Antes de continuar con el post que será el suicidio de mi blog, sobre la resistencia antinazi en Alemania, la operación Walkiria y sus implicados de retorcido e impronunciable nombre para todo aquel que tenga garganta de carne y no de metal, la actualidad me pide que abra un paréntesis.

Hace unos días detuvieron al que fue hasta el mes pasado subdelegado del Gobierno en Barcelona, Eduard Planells.

Según la Fiscalía, la detención de Planells, de dos funcionarios de la Subdelegación del Gobierno y de un trabajador del consulado ruso en Barcelona se ha producido en relación con la organización mafiosa ruso-georgiana subordinada a Zkhar Kalashov. Planells ya está en libertad, pero hacía meses que estaba investigado por delitos de prevaricación, cohecho y falsedad documental, relacionados con la concesión de permisos de residencia a personas vinculadas al crimen organizado ruso. ¿Por qué no dimitió en su momento, o fue cesado? Dijo su superior que no había motivos, porque está 'investigado, no imputado'. Porque aquí el amor a la poltrona está por delante de aquello de que no basta con que la mujer del César sea honrada, sino que debe parecerlo también.

Hasta aquí, no hay nada nuevo bajo el sol... Políticos corruptos, como funcionarios o cualquier otra cosa, los hubo y lo habrá... ni siquiera es un fenómeno exclusivamente subpireneico. Pero la caspa ibérica aparece en cuanto rascamos un poco la noticia, porque parece que el señor Planells cobraba sus comisiones en especie, esto es, en prostitutas.

Vamos a ver... yo puedo entender que uno no sea de piedra; muy pocos tienen la ventaja de ser como el príncipe Wenzel von Kaunitz-Rydberg, canciller de los Habsburgo en el siglo XVIII, de quién el embajador francés dijo "Es tan rico que es insobornable", o como cierto personaje de novela de Faulkner, Gambito de dama, que "no necesita más dinero del que ya tiene". Puedo comprenderlo porque homo sum et humani nihil a me allienum puto, hombre soy y nada humano me es ajeno (Terencio). Pero, coño, si tenemos que pringarnos, ¡que sea por algo que merezca la pena! Si me dicen que Planells se ha comprado una villa en la Toscana, un castillo en Dordogne, que lleva quilo y medio de diamantes o que en un banco suizo le tratan de usted, pues igual incluso le envidiaría... pero si de todo eso sólo ha sacado un par de polvos (o doscientos, que me da igual), pues, ¿qué queréis que os diga? Me da bastante pena...

Porque este es un país de Torrentes, y ese pecado original no nos lo lava ni el agua del Jordán. Porque aquí, no hay asunto turbio que no se despache entre meretrices, ya sea una corruptela municipal con recalificaciones de terrenos, una estafa financiera, una malversación de fondos públicos, desfalco de empresa privada o, como ahora, un 'trae, que te arreglo esos papeles'. A veces, he llegado a creer que la gente en este país se hace corrupta porque necesita cariño... En qué tristes matrimonios deben andar metidos... si casi despiertan conmiseración. Si hacemos un sucinto listado de los más señeros, tenemos:
1. El Dioni: saquea el furgón blindado que conduce y huye a Brasil a gastárselo con señoritas...
2. Roldán: siendo Director General de la Guardia Civil, saquea los fondos reservados y se lo gasta en fiestas de indudable reputación en clubes de carretera y casas de mala nota
3. José Antonio Camacho, cerebro de Gestcartera, la mayor estafa financiera de este país hasta lo de los sellos... Conocido frecuentador de las más exclusivas señoritas de Madrid y provincias. Con champagne francés, claro, que había visto muchas pelis de mafiosos...
4. El abogado Rodríguez Menéndez, que al final consideró que era más barato casarse que pagarla por horas... mala decisión, que después la señora contrató a matón para quedarse con todo...

Y eso sin pensar mucho y sin estar muy al día de los tejemanejes de famosos... Aquí, cada uno de nosotros puede ir añadiendo el nombre de un concejal de urbanismo, de un constructor local, de cierto promotor... ad nauseam...

Y si acabase aquí el asunto, tampoco habría nada excepcional, podríais reprocharme, y con razón... Recordemos a cierto Ministro de Justicia ruso, Valentin Kovaliov, compartiendo jakuzzi con unas señoritas y 'empresarios' georgianos en una conocida casa moscovita de lenocinio de alto standing... Porque, bueno, la Rusia de Yeltsin era un no parar de pintorescos personajes... Nuestros mafiosos celtíberos, como los de cualquier otro país, como cualquier nuevo rico que ha ascendido de status mucho más rápido de lo que sería bueno, tienen necesidad de hacer alarde de ello... el kitsch, el mal gusto son cosas inherentes a este estado de cosas: bronces, mármoles, lladrós... cuanto más y más recargado y más pesado y más grande y más caro... ¡mejor! y uno a veces no sabe si está en una casa o en un mercadillo tras un incendio...

Quien más quien menos, todos tenemos imágenes de la casa de los Beckam, de la Preysler, de la Duval, de Donald Trump (porque aunque yo sólo vea los reportajes de la 2...)... así que no entraré en más pormenores, que mi estómago es delicado. Pero cuando el afán de ostentación supera ya el más mínimo sentido del ridículo o de la decencia, cuando se cuelga un Miró del retrete de una gigantesca casa que, arquitectónicamente hablando, no es más que un mesón de carretera con balustres y mármoles... en ese momento, nos adentramos en un terreno distinto, el de las esencias patrias. ¡Si incluso hecho en falta a Oubiña, el capo galego del trafico de tabaco, que con los benficios de sus actividades se compró y restauró un pazo! Pinta de bruto no le faltaba pero, comparadocon lo que ha venido después, no habría desentonado en el baile de la ópera...

Uno recuerda los años dorados de Hollywood... los cincuenta, con la cohabitación del cine, el juego, el crimen organizado... qué mafiosos aquellos, con impecable traje italiano, blazer cruzada sobre el pecho, sombrero dedora (el homburg reservado para los capos...). Incluso, los actuales mafiosos de Europa del Este, abrigo de cuero largo, jersey de cuello vuelto negro... Un estilo muy propio, pero un estilo... Por no hablar de cierta complexión física. Y ahora, si los comparamos con los mafiosos patrios, no podemos ahogar una risita histérica... porque el pantalón de cuello vuelto de un Julián Muñoz no supera la comparación ni con unos ni con otros... o la colección de rolex... Aquellos mafiosos coleccionaban actrices de moda, cantantes de moda, eran ellos mismos cantantes de moda... qué grande Sinatra, birlándole al enfermo Humpfrey Bogart una maravillosa Lauren Bacall... aquí, claro, todo es a menor escala... ya que no tenemos a Marilyn... nos tendremos que conformar con la Pantoja...

Qué país de Torrentes...