La Coctelera

Categoría: Carlos

Leroy Merlin un sábado por la tarde

¿Habéis ido alguna vez a Leroy Merlin un sábado por la tarde? Es un viaje a la tierra del tópico, la versión moderna de la quevediana Visita de los chistes... aunque este mundo es monte, y todos somos Enzinas.

Dicen que Ikea y Leroy Merlin son lo mismo... ¡Nonononono! Aunque ambos parten de la idea del 'hágaselo usted mismo', se dirigen a dos mercados diferentes. No sólo diferentes, sino opuestos, porque uno se imagina al dependiente de Leroy Merlin con camisa de cuadros y lápiz de carpintero en la oreja, mientras que esperas ser atendido en Ikea por una lánguida walkiria. Y es que Leroy Merlin rezuma virilidad y testosterona, una mezcla entre aire yankee de suburbio residencial y suficiencia celtíbera del tipo "esto lo hago yo con la punta del rabo en dos tardes"- Los suecos dirigen su publicidad al urbanita que tiene que llamar a un técnico para cerrar una llave de paso, pero que ha oído algo de que el diseño es lo más de lo más. Y aquí es donde el círculo se cierra de nuevo, porque la publicidad de ambos se basa en mentir a sus potenciales clientes. Ikea ha hecho bandera del fácil montaje para atraer a todos aquellos para quienes el destornillador de estrella será algún tipo de combinado con vodka, aunque puedo juraros que, tras dos horas intentando montar una papelera muy mona de esas de tapa que se acciona con el pie que me trajo X, dos horas intentando descubrir por dónde debe meterse la barra no sé qué y qué agujero con el muelle... bueno, la papelaera está sin tapa y tan tranquilos; aún gracias que no la tiré por la ventana. Leroy Merlin, en cambio, se afianza en el mercado desde la separación del trabajo por sexos, alimentando la vanidad masculina en al falsa creencia de que el cromosoma Y tiene el gen del bricolage. Por no hablar del inmenso daño que Bricomanía ha hecho en los hogares españoles.

A la siete de la tarde llegué con X a Leroy Merlin, que quería comprar unas plantas, y abono y no sé qué más para su padre, y quería que la acompañase. No sé para qué, si de plantas no sé nada, a no ser que fuese para empujar el carrito, que es lo que era. Aunque esa tarde hubiese dado positivo incluso para empujar carritos, porque venía de desayunar con el Club de la Buena Vida.

Sí, habéis leído bien. A las siete de la tarde venía de desayunar. Un grupo de conocidos con intereses comunes en lo esencial creamos este club hace una año, y una vez al mes, más o menos, nos encontramos; bodegueros unos, enólogos otros, algún catador, más de un escritor... bon vivants todos. Uno o dos se encargan de la logísitica de cada reunión y, el resto, de los vinos, cavas.... yo me encargo de los puros. El sábado a las ocho de la mañana, Carlos me vino a buscar.

-Pasaremos primero por la masia de Mas Codina, que les compraré una caja dell Cavernet del 2004, y después iremos a recoger a Miquel Luján, que no sabe dónde vamos.

-Yo tampoco.

-Aquí cerca, a Sant ***. Félix ha pedido que nos dejen las bodegas del castillo para desayunar, y en el horno de leña de la panadería del pueblo nos han preparado el desayuno.

-Perfecto. ¿Qué desayunaremos?

-Cordero. Antonio los ha traído de Aranda.

Y cordero desayunamos. Primero, a la manera castellana, asado al horno con algo de agua; después, a la manera montañesa, asado en su propia grasa (la de los riñones, concretamente) y, de postre, cordero asado a la morisca, con miel y hierbas aromáticas. Quince personas nos comimos dos corderos (pequeños, de unos diez o doce quilos cada uno) y el vino... por cosechas. Mario trajo Blue Montain, Lorenzo un ron de la Martinica, añejado en barricas de roble francés y los Montecristo que puse yo para acabar.

-El desayuno del sábado es el último reducto de la masculinidad -sentenció Antonio-. Porque ya no nos quedan ni el fútbol ni los toros.

Repletando los últimos rincones, a eso de las tres de la tarde, descubrimos un piano en la bodega, Cristóbal bajó una guitarra y cantando a Serrat y bebiendo cava nos dieron las seis. Lo primero que hicimos los quince al salir fuera, después de ponernos las gafas de sol, fue llamar por teléfono.

-Perdona, cariño, estábamos en una bodega y no había cobertura -fue la frase unánime, con quince variantes.

Y así, con el espíritu alegre, el verbo brillante y el Edmundo en los labios asistí a mi primer encuentro con otro reducto de masculinidad con que no contaba Antonio. Hileras interminables de hombres, en traje de sábado -chándal- trajinando sacos de cemento, cargando cajas de baldosas, enrollando mangueras... y todos hablando, y discutiendo sobre si el rácor es de dos pulgadas o dos y media, si la baldosa rectificada o no....

-Yo me monto esta campana en dos patadas.

-La parienta quería cambiar el baño y yo le dije "¿para qué vas a llamar a un paleta, que te cobrará cinco o seis mil euros, si puedo hacerlo yo?" Y aquí estoy, con mi cuñao -esta frase SIEMPRE tiene un corolario dos meses más tarde, cuando 'la parienta', harta de ver el baño sin terminar o que no funcione, llame al paleta y le pregunté: "¿cuánto me cobrará por arreglar este desastre?"

-Yo voy a aprovechar el tiro de la campana pa meter una barbacoa -y después no va a haber accidentes. ¿Le ha prenguntado a alguien si el hueco de ventilación de la cocina no es también hueco de ventilación de la caldera? He aquí otro candidato a salir en las noticias...

A los diez minutos, la castaña ya se me había pasado y estaba al borde de la histeria. Otro compraba tubos de cobre, sin duda para hacer un apaño en la caldera... el de más allá no sé qué, otro pontificaba sobre la virtud del Sika para sellar las juntas (generalmente cierto, pero ese Sika concreto sólo trabaja bien en presencia permanente de agua). Uno venía con sacos y sacos de mantillo para hacerse un huerto en la terraza, "Que lo he visto en la tele"

En medio del colapso, cuando le decía a X por qué creía que era mejor el bambú negro si el jardín estaba al norte, se me acercó un viejo que creyó que yo era el encargado, con la grosería que sólo cabe esperar de un viejo en chándal.

-¡Oye! Que quiero cambiarme la caldera, pero no encuentro una llave de dos pulgadas y media

-¿Pulgada romana o carolingia? -pregunté, con mi mejor sonrisa. Cuando el hombre se giró, desconcertado, agarré a X y salí pitando de allí.

Vamos a ver. ¿Acaso yo hago programas de televisión sobre cómo operar a corazón abierto en tu casa? "Pues le pones esta anestesia, que consigues en tu farmacia, coges la sierra del siete, le cortas el hueso roto y preparas una prótesis de titanio, de esas que encuentras en Cirumanía; un par de tacos y la pierna lista para correr la Marathon de Nueva York, oye. Fácil, fácil". Toda familia tiene un 'manitas' familiar, que está convencido de que nació con la Black&Decker al costado, como un colt, por más que la realidad se empeñe en convencerlo de lo infundado de su creencia, que no tiene manos, sino muñones. Da igual. Su fe en sus cualidades bricolagísticas es inquebrantable. Este personaje suele ofrecerse a hacer cualquier tipo de chapuza, para hijos, sobrinos, amigos... y claro, como nunca cobra, 'le debes una'... ¡Rayos! Sin cobrar sale más caro que un profesional... por no contar el coste de reparar el desaguisado, claro. Y eso sin contar que monta un baño donde no hay bajante, o corta un tubo de ventilación, o cambia una caldera sin tener ni idea de cómo se hace... Y después hay accidentes. ¿la culpa? Del arquitecto, claro, que no tiene ni idea.

Una visita inesperada

El sábado, a las ocho de la mañana, llamaron a la puerta. X, con la cabeza bajo la almohada y la voz pastosa de quien se ha acostado a las cinco tras un heroico consumo de Vodka con naranja, sugirió
-Sea quien sea, rómpele las piernas. Lo consideraré un regalo de Navidad. ¿Tienes resaca?
-No, sólo me duele un poco la cabeza
-A eso se le llama resaca.
-No. Resaca es lo que tienes tú, con tu Smirnoff con naranja; yo, que me pasé la noche con malta de 18 años, sólo estoy indispuesto.
-Todavía estás medio perjudicado.
-Eso sí puede ser.
-¿No vas a abrir?
-Ya se cansarán de llamar. No espero a nadie.
-Puede ser algo importante.
-Sí, seguramente es el rey de Bélgica que viene a pedirme que forme gobierno... debo ser de los pocos a quien no se lo ha pedido todavía.
-¿Sabes flamenco?
-No, pero te puedo cantar una saeta...
-No estás suficientemente perjudicado. Siguen llamando.
-Haz como yo, piensa en otra cosa...
-¿Y tus vecinos?
-Buena idea. Que llamen ellos a la Policía. Ahora suena el teléfono...
-Creo que hoy me haré creyente, Theo, porque sólo un dios terrible y cruel puede hacerme esto con mi resaca...
-No es un dios terrible y cruel. Es peor. Es mi hermana. Dice que está llamando abajo y que no le abre nadie.
-¿Tu hermana? -X se despejó de repente- ¿Y cuándo ibas a decirme que venía?
-¡Cuando lo hubiese sabido! ¿Te crees que yo tenía la más remota idea?
-¡Mierda! ¿Qué pensará de mí?
-Que estás borracha
-De putas habló 'La Tacones'
-Pues eso, pensará que hacemos buena pareja...
-¿Dónde está mi ropa?
-Desde el vestíbulo al salón, como la mía. Ya la recojo, no grites...

Apenas acababa de ceñirme el kimono con el obi y echado encima el haori cuando ya aporreaba la puerta mi hermana.
-¡Buenos días, dormilón! ¡Llevo levantada desde las cuatro de la mañana!
-Yo también estaba levantado a las cuatro de la noche. ¿Por qué no me avisaste que venías?
-Porque queríamos ir a Praga, pero no había vuelo. ¿Molesto? ¿Te ha visto Ancalagón de esta guisa? Porque entonces estará seguro de que eres gay.
-Hola -saludó tímidamente X desde la puerta del dormitorio, envuelta en el edredón como en toga senatorial
-Ah... hola... vaya. Bueno, ahora papá no pensaría que eres gay. ¿Os he despertado? -se medio disculpó mucho más comedida.
-No, nos gusta ponernos cómodos para hablar de mitología sumeria. ¿Y tus maletas?
-¿Maletas para un fin de semana? Sólo hemos traído una mochila, y ahora la sube Jacques, que buscaba dónde aparcar. Espera, que saco a Henry.
-¡¿Cómo que has traído a Henry?! ¿Y Kuragin?
-¿Qué querías que hiciese? No podía dejarlo solo en casa, me destroza las plantas... Y las de marihuana ahora están preciosas. A punto para la cosecha...
-¿Fumas hierba? -intervino X, algo más interesada.
-Pero sólo la que nosotros cultivamos en el jardín de casa. A Jacques se le dan muy bien las plantas, y su departamento está cerca del de botánica experimental y de vez en cuando trae fertilizantes muy buenos. Pero claro, no he me atrevido a traerla en el avión...
-M*, te estás haciendo mayor. Empiezas a pensar antes de hacer las cosas...
Apenas vio a Henry, Kuragin empezó a resoplar con gran dignidad. Henry no es un gato, es un oximoron,un oprobio para su especie, que sigue siendo tan patoso como cuando le conocí hace más de un año. Su momento de gloria fue encaramado en el muro del jardín de mi hermana, seguía con la mirada el vuelo de una gaviota hasta caerse... Plisevstkaya se habría desmayado de la vergüenza. Desde entonces, puedo esperarme cualquier despropósito de esa bola de pelos a rayas grises y negras. Además, mi hermana cree que los animales deben ser criados 'naturalmente', eufemismo para señalar que Henry está del todo asilvestrado; todos en mi casa (Kuragin y yo) nos congratulamos de que no tenga hijos en los que aplicar sus peregrinas teorías educativas.

Preparé un poco de foie a la plancha (lo único que tenía en la nevera) con lo que quedaba de compota de manzana del viernes ante el desconcierto de Jacques.
-X, ¿puedes descorchar un Rosell Mir?
-¿Cava para desayunar?
-¿Qué tiene de malo? Mientras no pretendas mojar magdalenas, que no hay... Es de Chardonnay y Pinord Noir.
-No había tomado nunca cava para desayunar...
-Ni Smaug oporto.Tenéis las dos una vida muy aburrida. Si queréis, dormís un poco mientras voy a comprar.
Ya en la calle, X sonreía.
-Es divertida, tu hermana. Os parecéis muchísimo y no os parecéis en nada, ella tan hippy y tú con tu bombín...
-Es un homburg
-Lo que sea. Pero detrás de esa parafernalia que os habéis construido cada uno, sois iguales. ¡Si hasta vuestro tema de tesis es el mismo!
-¿Cómo?
-¿No te has dado cuenta? Estudiáis lo mismo, tú en la Cataluña medieval y ella en las sociedades primitivas contemporáneas. Jacques es muy joven, ¿no?
-No es tan joven como parece, tiene 26 años... cuatro menos que mi hermana.
-Vaya. Parece que está en los genes!
y con una sonrisa, me besó. El fin de semana iba a ser como una película de Houston: empezar con un terremoto y, a partir de ahí, subir en intensidad.

Los negocios de la señora Qualavons

Esta semana, he tenido invasión de dragones. Con una memoria digna de mejores causas, en su auditoría han localizado todas los libros nuevos de la biblioteca y las nuevas piezas de la colección; moviendo la cabeza con la misma desesperanza que el padre de Goytisolo, han murmurado la versión montaraz del "este niño no sirve, no sirve para nada", que son las infinitas variantes del "nunca ahorrarás nada, nunca tendrás nada".
-¿Y este gorro de gendarme? Si al menos fuese de tu talla -empezó mi Ancalagón, escudriñando quién sabe qué en las marcas bastante visibles del fabricante.
-No es un 'gorro de gendarme'; en un kepis de oficial de infantería austro-húngaro. Y no necesito que sea de mi talla porque no pienso ponérmelo...
-Entonces, ¿para qué lo quieres? ¿Quieres empezar una colección?
Ahí yo me rendí... en cualquier rincón de la casa hay muestras de mi interés por el período entre 1870-1918: condecoraciones, cascos, gorras, abrigos, sables, bayonetas... incluso un viejo revólver ruso de 1910 oculto en un cajónque regresó a su lugar a los pies de Ajmatova y Mandelstam cuando mis dragones volaron de vuelta a su nido en las montañas... Para cualquiera sería evidente que la colección está ya consolidada, menos para mis padres, que en cada pieza encuentran solo trastos, polvoy una forma nueva de dilapidar mis parcos ingresos.
-¿Y esta pulsera? ¿Ahora te da por eso? -porque no hay cosa que más aversión le produzca a Ancalagón que cualquier palabra, pensamiento, acto u omisión que pudiera interpretarse lejanamente como sospechoso de amaneramiento, sin importar lo retorcida y cogida por los pelos que tenga que ser la interprentación.
-Es un regalo para A... (mi hermana).
-A tu hermana no le van estas cosas.
-Yo creo que es bastante su estilo. Además, es muy antiguo, es sasánida -lo confieso, son malvado, utilicé el adjetivo sabiendo que ni lo conocía ni le interesaba lo más mínimo, pero mi paciencia estaba agotándose.
-¿Quieres decir que es tan antiguo? -puso un gesto de escepticismo y soltó el bracalete de plata y lapislázuli como si no fuese más que una burda imitación. Podría haber dado más explicaciones, pero esta conversación-interrogatorio se producía mientras intentaba acabar de leer unos textos en latín para completar unas tablas antroponímicas del siglo XI y mis nervios estaban al borde del colapso.
Siempre dejan dos días engañosa tregua antes de arrancar con la auditoría; así que cuando las visitas son de fin de semana, transcurren casi con armonía; pero ¡ay, si se alargan! Ahí es el crujir y rechinar de dientes... Así que el sábado por la noche, inmisericordemente diseccionada ya toda mi vida -mi alimentación, mis hábitos de sueño, mis gastos, Kuragin-, no tuve ningún remordimiento al anunciarles que cenaría con unos amigos. La cena, en realidad, era un cena de negocios que Carlos había organizado.

Un melanoma fue la excusa que Carlos necesitaba para forzar su prejubilación del banco; otros más jóvenes llevaban ya dos años disfrutando de no tener que madrugar para seguir sin hacer nada, mientras tenía él que seguir aprobando por imperativo empresarial hipotecas y préstamos que en conciencia denegaría y no pudiendo ejercer ninguna de las ideas empresariales que tenía. Pero cuando Dios cierra una puerta, el diablo abre una ventana, y un pequeño problema en la piel que la cirujía ha resuelto sin ir a mayores fue la excusa que necesitó para forzar su retiro tras cuarenta años contando dinero ajeno, "el más deprimente y estúpido de los trabajos", suele decir Carlos, pero que le ha permitido tejer una extensa red de contactos desde cuyo centro, va conectando los hilos que pueden dejarle beneficios. Porque ahora es gestor de bienes inmuebles, localizando compradores a quien quiere vender y tierras a quien quiere construir. Con una comisión, por supuesto... Le acompaño en algunas reuniones para interpretar los datos urbanísticos y porque también le viene bien transmitir cierta imagen de profesionalidad y no de diletantismo... Y así va nutriéndose mi bodega con caldos interesantes.
Ese era el tema de la cena del sábado. La señora Qualavons, una sexagenaria bajita y pizpireta, tenía negocios que tratar e impuso como condición que fuese durante una cena informal en el Petreis, la cocina más reputada de la comarca.
-Dile a X que venga... A Conchita le gusta ejercer de matriarca y reunir a cuantos más mejor.
X siempre ha tenido curiosidad por saber a qué nos dedicamos cuando le digo que acompaño a Carlos a una reunión; además, la señora Qualavons es la araña de la tela de las relaciones sociales de la comarca. Por eso hay tanta complicidad entre Carlos y ella, porque son dos arañas que reinan en sus telas.
-¿Cómo voy a ir? Es una cena de trabajo. Además, ¿qué voy a ponerme? -es evidente que no pensaba perderse la cena.
-Con cualquier cosa estás preciosa.
-Eso no me ayuda lo más mínimo...
-Pero te hace sonreír.
-Sí, será muy adecuado ir a cenar vestida solo con una sonrisa. ¡Suelta! En lugar de intentar besarme, ayúdame, ¿quieres? ¿Me pongo el vestido turquesa?
-No vamos a una boda. Además, yo creo que el color es azul de Prusia...
-Hace un año habría jurado que esta discusión sólo podría tenerla con un gay...
-Ancalagón ha superado hace horas mi capacidad diaria de disparatar sobre ese tema. ¿Por qué no te pones el vestido de lino?
-¡Porque estamos en otoño!
Nunca entenderé la costumbre de vestirse según el calendario, y no según el termómetro. Al final, se puso el vestido turquesa (que es azul de Prusia), como había decidido desde el principio, y estaba preciosa. Mesa para seis en un salón privado del Petreis, chardonnay para el aperitivo y el run-run de fondo de las conversaciones a voz en grito de los otros salones...
El marido de la señora Qualavons es un hombre taciturno, uno de estos hombres tallados de una sola pieza, un pagès de otra época, para quien los negocios, las inversiones, las compraventas de su mujer son poco menos que sánscrito. Porque su interés está en la tierra, en las viñas, en optimizar la calidad, replantando las variedades de cepas en los suelos más aptos, sin preocuparle arrancar las que no lo estén, por muy plantadas por el abuelo Qualavons que fuesen. Ese es todo su horizonte; el resto, le aburre demasiado. Pero es la sensatez que la señora Qualavons necesita para refrenar su inquietud.
Aún no habíamos acabado el foie tibio sobre lecho de frutos rojos, acompañado de un vino navarro de vendimia tardía, cuando ya se había cerrado un acuerdo sobre unos terrenos que la señora Qualavons heredara en un valle pirenaico, para cuyo desarrollo habría que elaborar un Plan Parcial.
-¿Del Plan te encargas tú?
-Desde la empresa en la que trabajo le haríamos un anteproyecto para presentar en el Ayuntamiento; pero creo que el Plan Parcial debería desarrollarlo el comprador, porque sería injusto marcarle un pie forzado cuando no es necesario.
-¿Por qué no puedes hacerlo tú? Se pagará lo que haya que pagar...
-Por supuesto, pero tengo un acuerdo con mi empresa para no hacer trabajos por libre...
-Carlos, te has buscado un socio peligroso: no necesita más dinero del que ya tiene... Bonita, a ver si puedes ponerle un poco de sensatez en esa cabeza tan abarrotada.
-Jejeje, me gustan así de estúpidos.
-Carlos, no sacaremos nada bueno de estas generaciones -sentenció con cómica desesperación.
Con el tártar de esturión y aguacate desplegó Carlos unos adosados en la Cerdanya, cerca de una estación de esquí...
-¿Y el arquitecto que piensa?
-Que son demasiado caros para lo que son...
-Carlos, ya te he dicho que te has buscado un socio demasiado peligroso... Pero pienso lo mismo. ¿No tienes nada más?
-Unas parcelas para viviendas aisladas... X, ¿le puedes mantener la boca cerrada antes de que me estropee este negocio también?-bromeó; Carlos presentó los adosados por deferencia a su vendedor, no con la intención de venderlos en esa cena...
-Ya veo -la señora Qualavons, que nunca fue a la Universidad, entendía los planos con una inmediatez que habría hecho suspirar a la mitad de mis profesores-. ¿Qué limitaciones pone el plan?
apenas habíamos dado cuenta del chateaubriand con un Priorato de garnacha peluda y cariñena cuando el compromiso de compra y el cheque correspondiente ya estaban en la mesa.
El marido de la señora Qualavons se despidió antes del postre; es ya tarde y estamos en época de vendimia... ni domingos ni festivos... y la mujer de Carlos se iba con una amiga a un concierto de jazz; lo sentí por X, porque se pasó casi toda la noche hablando con los dos que se iban...
Tarta de chocolate con mermelada de naranja amarga. Aunque 'tarta' es menos preciso que 'chocolate fundido recubierto de corteza de chocolate'... y un oporto. Cuando creí todo concluido y me disponía a disfrutar de una copa sin tener que pensar en leyes urbanísticas ni ordenanzas urbanas, la señora Qualavons se acercó a la mesa, apoyó los codos, juntó los dedos por las yemas, y en un tono bastante más bajo, comentó:
-Hay otra cosa que quiero vender...
Silencio. El camarero traía café (nadie lo pidió con sacarina, deo gratia) y Carlos se encendía un Edmundo... la señora Qualavons, por primera vez incómoda desde que la conozco, sacó un paquete de Dunhil mentolados y se los pasó a X. Una copa de Calvados y tres Jameson con hielo.
-Ya sabes, Carlos, que invertí mucho en el asunto de... y que me pilló la quiebra... Fue un golpe duro, pero lo superamos... Bueno, han empezado a indemnizar a los acreedores y hace dos meses que me dieron unas cosillas... que querría vender rápida y discretamente... EsLa Poma Negra.
Carlos se atragantó con el humo del Edmundo y X escupió por aspersión el Jameson que se estaba llevando a los labios...
-¿Usted es... la propietaria de LaPoma Negra?
-Ha sido un accidente, bonita... desde hace dos meses y hasta cuanto antes -miró mi cara de desconcierto y se rio-. Creo que no entiendes nada... La Poma Negra es...
-Un lugar donde los hombres van solos o con otros hombres -resumió finalmente X, cuando era evidente que Carlos estaba muy ocupado encendiendo su Edmundo-. ¿Qué quiere hacer exactamente con ese lugar, Conchita?
-Venderlo. No quiero tener nada que ver con eso...He aumentado el personal de seguridad, he contratado un administrador y unos relaciones públicas, se hacen espectáculos que prefiero no saber, actuaciones de famosillas que dicen ser cantantes... ya me entendéis. La verdad, en estos dos meses ha cambiado mucho -cocluyó, con cierto orgullo-. ¿Por qué no vamos a verlo?
-¿Invita la casa, Conchita? -sonrió Carlos detrás del humo del habano.
-¡Claro que invita la casa! ¿Eh? ¡Espera! ¡La casa paga las copas! ¡Nada más! ¿Ves por qué quiero deshacerme de eso? ¡Preferiría ahorrarme este tipo de bromas! Y mira que es negocio rentable, con el bar, y el hotel... casi 40.000 euros mensuales...
-Yo creo que podemos encontrar inversores sin mucho esfuerzo...
-No quiero inversores... Quiero compradores. Lo dejo por cinco millones... sabes perfectamente que es mucho menos de lo que vale. Pero ya estoy muy mayor para hacer de madame... ¿queréis verlo cómo ha quedado?
-¡Vamos! -se apuntó Carlos...
-Creo que X y yo iremos a otro sitio... No me gustaría encontrarme con gente conocida...

En el pub de Ramón, escuchando algo de jazz y tomando un gin tonic, X no podía parar de reír.
-Nadie organiza las veladas como tú... Cena en el Petreis y, si me despisto, copa en La Poma Negra!