Este fin de semana se ha concluido la operación de marketing de 'definir' las Siete Maravillas del mundo moderno, por iniciativa del millonario suizo Bernard Weber,que ha orquestado toda esta charlotada desde su fundación New Open World Foundation.LaUNESCO declinó participar en ello, alegando las razones que pueden leerse en el siguiente artículo de La Vanguardia.
http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070620/51365410474.html
Después de votaciones por mail, por sms, a un 906 y la descarga de no sé cuántos politonos, el resultado ha sido este:

La Gran Muralla (China), Petra (Jordania), El Cristo Redentor (Brasil), Machu Picchu (Perú), Chichén Itzá (México), el Coliseo de Roma (Italia) y el Taj Mahal (la India).

No deja de resultar curioso que la única verdaderamente moderna sea la menos interesante de todas, el Cristo redentor de Río... personalmente, habría considerado mucho más representativas del mundo moderno el Golden Gate de San Francisco, la Estación Espacial Internacional o la ciudad de Brasilia... y no esta recopilación de edificios antiguos (algunos, casi contemporáneosa las Siete Maravillas de la Antigüedad). La Alhambra ha quedado fuera, y hay quien se lo ha tomado como una ofensa patria... ¿qué queréis que os diga? Lo que opine el zampabollos de Wisconsin al respecto me trae sin cuidado, porque, al fin y al cabo, estas maravillas no son más que fruto del capricho de un multimillonario que quería hacerse más rico a costa del dinero en mensajes y llamadas de todo hijo de vecino.
Las maravillas de la Antigüedad, definidas por poetas, correspondían a edificios que estaban en los márgenes del mundo helenístico conquistado por Alejandro, marcaban los limes de su cultura, una especie de columnas de Hércules, donde más allá se extendía lo desconocido. Y eran siete porque siete era un número mágico y perfecto. Las definieron poetas de una cultura inmensa para un público con una cultura igualmente inmensa.
Las Siete maravillas del mundo antiguo eran un conjunto de obras arquitectónicas que se consideraban dignas de ser visitadas, sobre todo a partir de la época helenística (desde el siglo III aC). Parece ser que el lista clásica se basa en un epigrama de Antípatro de Sidón, del 125 aC,
"He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enome obra de las altas Pirámides, y la vasta tumbade Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande"

aunque ya había listados anteriores, de Heródoto (s. V aC) y de Filón de Bizancio (s II aC). Todos estos listados incluyen sólo siete obras por ser el siete un número especialmente favorable en el mundo antiguo; para los pitagóricos, el número siete era el perfecto, por ser resultado de la suma del 3, la superficie, y el cuatro, el volumen.
El listado clásico son:
1. La Gran pirámide de Giza
Gran pirámide de Giza
mauseoleo del faraón de la cuarta dinastía Jufu, más conocido en su forma griega, Keops.
2. Los jardines colgantes de Babilonia
Una pintura del siglo XVI de los Jardines Colgantes de Babilonia (por Martin Heemskerck). Al fondo puede distinguirse la Torre de Babel.
Este grabado del siglo XVI, de Martin Heemskerck, muestra la interpretación renacentista del tema; intersante comprobar cómo las columnas representadas son egipcias; al fondo, podemos ver la torre de Babel, que es imaginada por el artista como un coliseo en espiral, y no como un ziggurat. Otros listados clásicos sitúan en Babilonia otras maravillas, como
La puerta de Istar

Puerta de Istar en el Museo del Pérgamo de Berlín.
en sustitución del Faro de Alejandría. (La imagen corresponde al berlinés museo de Pérgamo)
en otros poemas, son los jardines los que no figuran, apareciendo en su lugar las murallas de Babilonia,
Restauraciones recientes llevadas a cabo sobre los restos de la Vieja Babilonia.

Excavadas por el arqueólogo alemán Koldewey a finales del siglo XIX, principios del XX. Según Heródoto, tenía 80 km de longitud y su anchura era tal que dos cuádrigas podían cruzarse por el camino de guardia sin molestarse. Construidas en ladrillo, se calafateaban con pez para asegurar su cohesión y protegerlas de la humedad del Éufrates, dando a la ciudad un aspecto negro que impresionó a los extranjeros.

3. El templo de Artemisa en Éfeso, Turquía

Imagen actual del Templo de Artemisa en Éfeso: apenas quedan ruinas del templo original.

Este templo es un conjunto de edificios, como lo es la acrópolis de Atenas, que se van yuxtaponiendo a lo largo de los siglos, enlazados por elementos menores. Hoy sólo queda una columna de un conjunto que albergaba esculturas de los más grandes: Fidias, Polícleto, Cresilas... El arquitecto del templo más antiguo fue Chersiphron, y fue financiado por Creso, el rey de Lidia, el inventor de la moneda, en el 550 aC. Según la leyenda, el 21 de julio del 356 aC, Eróstrato incendió el templode
"Diana en Éfeso, de tal modo que por la destrucción del más bello de los edificios, su nombre sería conocido en el mundo entero" (Valerio Máximo)

Los efesios intentaron que el nombre se olvidase, pero Estrabón lo ha dado a la posteridad. Alejandro nació la noche que el templo ardía y, según Plutarco, estaba la diosa Artemisa demasiado ocupada por el nacimiento como para preocuparse de su propio templo.

4. La estatua de Zeus en Olimpia (Turquía)

Grabado de la estatua de Zeus en Olimpia En el año 394, fue transportada a Constantinopla (actual Estambul), donde se dice que fue destruida por un incendio.

Es obra de Fidias, de doce metros de altura y moldeada en marfil. La descripción más detallada que conservamos pertenece a Pausania,
Zeus aparecía sentado en un trono con el torso desnudo y el manto en torno a las piernas, llevaba la cabeza coronada de olivo y la mirada, dirigida hacia abajo le confería aspecto paternal; en la mano derecha sostenía una Nike y en la izquierda el cetro rematado por un águila; el manto estaba adornado de lirios y las sandalias eran de oro. El trono era en sí mismo una obra de arte, hecho a base de marfil, ébano, oro y piedras preciosas; el respaldo, los brazos, las patas y los travesaños entre ellas iban labrados y decorados con relieves .
así como monedas y medallas conmemorativas de la época romana. La gran innovación que supuso esta escultura es religiosa: Zeus pasó a tener un rostro, un aspecto fijado ya para la eternidad, con la barba, los rizos cayérndole a ambos lados del rostro... y así lo recoge Quinitiliano. Desde entonces, cualquier representación de Zeus adoptaría el modelo de Fidias. Alejandro Magno, en su divinización, adoptó el porte y la posición del Zeus Olímpico en sus monedas; los emperadores romanos copiaron el modelo alejandrino en sus representaciones, tanto en monedas como en esculturas; así, en las grandes basílicas (tribunales de justicia romanos), una inmensa escultura del emperador con los atributos de Zeus ocupaba la exedra donde juzgaba el magistrado. Cuando el cristianismo se hizo oficial, rechazó el templo clásico, pero adoptó la basílica para sus necesidades litúrgicas; en la exedra donde se sentara el magistrado, ahora oficiaría el sacerdote, y donde antaño estuviera la imagen triunfante del emperador, ahora sentarían al Pantócrator, el Jesucristo triunfante del Juicio Final, en la misma postura, con casi los mismos atributos que el Zeus Olímpico. Así, tras diez siglos, el modelo de Fidias volvía a servir para representar a un dios.

5. Tumba del rey Mausolo, de Halicarnaso

Grabado coloreado a mano por Martin Heemskerck (siglo XII)

Es la tumba del rey de Caria, realizada por los arquitectos Sátiros y Piteos (353 aC).Un terremoto la destruyó en el siglo XIV, cuando los caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (después, caballeros de Malta), demolieron la gigantesca estructura de 30x40 metros en planta de la pirámide escalonada para construir el castillo de Halicarnaso.

6. El coloso de Rodas.

El Coloso de Rodas, según lo imaginó en el siglo XVII el grabador Martin Heemskerck

Gigantesca escultura del dios del sol, Helios, en bronce sobre armazón de hierrodebida al escultor Cares de Lindos (305 aC). Los datos que tenemos son gracias a Estrabón, Polibio y Plinio, y a recopilaciones bizantinas Constantino VII Porfirogéneta, Filón y Miguel el Sirio. Un terremoto la derribó 56 años más tardes, pero los rodios la dejaron allí, en homenaje al dios que les dio la victoria en el asedio de Demetrio Poliorcetes.

7. el faro de Alejandría

El Faro de Alejandría en dos monedas acuñadas en la época de Antonino Pío y Comodo

Torre y castillo que protegía la entrada de la ciudad de Alejandría. Construido por el arquitecto Sóstrano de Cnido, por encargo de Ptolomeo II de Egipto, sobre la isla de Pharos. Los terremotos de 1303 y 1323 lo dañaron seriamente y, en 1480, el sultán Qaitbay utilizó los restos para construir una fortaleza.