La Coctelera

Theo

Retirado en la paz de estos desiertos

7 Junio 2007

La Ciudadela

La campana del ángelus suena azul cobalto, pero este lunes tiene algo de cianhídrico. "Será el badajo nuevo", piensa doña Leonor, mientras ajusta los alamares del astracán a las exigencias de su cintura. Debajo, en la faltriquera del delantal más sucio, la dalmática de su oficio, lleva cuidadosamente recogida en fajos la recaudación semanal, harto menguada por la poca nieve, los vales de empresa y ese dinero de plástico que todos llevan y que ella no acaba de entender.
"¿Cómo es posible salir de casa sin dinero suficiente ni para pagar una comida?" piensa doña Leonor mientras busca el bastón de puño de marfil, el de misa y banco, el que le regalaron sus hijas cuando cumplió setenta años. "Si los sacudiese por los pies, a la mayoría no le caería ni un céntimo. ¿Cómo se puede ir por el mundo exhibiendo penurias de esta manera?". Entra en la cocina; el tuero arde en el trashogueo, rojo y negro, y el aire huele a burbujas de canela y azafrán. Tuerce el gesto al ver dormitar a Ramón en un rincón, indiferente a norma sanitaria alguna, y decide no pensar ahora en ello.
La mañana es gris y húmeda como todos los lunes desde que murió Álvaro, su marido. Alguien le dijo que cuando muere una buena persona, el año se torna lluvioso, porque el cielo le llora. Tal vez sea cierto. Álvaro fue un buen marido. Nunca entendió nada ni pretendió entenderlo; murió feliz, encabezando y bendiciendo la mesa, ignorando que había dos hipotecas sobre el hotel, y que la reforma que él, con la vaga prudencia de jinete de caballo de cartón, había intentado disuadir de acometer empezaría al mes de su funeral. Porque nada detiene a doña Leonor. Y este pensamiento le arranca una vaga sonrisa en su recio pecho montaraz.
Atraviesa el arco que cerraba al antigua villa medieval y enfila por la avenida del ensanche como en un salto en el tiempo; ella recuerda cuando ese arco era el limes con el agro, cuando pastos y cultivos se extendían donde ahora son tiendas y bloques y farolas y coches. Aprieta el paso, casi marcial, marcando que el Ensanche es sólo tierra ocupada, colonias de la concreta y constreñida villa de su infancia, tan precisa en el paisaje como amorfa es ahora su extensión. Doña Leonor detesta lo infinito.
"Saluden al camarada mariscal" anuncia Alfonso el mecánico desde el fondo de su 'agüita', el gin tonic sin hielo ni limón del mediodía en el Serrat, al oír el rítmico golpeteo del bastón de caoba y marfil en los adoquines. Desde la terraza del Serrat, los habituales saludan a doña Leonor, que sólo responde con un tenue gesto de manteo de astracán antes de entrar en el sancta sanctorum de sus afanes, el Banco de Comercio.
Sale preocupada. Apenas responde a los saludos y con paso más acelerado que firme abandona el inhóspito ensanche, con sus calles anchas, sus plataneros encorsetados en maceteros y bancos y coches y farolas... Regresa a su pequeña plaza, donde asoman las copas de los cipreses del convento, y respira algo más tranquila. Van a jubilar a Augusto, su director. Él no lo sabe aún, pero doña Leonor lo ha percibido de inmediato, tan pronto como le ha dicho:
"Este fondo de inversiones de la publicidad no merece la pena; donde tiene usted el dinero está bien"
Después de treinta años, o veinticinco... no, treinta, han sido treinta años, un nuevo director, nuevos nombres... Doña Leonor ya no quiere aprender nuevos nombres de vivos, tiene demasiados nombres de muertos que recordar.
De vuelta en la cocina, el tuero sigue ardiendo en el trashoguero. Ramón sigue dormitando, indiferente a la ley. Todo en su ciudadela sigue igual, o todo cambia para que todo siga igual. El aire huele a canela y azafrán. Ramón abre un ojo, se despereza y se acerca a doña Leonor, atento a robarle una caricia. Cuando llegó, siendo un cachorro, nadie le puso nombre; era simplemente 'gato'. A los dos años, doña Leonor lo miró, gordo. inútil, perezoso y egoísta...
"Eres como mi sobrino Ramón, gato" le dijo. Y Ramón se llamó desde entonces, como su sobrino más querido, porque doña Leonor tiene debilidad por los hombres inútiles.
Mientras trajina en los fogones, añadiendo chocolate al estofado, nuez moscada al caldo, recuerda que la campana del ángelus no sonaba azul cobalto como siempre.
"Hoy sonaba azul de Prusia, debí sospecharlo"

Tags: cuento

servido por theo 16 comentarios compártelo

16 comentarios · Escribe aquí tu comentario

nurazul

nurazul dijo

Cambia...todo cambia y nosotros con esfurezo nos vamos amoldando a los cambios..besitos caballero y un te con leche,plis!

7 Junio 2007 | 05:54 PM

Por la paz

Por la paz dijo

GRACIAS ZAPATERO POR HABERLO INTENTADO. ESTAMOS CONTIGO, NO ESTAS SOLO. YO TAMBIÉN SOY ZP.

7 Junio 2007 | 08:57 PM

mel

mel dijo

este texto me recuerda un poco a Balzac y a Los Pazos de Ulloa de emilia pardo bazán (grandes ambos)....
no obstante, de dónde lo has extraído?
un saludo theo
un vasito de leche calentita?

7 Junio 2007 | 10:51 PM

montevideana

montevideana dijo

Esto es estupendo como todo vos. Lo increìble es justamente eso que puedas sorprenderme cada vez.
Es hermosìsimo.....hermosìsimo...de verdad.
Besitos.
Caro.

7 Junio 2007 | 11:22 PM

isabel61

isabel61 dijo

Me has llevado por Vetusta. Esos lugares burgueses encorsetados porque lo están las personas. Tienen olores, colores y sabores exclusivos que sólo perciben los que son de allí y los asocian con vivencias repetidas porque todo es igual y siempre pasa lo mismo.
Cuando un acontecimiento cambia la vida de algún habitante, lo hace hasta el sonido de la campana como percepción íntima de ruptura con la rutina.

¿Un té en Pombo?

8 Junio 2007 | 12:43 AM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Theo, amigo,

Tu espléndido escrito me ha recordado otros toques de campana y otros tiempos:

Eran tiempos en los que los diferentes sonidos de las distintas campanas del pueblo te anunciaban el pulso del mismo. La campana del convento de clausura, de sonido agudo y cristalino, llamando a la oración a jóvenes y no tan jóvenes mujeres enterradas en vida para mayor gloria de Dios.

El badajo de la campana de la iglesia sacando del bronce un tono grave, repetido de tanto en tanto y anunciando al viento y a los vecinos la muerte de uno de ellos.

Al medio día, por las ventanas abiertas, llegaban a la calle otros sonidos de los receptores de radio en su conexión obligada con Radio Nacional, campanadas y el Ave María anunciando el Ángelus orbi et orbe.

Tiempos en los que, en las tranquilas y cálidas tardes del verano, se reunía la gente de bien para el Tea Time en la terraza del mejor Hotel del lugar mientras la orquesta amenizaba con sus melodías y las parejas mostraban a todos sus cualidades para el baile. Tiempos que ya no son lo que fueron, tiempos en los que la sociedad estaba estructurada en clases y estas no se mezclaban entre sí, tiempos a los que algunos nos querrían llevar otra vez.

Un abrazo..

8 Junio 2007 | 12:57 AM

mariliendre

mariliendre dijo

Sonidos con color. En mi pueblo, en las fiestas de moros y cristianos, los trabucazos resuenan en rojo.

8 Junio 2007 | 08:18 AM

theo

theo dijo

NURAZUL,

Con los cambios ocurre como con la canción de Celtas Cortos
"A veces llega un momento
en que te haces viejo de repente
sin arrugas en la frente,
pero con ganas de morir"
Supongo que cuando has decidido no querer aprender más (todo cambio implica aprendizaje) dejas el alma lista para la parca; aunque vivas cien años más, ya estás muerto.
¡Gracias por la visita! ¿Un té con leche? Bien, ahora mismo... estoy calentando el agua... ¿Lo prefieres con miel o con azúcar?. Besos, bella dama!

8 Junio 2007 | 09:34 AM

theo

theo dijo

MEL,

¡Voy a ponerme rojo! el texto es el inicio de un cuento que trato de escribir, pero me pones antecedentes tan preclaros que me dará vergüenza continuarlo por no desmerecer! Eres muy amable, la verdad...
No soy muy amigo de la leche, pero te caliento una taza en seguida... yo tomaré un té con agua de azahar... si Kuragin se levanta de mis rodillas, claro...
Gracias por la visita!

8 Junio 2007 | 09:36 AM

theo

theo dijo

CARO,

Demasiado amable, como siempre! Si sigo leyéndote, acabaré creyéndote y despegándome de la realidad! (o me dará tal ataque de ego que tendrán que hospitalizarme). Me alegro de que te guste... es sólo el principio de un cuento...
Te ofrecería un té, pero sospecho que por las mañanas prefieres café... ¿un mokka de Ethiopia, entonces? Besos

8 Junio 2007 | 09:39 AM

theo

theo dijo

ISABEL,

Mel me cita a Balzac, tú me emparejas con Leopoldo Alas... creo que dejaré el cuento aquí, porque será imposible igualar las espectativas que tenéis! muchísimas gracias por compararme con uno de mis libros favoritos, La Regenta... (comparación que merezco tanto como una Cruz de Hierro). confieso que la fina ironía de la Regenta, Faulkner y García Márquez son los maestros esenciales que amalgamé para intentar pergeñar un estilo propio, sin olvidar a Cortázar, por supuesto, jejeje. Quizá también La Regenta me sea tan querido porque describe un universo que he conocido, y ya no sé si veo ese mundo con los ojos de la Regenta o si leí la Regenta con los ojos acostumbrados a ese mundo, jejeje (Rayos, esta frase podría firmarla Groucho Marx!)
¡Acepto ese té en Pombo, por supuesto! Un día en que se toman menos de cinco tazas de té con amigos es un día malgastado

8 Junio 2007 | 09:45 AM

theo

theo dijo

JOSÉ

Gracias por tu generosidad con este pobre esbozo mío! La verdad es que las campanas iban a tener cierto papel en este cuento, pero ya no sé si hacerlo, jejeje.
Estoy de acuerdo contigo; hay quienes desde el púlpito querrían detener el reloj de la historia, y que no fuesen horas sexagesimales sino canónicas las marcasen los tiempos...
Pero no podrán, amigo mío. No podrán.
Quizá sea pronto para un vino, pero nunca lo es para un oporto... ¿me acompañas?
Un cordial saludo

8 Junio 2007 | 09:47 AM

theo

theo dijo

MARILIENDRE,

Bienvenida! Gracias por esa aportación! Confieso que no es invento mío asociar adjetivos inesperados a sustantivos... el expresionismo alemán abrió ese camino con brillantez, sólo recojo sus frutos... Vassili Kandinsky, en una de sus obras teóricas sobre el color y la abstracción, recogía una anécdota de un psiquiatra amigo suyo, que narraba cómo un paciente, de refinada cultura, clase alta, despierta sensibilidad, en la fascinante Alemania guillermina, acudió a pedir ayuda porque estaba preocupado: una salsa le sabía azul!

Las fiestas de mi pueblo huelen a amarillo y negro...

Un abrazo y muchas gracias por la visita! Ponte cómoda y tómate algo con nosotros... Café, té o tal vez una copita de oporto?

8 Junio 2007 | 09:51 AM

montevideana

montevideana dijo

Theito.....nop......por las mañanas prefiero muchas cosas, de las que prefiero no hablar......ja ja es que....estoy en èstos dìas teniendo unas charlas que me dejan muy cachonda y vengo del blog de Eros que ni te cuento...si podès pasate y lee el de la Discoteca impresionante...
Bueno a lo nuestro.....por las mañanas Café con leche y un vaso de agua o jugo puede ser naranja-durazno-pera ,no importa, algo fresco para mi garganta aunque haya 20º bajo cero, que yo siempre tengo calor.
Una fruta puede ser manzana y a media mañana el mate por el reeeesto del dìa hasta que mi gastritis me diga para Caro para....ja ja
El cuento sabìa desde el comienzo que era tuyo, es que como acà son todos tan cultos, no quise decirlo porque a lo mejor era un cuento de algùn autor de esos grossos y yo pecaba de ignorante nuevamente, entendès?? ja ja
Buen vienes.
Besitos.
Caro.

8 Junio 2007 | 04:57 PM

isabel61

isabel61 dijo

Bueno!. También podría ser Orbajosa. Ese microcosmos imaginado por Galdós con su habilidad para inventar topónimos "Orbajosa", urbe-ajosa o urbe-añosa, por la que paseaba su Doña Perfecta controlándolo todo, hasta que llegó Pepe Rey creyendo que iba a cambiar no sólo la mentalidad de la gente sino también sus costumbres.
Orbajosa y Vetusta quedan muchas en nuestra geografía y por ellas nunca pasará el tiempo.

9 Junio 2007 | 10:14 AM

theo

theo dijo

ISABEL,

He leído poco de Pérez Galdós; no es su prosa una de mis favoritas. Pero es cierto que Vetustas hay muchas, como Obabas y Yocknapatawphas... Porque este país no se acabará de arrancar el pelo de la dehesa jamás, y media España huele a casino provincial...

Un beso y gracias por pasar por aquí (y por enriquecer mis referencias)

11 Junio 2007 | 02:21 PM

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Sobre mí

Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación. Free Web Counter personas han visitado este blog y yo sigo eperando a Godot
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