y otro habano más... A las once volvíamos al despacho, "el estómago lleno y el ánimo alegre". Murphy no había madrugado, y el plotter no se había quedado sin tinta, ni sin papel, ni se había atascado nada en la impresora... Un buen augurio. A las cinco de la tarde, estaba finalmente todo acabado, encuadernado y listo para el lunes, a primera hora, llevarlo al Colegio de Arquitectos. El domingo por la noche, llegó X y casi tampoco dormí. Pero eso es otra historia.








Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

theo dijo
PEICHA,
El sexo sin amor... sería un debate demasiado largo y, confesando de antemano que soy un sentimental, pues podemos dejarlo ya aquí, jejeje...
Besos, guapísima!
19 Septiembre 2007 | 12:32 PM