http://www.gkif.de/mp3/02%20Ein%20Politiker%20hat%20keine%20Liebe.mpga

Magnífica y divertidísima canción del compositor de cabarets y bandas sonoras alemán Fritz Kreisler:
"Un político no conoce el amor,
un político está casado"
"Un político no conoce el amor,
un político ya tiene el poder"

Y reflexión necesaria tras la borrachera electoral; como de costumbre, todos han ganado. Escuchar a Izquierda Unida o a Esquerra Republicana decir "Nosotros no hemos ganado" es ya un tópico electoral más, casi del mismo calibre que las frases periódisticas "la fiesta de la democracia" o "marco incomparable" o la imagen de la monja depositando su voto. Porque todo es imagen, unas más afortunadas que otras, porque, sin duda, ver a Simancas y Sebastián disfrazados de chulapos en San Isidro, como una versión castiza y desbigotada de los incompetentes Dupondy Dupont no fue precisamente un espaldarazo a sus candidaturas. Porque el PP barre en Madrid. Incontestablemente. Como en Valencia. O en Murcia.

Y esto nos lleva a otra reflexión. ¿Qué diablos ocurre en España? Los alcaldes levantinos imputados en delitos relacionados con el urbanismo han barrido en sus reelecciones. Parece como si, citando una afortunada frase de una desafortunada película, El jardín de la alegría, "nos alegra observar que sigue la tradición local de sentir el mayor de los desprecios por la ley". Quevedo observaba como "unos roban por la honra de no pedir;otros roban por la honra de no robar. y así, todos andan deshonrados" Porque que el trabajo es un castigo divino está marcado a fuego en nuestro subconsciente colectivo, y la realidad, empeñada en recordarnos la imperfección, no sólo mantiene, sino que acrecienta esa idea. En este país, trabajando no medra nadie; quien más hora gasta, menos gana... ¿cuántos mileuristas hay con título universitario? Y no es que estén trabando de reponedores en el Carrefour (con todos mis respetos), que no se requiere demasiado especialización, sino que están trabajado con esa figura ficticia creada ad maiorem pecunaiam del empresiario: el becario en prácticas. En otra vuelta de tuerca a la explotación inmisericorde a que se somete a esta generación cualificada como nunca en la Historia de España, hay administraciones públicas que convocan oposiciones para becario de sus departamentos, donde se superan duras pruebas para ocupar un puesto de responsabilidad con unos ingresos de mierda durante tres o cuatro años. Sin comentarios.
¿Cómo no van a arrasar en cualquier elección esos alcaldes carpetovetónicos que cumplen con la atávica aspiración celtíbera a hacerse rico de un golpe de mano? Bismarck aconsejaba no decir la verdad más que para fanfarronear, y estos ediles se pasean a bordo de un 'haiga' apenas más pequeño que su ego cuando cuatro años antes no tenían donde caerse muertos. Nadie duda de su honradez, porque todos saben que no lo son, pero en un país donde la testosterona se admira más que otra cosa (en fútbol no he oído nunca apelar a la técnica o en buen juego, sino a la raza, la garra y los cojones), "aprobar por mis huevos lo que me sale de los huevos" es garantía de éxito. Porque tenemos una querencia por palabras gruesas que no oculta sino la pobreza de nuestro razonamiento y, por ende, nuestra fragilidad democrática.
La abstención ha sido elevada. Ayer, un importante líder de CiU aludía a que el hecho de que por pactos post-electorales se alce con el gobierno quien no ha ganado descorazona un poco al electorado, que le hace creer que para qué votar; eso mismo he leído hace poco que decía una compañera blogger en un post de Solounpoco. Quizá sea en parte cierto, pero creo que es un análisis superficial. Que el cambalache postelectoral cree extraños compañeros de cama decepciona porque el votante percibe que al político sólo le interesa la política, conseguir y mantener el poder, que traicionará todo lo traicionable en su camino. Durante la campaña (que duran unos seis meses), se insulta sin compasión, y al día siguiente se sonríe y se brinda... Este es el verdadero problema, que el ciudadano no percibe que el político responda a ninguno de sus verdaderos problemas. Ayer, ante la abstención elevada, se propuso modificar la ley electoral; casi parecía un sarcasmo: en lugar de reflexionar sobre qué se está haciendo mal, se vuelve al ombliguismo ya trasladar el debate político de la realidad cotidiana al etéreo mundo de "yo y mi mochila". De repente, aparecen anomalías, como PXC en Cataluña, "Plataforma per Catalunya", partido de extrema derecha con postulados abiertamentes xenófobos y racistas que da dos recetas fáciles sobre inmigración y obtiene un alarmante segundo puesto en localidades con bastante relevancia regional. Mientras, los 'partidos tradicionales' siguen inmersos en sus tautologías de listas abiertas o cerradas, estatut si o no, sin ver que les están empezando a segar la hierba bajo los pies.
Por cierto, no es buena idea hablar de ello recién salidos los resultados, sobre todo si a quien estás besando en la nuca ha votado a CiU y sigue creyendo que les han robado la Generalitat... El sofá, os aseguro, es muy incómodo.