Kuragin escucha a Bach
"El gato es inquietante, no es de este mundo. Tiene
el enorme prestigio de haber sido ya Dios." (GARCÍA LORCA, Federico: Canción novísima a los gatos)
Kuragin y yo nos conocemos desde hace un año. "No es bueno que el hombre esté solo", dijo Yahve Dios (Gn. 2, 18), así que tras seis meses de luto por la muerte de Plisetsvkaya decidí rehacer mi vida junto a otra gata. Mi hermana me ofreció cederme a Henry en adopción, pero mi Plisetsvkaya era asu gato británico lo que Hiperión a un sátiro... No tengo nada contra Henry, pero un gato patoso me parece un contrasentido excesivo (Henry sigue con la cabeza el vuelo de las palomas hasta caerse del muro; parece Peter Sellers en la Pantera rosa), incluso para mí. Plisetsvkaya no era la primera rusa azul con quien compartiera tiempo, espacio y manías, pero sí la que más tiempo ha vivido conmigo. Mi novia de entonces y ella tenían algo en común: se detestaban elegantemente.
Plisetsvkaya murió. No merece la pena entrar en detalles. Un fría mañana de diciembre cerró los ojos y aquella noche ya no volví a ver su pupila verde desde lo alto de la librería. Al menos, se fue con las primeras nieves, como la princesa rusa que era.
En mayo, volví a la tienda que me la vendiera; buscaba otra rusa azul; me encanta esa raza, silenciosa, juguetona, cariñosa... Tampoco quería un gato, prefiero una gata; mi novia quería un perro, pero mi piso es muy pequeño y un perro, si no es un dogo alemán o un mastín, no es un perro... Había una camada nueva de azules rusos, pero ninguno tenía los ojos de mi bailarina... Fedor era lindo, pero demasiado ruidoso; Natasha tenía un inquietante ojo de cada color, Boris un nombre demasiado vulgar... Con cierto desánimo, estaba por visitar alguna otra tienda cuando mis ojos se encontraron con los de Kuragin... eran los ojos de mi Plisetsvkaya, su brillo, su complicidad... No eran verdes sino azules, no era gata sino gato, no era azul ruso, sino noruego de los bosques... pero Kuragin era lo que buscaba sin saberlo... Esa misma tarde concedió venir a vivir conmigo.
Mi novia no tardó en convertirse en mi ex; no es culpa de Kuragin, por supuesto, no necesito ayuda de nadie para estropear una relación,
"Así he vivido yo, con la vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás mehe equivocado en nada,
salvo en las cosas que yo más quería" (ROSALES, Luis: Autobiografía)
En esos momentos tristes (todo lo que se acaba es triste, aunque fuera la crónica de una muerte anunciada) recurro a Bach... quizá por ser lo que estuvo escuchando los meses de su infancia, Kuragin mueve la cola cuando suena Bach, todavía ahora. No lo hace con nadie más, sólo con Bach.
No es difícil vivir con Kuragin; mis períodos de misantropía suelen coincidir con los suyos; yo me encierro entre los libros y él desaparece bajo la cama, y ambos respetamos nuestro espacio y nuestro tiempo vital. Cada noche sale a visitar a sus damas, y jamás importuna a la que pueda visitarme a mí, aunque le gusta echarse a mis pies al regresar de inspeccionar los tejados y hacer de Don Juan, y eso ha provocado la alarma de mi compañera... Pero a la mañana siguiente ella se va y quedamos Kuragin y yo, desayunando y leyendo el periódico, disfrutando de nuestra soledad elegida y compartida, sin dar ni pedir explicaciones. Tan sólo me pide un capricho: algo de salmón ahumado de vez en cuando, salmón noruego, por supuesto.





Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.

theo dijo
No quería hacerte llorar! Comprendo lo que quieres decir; a Thessa, mi primera rusa azul, tuve que regalarla a los seis meses de tenerla porque compartía piso y los nuevos compañeros se negaban a que hubiese un gato... Una lástima, hubiese sido mucho mejor compañía que esa jauría de bárbaros...
De niña, Plisetsvkaya practicaba escalada en las cortinas y me las destrozó; con Kuragin, aprendí a manejar una pistola de agua con que hacerle abandonar esa costumbre antes de que ya fuese hábito... ha sido muy eficaz, casi no rompe nada. Y lo que pueda romper, tampoco es irremplazable. Besos!
10 Mayo 2007 | 04:16 PM