Bueno, esto es sólo un esbozo de un artículo algo más extenso sobre el tema. El título ha sido una adaptación de la obra de Jacques LE GOFF Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval. Con este título se pretende señalar que son dos esferas en permanente contacto, con transferencias de una a otra, que enriquecen la percepción de la realidad.
¿Qué es el bosque en el Occidente medieval? Para el hombre de la Edad Media es tanto la densa foresta que cubre casi toda Europa central como el bosque bajo mediterráneo salpicado de carrascas, robles, tejos o pinos; tanto las densas selvas escandinavas como las dehesas extremeñas. No es paisaje, sino vida. En la economía campesina, el bosque no es un complemento, sino que bosque y campo son dos elementos inseparables; cuando el equilibrio entre uno y otro se rompan, devendrá la mayor crisis demográfica que ha sufrido Europa en más de 1200 años. En los cartorales monásticos aparece ya estereotipadas las fórmulas 'cultus et incultus', 'cultus et saltus' y variantes parecidas: 'lo cultivado y lo no cultivado', 'los cultivos y el bosque'. El campesino no es agricultor; en castellano, campesino proviene de campo; en francés, paysan, viene de pays, comarca, terruño; el inglés toma peasant del francés; en catalán, pagès viene de pagus, campo, terruño en latín... Porque el campesino medieval es mayoritariamente agricultor, pero también ganadero, y un importante cazador-recolector. Porque, ya sin citar las grandes hambrunas del siglo IX-X citadas por BONNASSIE Del esclavismo al feudalismo (ed. Crítica), poco antes de la cosecha, las reservas están casi agotadas y es una época de carestía que se solventa con lo que se recolecta en el bosque. El bosque es también donde se pastorean cerdos, cabras y ovejas; donde con lazos u otras trampas pueden atraparse conejos o pequeñas aves, un complemento proteico para una dieta esencialmente cerealista; es donde se busca la madera, no sólo combustible, sino elemento constructivo esencial, porque de madera son vigas y pilares, correas, solivos, tejados; de madera se hacen las paredes de la casa campesina y muchas veces se cubre también de madera. El aumento de población continuado durante tres siglos, pero sin apenas mejorías técnicas, hará que se pongan en explotación agrícola tierras no aptas, que se roturen bosques, rompiéndose el equilibrio esencial; la mayor parte de la población europea del siglo XIII tiene graves problemas de malnutrición; el inicio de un empeoramiento climático en el primer cuarto del siglo XIV, con las consiguientes malas cosechas, dejará al límite de sus fuerzas a una población siempre al borde de la subsistencia. La peste negra encontró un buen caldo de cultivo. En las crónicas catalanas del reinado de Pedro el Ceremonioso, al año 1333, el primero de una serie deaños de malas cosechas y hambrunas antes de la gran crisis de 1348 se le denomina "Lo mal any primer", "El primer mal año"
La relación espiritual con el bosque es ambivalente. Es necesario para su economía, y defenderán sus derechos sobre la explotación del bosque con uñas y dientes cuando la rapiña señorial permita limitarlos o incluso restringir su acceso. Pero también lo temen. El bosque no forma parte del paisaje medieval, es el paisaje medieval. Hasta el siglo XIII, en que se rotura lo que no debería roturarse, con las trágicas consecuencias que hemos esbozado, los campos de cultivo, las aldeas, son claros en medio del bosque. El bosque da miedo, es un lugar no civilizado, muchas veces no cristianizado; los antiguos dioses campesinos, los que aún son adorados en los Pirineos en el siglo IX, son lentamente expulsados del pueblo al bosque; allí habitan los cruces de caminos, las fuentes, los ríos... allí los campesinos acuden a dejar flores y alimentos... a veces los cristianizan, pero manteniendo cultos en absoluto ortodoxos, como Saint Guinefort... El bosque es lugar de marginados: los pastores, trashumantes, no participan de la civilización, que es sendentaria; grupo aparte, son mirados con temor y con envidia por un campesino atado a la tierra, incapacitado jurídicamente para abandonar su tenencia. Son marginados también los carboneros, aquellos que de la madera obtienen carbón vegetal... El tabú del negro les afecta especialmente, por la piel empecinada por su oficio; tienen sus propias comunidades, en el bosque, sin señores ni parroquias,casi asilvestrados.
Porque el hombre salvaje es fundamental en el imaginario medieval. Como en el griego lo es el centauro, medio hombre medio animal, el hombre medieval del bosque, medio hombre, medio animal, es el puente entre el mundo visible y el invisible; es el que introduce a los héroes literarios (que no son sino héroes del imagianrio colectivo) en su misión trascendente. Porque no hay aventura que no ocurra en un bosque, donde los dioses antiguos aún moran, donde la magia habita en los manantiales y cuyos secretos solo conocen el moderno centauro, el hombre que abandona la sociedad y se adentra en el bosque. El hombre salvaje (o su versión más cristianamente ortodoxa, el eremita) conoce lo que a ningún otro hombre le ha sido revelado y lo enseña al héroe. Y la fuerza de este elemento mítico es tal que sigue vivo, bajo múltiples disfraces, en obras contemporáneas: Obi Wan y Yoda, refugiados en planetas inóspitos, en 'bosques' son los que introducen al héroe en su misión, Hagrid en Harry Potter, los hermanos lacustres que guían a Bran en Canción de Hielo y Fuego. O el propio Gollum (con una carga mucho más negativa) en el viaje por Mordor.