El monacato cristiano nace en Oriente, en la huida al desierto. Tiene mucho de eremita (san Antonio, san Simeón el estilita), aunque también de cenobítico (san Pacomio). Cuando esta corriente llega a Europa, no hay desiertos donde retirarse, al menos no desiertos en el sentido estepario de los ascetas orientales. Pero en una tierra que ha sufrido una brutal contracción de la población desde el siglo III por crisis políticas, económicas, climáticas... invasiones, epidemias, hambrunas... las aldeas son islotes en medio de enormes extensiones despobladas. El desierto en Europa es el bosque y el mar. No hablaremos ahora de la evolución del monacato europeo, pero quede señalada esta primera concepción del mar como desierto, como lugar de penitencia; Lérins, Lindisfarne... las primerar comunidades se asientan en islas o en inhóspitos acantilados.
Durante un tiempo, como cita Michel Mollat du Jourdin Europa y el mar, ed Crítica, el canal de la Mancha se vio libre de peligros, y Alcuino pudo tranquilizar a Pipino diciendo que un barco 'Es una casa en el mar, un camino que no deja rastro'; menos de cincuenta años más tarde, esto había cambiado completamente. Pero el Mediterráneo, el que fuera lago romano, es hervidero de corsarios y enemigos; la flota bizantina controla hasta el siglo XI los mares orientales desde sus poderosos dromones, en cuyo puente, además de arqueros, se instalan catapultas y sifones para el temible fuego griego; pero los mares occidentales son hervidero de corsarios y enemigos, sarracenos que desde sus bases estratégicas asolan las costas en busca de botíny esclavos: Tortosa, Mallorca, Sicilia, Cartagena, Provenza... Los hombres del norte, desde sus magníficos Knorr (por favor, la palabra drakkar es un absurdo para designar esos barcos) no sólo llegan a las costas inglesasy se instalan en el norte del reino, el Danelaw, la 'ley danesa', sino que remontan los ríos, atacan las abadías, asedian París y llegan hasta Constantinopla, a la que llaman Tsarograd, "La ciudad de los emperadores". Hermoso nombre. En otro momento hablaremos de los vikingos, más hábiles comerciantes y marineros que guerreros, sin duda alguna (BOYER, Régis: La vida cotidiana de los vikingos, ed. Olañeta), pero que no desdeñaban el saqueo si el botín era fácil, como en las grandes abadías inermes... Los cronistas monásticos, los únicos que dejaron por escrito sus pánicos, transmiten una exagerada visión de estos hombres del Norte, pero sin duda la sensación de vulnerabilidad era genuina.
Morada también de monstruos terribles, algunos de herencia bíblica, como el Leviatán; otros, de tradición pagana, como el Kraken... el imaginario medieval dibuja un mundo terrible más allá de sus costas. Pero, y de nuevo la ambivalencia, también se sueña desde la hambruna con un mundo ubérrimo en ultramar; los griegos ya situaron las Islas Afortunadas, donde las Hespérides tenían su jardín, más allá de las columnas de Hércules, y hay quien dice que son las Canarias... O el país de la Cucaña, donde los panes crecen en los árboles y las gallinas vuelan asadas... Países que visitan viajeros legendarios, siendo el primer quizá San Brandán, patrón de marineros y cuya fiesta es hoy, 16 de mayo.

La Navigatio Sancti Brandani, redactada en los siglos X-XI, narra el legendario viaje del abad irlandés de Clonfert. Históricamente, conocemos la labor evangelizadora de esos monjes que, a bordo de sus curraghs se lanzaron a la mar a llevar el Evangelio a todas las tierras, excepto a sus vecinos anglosajones, a quienes no querían encontrarse en el Paraíso. Brandán siente una necesidad inexplicable, y decide buscar consejo en un ermitaño que habita en el bosque, Barinto. De nuevo, tenemos el tema mítico del hombre salvaje que inicia al héroe en su labor trascendente, tema recurrente en la literatura céltica de que se nutre la leyenda de San Brandán. Buscando a su ahijado Memoc, que embarcara años atrás, Barinto había vislumbrado en la lontananza el Paraíso, y así lo narra a Brandán, que con 14 monjes se embarca siguiendo la ruta de Barinto.
La ruta de San Brandán lo llevó primero a una isla deshabitada, "

"Dejan amarrada la nave, desembarcan todos y van siguiendo un camino, que les lleva a buen lugar: conduce derecho a un castillo, tan grande, tan hermoso y lleno de riquezas, que parecía residencia real o riquísimo feudo de algún emperador.

Al penetrar dentro de las murallas, todas talladas en duro cristal, ven un palacio, cuyas mansiones estaban todas edificadas con mármol; ninguna estaba hecha de vulgar madera.

Deslumbrados quedaron por las piedras preciosas, engastadas con oro en las paredes, pero una cosa singular les desagradó y es que en aquella ciudad no había ni un sólo hombre. "

En esta isla, siempre había comida preparada, pero no se llevaron nada más de lo que necesitaron para saciar el hambre, ni una sola provisión. uno de los monjes cayó en la tentación de robar un grial y, tras confesarlo y recibir la absolución, murió.

Tras un año, arriban a las costas de la 'Isla de las Ovejas', justo el Jueves Santo, de donde son invitados a celebrar la pascua a una isla cercana,la Isla de San Brandán, que no es más que el lomo de la ballena gigante Jasconius.
»Esta bestia fue creada por el rey divino, en primer lugar, antes que los demás peces del mar.»
Arriban después a la Isla de los Pájaros, Paradisus Avium, el lugar donde, convertidos en pájaros, moran los ángeles que, si bien no se revelaron, continuaron sirviendo al Ángel Caído. Aquí tenemos otro elemento de los mitos germanos y célticos cristianizado y reescrito, pero fácil de seguir: el hamr, la 'forma' del alma; el pájaro es una forma positiva, indica un alma benévola o, al menos, amiga. Pero tampoco aquí habrán de permanecer mucho tiempo...