Premios Carabiru y otro post aprovechando que me sobra sitio en éste.
Gracias. Isabel, Bruxana, Mapi, Felipe Gato (y su ama), Caro, Lamardecuento, Janton, Agar... por haber considerado que esta casa que más parece smial merece tan alta consideración. Y mis disculpas si me dejo a alguien por el camino, pero los premios se dieron mientras yo estaba lejos del mundanal ruido. Que uno sólo se acuerde de mí es excesivo... tantos, no hay palabras.
¡Cómo envidio la capacidad de síntesis! (el don que, con la poesía, no quiso darme el Cielo tamoco); no puedo hacer listados, ránkings, selecciones... siempre intento abarcarlo todo, por eso lamento no poder continuarlos... no puedo elegir cinco cuando cada cual es el más importante en sí mismo. Me resultaría tan injusto y absurdo hacer este listado como enumerar las nuevas siete maravillas, porque todos y cada uno de vosotros hacéis que desee cada día encender esta máquina infernal para ver si habéis actualizado, si hay una historia, una anécdota, una opinión, una reflexión nueva que me haga pensar, reír, llorar... CABRONES.
Dicho esto, os hablaré de la boda.
En lo alto de una colina se alzaba el hotel, premio FAD de arquitectura y, por lo tanto, caro e incómodo. Lujoso, pues. Dominaba una extenso territorio de campos de labrantía, pastos, olivares y bosques (algunos calcinados), y uno, sentado en la terraza con el traje gris perla, el panamá, la copa de Armagnac y el habano se sentía mezcla de indiano y feudal. ¿Como diablos habíamos ido a parar allí? Porque la comarca del evento era lejana a cualquier invitado salvo Jacques, mi hermana y yo, que por volver de Albión en compañía de bajo coste, habíamos aterrizado en un aeropuerto de segunda bastante próximo (Casi seis horas de coche por impagables carreteras comarcales nos habíamos ahorrado). Una plácida tarde queen absoluto presagiaba la noche de los cristales rotos que se avecinaba.
Pero no pongamos el carro delante de los bueyes. Se casaba un amigo, al que llamaremos Tobías, con Eugenia (permitidme que no cite sus verdaderos nombres). Eugenia tiene un carácter bastante peculiar; le gusta tenerlo todo bajo control y jugar a príncipes como sólo un pequeño burgués haría. La verdad, sería una excelente protagonista para el remake celtíbero de la serie británica Keeping up appearances
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en el papel de Hyacint, por supuesto. Tobías sería un excepcional Richard y todos los amigos de Tobías, Onslow... porque ese es exactamente el concepto que tiene de nosotros.
Organizaba cenas a las que se acudía con invitación (y no todos estábamos invitados, porque trazó desde el primer día la nítida línea que demarcaba los amigos de Tobías de primera y los de segunda). "Nada formal" era el formalismo para una cena donde nos sentaba según disponían las tarjetas doradas y donde el precio de los productos y el tiempo empleado en prepararlos ocupaba dos terceras partes de la conversación. Era tal su obsesión por las formas que nunca ha llamado por su nombre a la novia de uno de nosotros. Es 'La Párvula'.
-Eugenia, deja de llamarla así. Si Daniel y ella están bien, ¿qué te importa que se lleven diez años? Se llama Andrea.
-Yo no tengo porque saber su nombre, porque Daniel no ha organizado ninguna cena para presentárnosla. Quizá aquí en el pueblo hagáis las cosas de este modo, pero yo estoy acostumbrada a hacerlo de otra manera. Y será mejor que os acostumbréis, porque no pienso cambiar.
Una noche, llegaron dos amigos más y le propusimos que viniesen también. Y allí estalló lo que venía cociéndose desde hacía meses.
"No puede venir nadie más porque tengo seis cubiertos. Seis. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Yo no tengo por qué sentar en mi casa al primero que os encontréis por la calle. Tobías, esto sólo lo hacen tus amigos, porque mis amigas no me lo harían nunca. Desde el primer día supe que seríais un problema, porque hacéis lo que os da la gana. Tobías, ¡di algo!. No hay cena"
Y si antes veíamos poco a Tobías, desde ese día ya no supimos más de él. Semana Santa del 2005. Al menos, se acabaron las cenas incómodas.
Perdón, he sido impreciso. Sí seguimos sabiendo de ellos. En octubre del 2006, Rodolfo me envió la dirección de un foro de internet sólo para novios donde Eugenia comentaba con otras histéricas como ella lo malvados que éramos 'los del pueblo'. Porque si una cosa no ha podido soportar jamás es que seamos todos de un pueblo de lasmontañas...
-Tienes razón, Eugenia, somos de pueblo -tuvo que amonestarla ya el más tranquilo de nosotros tras su enésimo ex abrupto-. Pero te recuerdo que todos estos pueblerinos tenemos como mínimo una carrera universitaria cada uno. Sólo Daniel no la tiene, y es el propietario de una empresa que factura 15 millones de euros al año.
No sé cómo descubrieron los montaraces hackers ese foro. Sólo sé que, bajo la identidad de una falsa pareja, se siguió paso a paso todos los movimientos y frases de la chica...
"Son tan de pueblo que cantarían en mi boda la Ramona"
Esta frase, publicada en el foro, fue la declaración formal de guerra. De inmediato, se convocó Gabinete de Crisis.
-Es estúpida, porque tiene todas las de perder-apostilló Alejandra-. Hagamos lo que hagamos, no veremos menos a Tobías de lo que ya lo vemos.
-El invierno es muy largo para planear cosas -susurró, con alarmante tranquilidad, Octavio-. Y por mis huevos que se oirá la Ramona. ¿Sabéis que es eso de la Ramona? -jamás la habíamos escuchado.
-Lo que está claro es que moriremos matando-concluyó Eva.
Y finalmente llegó el día de la boda, celebrada tan lejos que sospechábamos premeditación y alevosía en la elección del lugar, intuyendo quizá la callada intención de que la distancia acobardase a algunos a los que no quería invitar pero no podía dejar de hacerlo. Ya fuese por la opípara cena del día anterior, que acabó en una memorable francachela (de esas en las que siempre acaban conduciendo Gabriel y Jordi, que por algo son mossos d'Esquadra y entre bueyes no hay cornadas) o porque la edad nos vuelve blandos, acudimos con la intención de enterrar el hacha de guerra. Entonces, vimos la distribución de mesas: estábamos todos divididos, mezclados con desconocidos y ubicados en todos los extremos imaginables.
-De esta, se acuerda -comentó Daniel, con el habano ya en la boca. Daniel no fuma, pero como Eugenia advirtió ya en las invitaciones que 'en su boda no permitiría furmar'... ¿Qué le vamos a hacer si se nos pone todo en contra?. Un bolígrafo y diez minutos para cambiar targetas y sillas y el entuerto estaba enderezado.
Memorable fue su cara cuando al entrar nos vio donde no esperaba vernos, cuando el wagneriano coro nupcial se interrumpió, empezaron a sonar los acordes de La Ramona y nosotros la recibimos en pie, con la boina calada y pasándonos de mesa en mesa una bota de vino, repartiendo la letra entre los invitados para que cantasen con nosotros.
Pero sospecho que esto no se ha acabado aquí. No es mujer que tolere no decir la última palabra.















Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

alma- dijo
No logro imaginarme su cara.....Pero sí la vuestra...... Imagino que la logística la llevabais por si acaso, siempre hay que ir preparados a esos saraos y más cuando esta chica tuvo esos "detallazos con vosotros", je,je,je.
Es hora de una cervecita, tengo por aqui unas Coronitas....toma que está mu fresquita.
5 Septiembre 2007 | 01:25 PM