Plantea La Coctelera como tema de la semana que hablemos de nuestro poema favorito. ¡Rayos! qué complicado es eso para quien la poesía es
"(...)
poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica." (CELAYA, La poesía es un arma cargada de futuro)

Porque necesito la poesía como la música, como los días grises y lluviosos, como un café con un amigo, o el silencio elocuente de mi amada, cuando
"las palabras entonces no sirven, son palabras" (ALBERTI, Nocturno)

¿Cuál puede ser mi poema favorito? ¡Tantos y ninguno! Cada día es un día distinto, con su música y sus poemas... Un día empecé un post con Jacques Brel y Le port d'Amsterdam, o quizá con Georges Brassens y "Il n'ya pas d'amour hereux". Hoy, Kuragin y yo desayunábamos con la angustia de "La muerte de Sigfrido", de Wagner. En un tocadiscos viejo, una edición rusa de Wilhelm Furtwängler en Bayreuth. Y primero he sonreído recordando a Luis de Baviera escuchando Lohengrin,

Esa es su vida, y trata fielmente de vivirla:
Que le dejen vivirla. No en la ciudad, el nido
Ya está sobre las cimas nevadas de las sierras
Más altas de su reino. Carretela, trineo,
Por las sendas; flotilla nívea, por los ríos y lagos,
Le esperan siempre, prestos a levantarle
Adonde vive su reino verdadero, que no es de este mundo:
Donde el sueño le espera, donde la soledad le aguarda.
Donde la soledad y el sueño le ciñen su única corona. Mas la presencia humana es a veces encanto,
Encanto imperioso que el rey mismo conoce
Y sufre con tormento inefable: el bisel de una boca,
Unos ojos profundos, una piel soleada,
Gracia de un cuerpo joven. Él lo conoce,
Sí, lo ha conocido, y cuántas veces padecido,
El imperio que ejerce la criatura joven,
Obrando sobre él, dejándole indefenso,
Ya no rey, sino siervo de la humana hermosura. (CERNUDA, Luis)

Pero pronto dejo de sonreír, porque hoy siento más a Rilke, la Primera elegía de Duino

¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las coros de los ángeles?
Y aun si de repente algún ángel me apretara contra su corazón,
me extiguiría ante su más potente existir.
Pues lo bello no es más que el principio de lo terrible,
lo que somos apenas capaces de soportar,
lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos.
Todo ángel es terrible.
Así que me contengo, y me ahogo el reclamo de un oscuro sollozar. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos?
No los ángeles, ni los hombres, y ya saben los astutos
animales que no nos sentimos muy seguros en casa,
dentro del mundo interpretado.
Nos queda quizás algún árbol en la loma,
al cual mirar todos los días;
nos queda la calle de ayer y la morosa lealtad
de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció, sin irse. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento
lleno de espacio cósmico nos roe la cara:
¿Para quién no permanecería aquélla, la anhelada,
la tierna desengañadora, ahí, dolorosamente próxima
al corazón solitario? ¿Es más suave con los amantes?
Ay, ellos sólo se ocultan uno a otro su suerte.
¿Todavía no lo sabes? Arroja el espacio que abarquen
tus brazos hacia los espacios que respiramos; quizá
los pájaros sientan el aire ensanchado con un vuelo
más íntimo.

El día es gris, amenaza lluvia (lógico, es día de colada), y salgo apoyado en el paraguas como en
"el fatigado fresno de un bastón" (MANDELSTAM, Tristia y otros poemas). Abro el correo y allí el mail de una ex pareja...

"Entonces, ¡cómo me gustaría esconderme de la nostalgia" (RILKE, Segunda elegía de Duino)

Para entretener mi mente, releo el periódico mientras espero que el funcionario municipal de turno aparezca en su puesto y pueda responder las dudas sobre interpretación de legislación urbanística. Empiezo por la sección Nacional, la que nunca leo cuando desayuno para no empezar mal el día. Declaraciones del PP y Jaime Gil de Biedma acude a mi memoria

Media España ocupaba España entera
con la vulgaridad, con el desprecio
total de que es capaz, frente al vencido,
un intratable pueblo de cabreros.
(GIL de BIEDMA, Años triunfales)

y leo que sigue la operación abierta en no sé qué pueblo granadino en que detuvieron al alcalde por prevaricación, cohecho y no sé cuántas cosas más. El alcalde, lejos de avergonzarse, sacó pecho, se presentó a la reelección, y arrasó...

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno,
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia? (GIL de BIEDMA, "Apología y petición")

Mi hermana me llama, que no consigue ninguna beca del Gobierno español para seguir su doctorado escocés, pero que el Gobierno Vasco le ha ofrecido una ayuda por haber publicado algo sobre antropología euskera en revistas internacionales y que, por publicar en francés, los galos le dan otra subvención, bastante más jugosa de lo que aquí cabría esperar. Además, son becas que no impiden que siga trabajando... Nada que ver con este país. ¡Cómo comprendo ahora a Espriu,

¡Oh, qué cansado estoy
de mi cobarde, vieja, tan salvaje tierra,
y cómo me gustaría alejarme,
hacia el norte,
donde dicen que la gente es limpia
y noble, culta, rica, libre,
despierta y feliz!
Entonces, en la congregación, los hermanos dirían,
desaprobando: «Como el pájaro que deja el nido,
así el hombre que abandona su lugar»,
mientras yo, bien lejos, me reiría
de la ley y de la antigua sabiduría
de mi árido pueblo.
Pero no he de realizar nunca mi sueño
y aquí me quedaré hasta la muerte.
Pues soy también muy cobarde y salvaje
y amo, además,
con desesperado dolor,
a esta mi pobre,
sucia, triste, desdichada patria.

Pero la mañana sigue siendo hermosa. Gris, con aromas a tierra mojada, a hierba recién cortada, a mokka de Ethiopia, a música de Wolkenstein... A media mañana, mi jefe me propone salir a tomar un café. Necesita aire, cambiar de temas, hablar de algo que no sea la incompetencia general... Y entonces, aprovechando unos minutos de conversación divertida, regresan los versos de Ausonio, De rosis nascentibus

conquerimur, Natura, brevis quod gratia florum:
ostentata oculis ilico dona rapis.
quam longa una dies, aetas tam longa rosarum,
quas pubescentes iuncta senecta premit.
quam modo nascentem rutilus conspexit Eoos,
hanc rediens sero vespere vidit anum. [...]
collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes,
et memor esto aevum sic properare tuum.
Nos quejamos, Naturaleza, de que sea efímera la belleza de las flores:
Les arrebatas rápidamente las gracias mostradas a los ojos.
La edad de las rosas es tan larga como un solo día,
la vejez inminente las agobia, aun jóvenes.
A la que el lucero brillante vio nacer,
a ésa la vio anciana al regresar por la tarde. [...]
Recoge, doncella, las rosas mientras la flor está lozana y la juventud fresca, y acuérdate de que así se apresura también tu edad.

¿Cómo escoger un sólo poema cuando la poesía es

(...)necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.?