Nada hay más opuesto a la verdadera Tradición que el Tradicionalismo. La Tradición es la adaptación dinámica del hombre a su entorno físico, social y cultural, basada en la experiencia de los antepasados, pero también en la innovación. El Tradicionalismo, en cambio, pretende regresar a una fecha concreta de la Tradición, a la que convierte en paradigma, sin percibir el contrasentido latente, pues la Tradición por propia esencia es atemporal y dinámica. El Tradicionalismo surge exclusivamente cuando la cesura con la Tradición es ya irremediable y pretende galvanizarla con los mecanismos de la ultraortodoxia y la historia. Y, como he dicho antes, la propia naturaleza dinámica de la Tradición la hace difícilmente compatible en la práctica con los métodos y las conclusiones de la Historia, como magníficamente explica Antonio Pizza La construcción del pasado.
El Tradicionalismo NUNCA es inocente. No estudia el pasado, sino que lo reconstruye, moldeándolo, golpeándolo hasta hacerlo encajar en sus prejuicios de cómo debería haber sido, y no de cómo fue. Y en este pasado-ficción, hábilmente ataviado de verdad histórica o de verdad tradicional, es en el que sustenta sus reivindicaciones presentes. Es, parafraseando la célebre obra de Hobsbawm y Ranger, La invención de la tradición.
Históricamente, la Tradición ha sido el argumento con que las clases subalternas se han opuesto a las pretensiones de los poderosos, mientras que el Tradicionalismo es el arma que esgrimen estas clases poderosas para exigir la subordinación de las subalternas. Así, pleitearon los habitatantes de Salás con el monasterio de Bellera (995) por unos derechos sobre comunales, y del mismo modo rechazaron los campesinos las nuevas exacciones económicas que los feudales catalanes pretendían imponerlas calificándolas de 'malos usos'. El Tradicionalismo busca en la historia la excusa para perpetuar unos modos que favorecen a las clases dirigentes.
Cuando la Iglesia habla del 'matrimonio tradicional' omite cuidadosamente que esta figura no se impuso hasta la reforma gregoriana de, en el siglo XII, y aún así costó sangre, sudor y lágrimas y más de un siglo de esfuerzos. Antes de ello, el matrimonio era un contrato civil entre familias, en el que la Iglesia no intervenía, a veces concubinatos legales conocidos en el centro y norte de Europa como 'matrimonio a la danesa', un contrato en el que se contemplaba la rescisión, el repudio, y para el que, en plena ofensiva gregoriana, con el obispo Yves de Chartres al frente, se encontró un resquicio en forma de consanguinidad. Por supuesto, cuando los epíscopos esgrimen al Tradición al referirse al matrimonio no se refieren a la tradicional libertad de los contrayentes, sino a la histórica conquista del control eclesiástico sobre ello. (George DUBY: El caballero, la mujer y el cura. El matrimonio en la Francia feudal).
Cuando el Tradicionalismo queda despojado de una reflexión histórica o política, queda reducido a menudo a una pataleta estética, a una falsa controversia entre Tradición y Modernidad, como la establecida brillantemente por Sir Reginal Blomfield, Modernismus. O cuando Anatoly Lunacharsky, comisario de Instrucción de Lenin, en plena revolución bolchevique y en la efervescencia cultural del constructivismo declaró,
Proyecto de Iakob Chernikhov (1889-1951), imagen del blog arquitectura.mnp
para salvar muchos edificios históricos que ciertos revolucionarios querían destruir que "el pueblo también tiene derecho a columnatas". Poco podía pensar el promotor del juicio contra Dios que su frase sería el eje del realismo soviético estalinista...
El Tradicionalismo en España tuvo en la arquitectura su sostén teórico en Diego de Reina, Ensayo sobre las directrices arquitectónicas de un estilo imperial. Claro que con esos mimbres ya podemos imaginar los cestos que saldrían, porque Blomfield es a Diego de Reina "lo que Hiperión a un sátiro". Su reivindicación de lo escurialense como arquitectura áulica hispana abrió la veda de lo que ya se estaba haciendo, el pintoresquismo, evolución lógica de un pensamiento que nace muerto como es el Tradicionalismo.
Aunque rechacemos por anacrónicos el clasicismo de Luis Moya o el historicismo de Chueca Goitia, ambos son fruto de una reflexión teórica sobre la arquitectura, la historia y la sociedad que, como mínimo, merece ser tenida en cuenta. El pintoresquismo no necesita esta reflexión, es más, la rechaza como si le produjera alergia: se asienta en una presupuestos que están igualmente alejados de la Arquitectura Moderna como del academicismo; Heinrich Böll, Diario irlandés, dice que cuando alguien sabe que es pintoresco, deja de serlo. Lo mismo ocurre con la arquitectura, que cuando pretende ser un decorado evocador deja de ser arquitectura para ser un carísimo trampantojo, carísimo porque ,como ya denunciara Adolf Loos, hacer las cosas imitando otras suele ser mucho más caro que hacerlas honradamente.
Todos nosotros, en nuestros pueblos, en nuestras ciudades, donde vamos de vacaciones, podemos reconocer esa concesión pintoresquista: casas de montaña con piedra vista a lo chalet suizo, cuando lo tradicional era encalarlas para proteger el mortero de poca calidad con que se unía la piedra; masías con que ya no son de piedra seca, sino con gruesas llagas de mortero; calles completamente adoquinadas, cuando la tradición era reservar este incómodo pavimento para las caballerías, y enlosar los pasos para 'taconear' o pasear y así un larguísimo etcétera.
Porque la arquitectura pintoresquista pretende reconstruir un intangible: la casa de la infancia. No es la casa real, sino la casa soñada, pergeñada a partir de un collage cde imágenes, cuentos, olores... Se reconstruye una vieja casa pretendiendo resucitar en ella 'la casa de mi abuela', o se busca en una nueva un aire antiguo o señorial, el sueño de la princesa y el castillo encantado, adovelando puertas, coronando claves con blasones, y acabamos siendo patéticos reyes bufos de castillos de Disney en ridículas parcelas de 500 metros cuadrados.
En algunos aspectos, la legislación española está a años luz de la mentalidad de los legislados. Por ejemplo, en lo que se refiere a los derechos de homosexuales. Esta legislación tan avanzada responde a idearios políticos a veces, pero más a menudo a planteamientos de más allá del Pirineo,
hacia el norte,
donde dicen que la gente es limpia
y noble, culta, rica, libre,
despierta y feliz. (Salvador Espriu, Assaig de càntic en el temple)
Es decir, que nos viene impuesta por directivas europeas que nos son tan ajenas como si las hubiesen dictado desde Alfa-Centauri. Y estas son las leyes de conservación del patrimonio y de conservación del medio ambiente, ambas vistas con verdadera hostilidad no sólo por empresas e instituciones, sino también por el ciudadano medio, como refleja Arqueòleg en su último post.
Tolstoi decía que hay gente que al cruzar un bosque no ve sino leña. No se me ocurre mejor definición para un pueblo que de cualquier ruina ha hecho cantera gratuita y no reflexión sobre el pasado de lo que somos, un pueblo en el que, además, se da cierta inclinación genética por la especulación como único modo de enriquecerse, pues debe seguir considerando el trabajo como un castigo divino. De ahí, supongo, la proliferación de intermediarios en cualquier ámbito en que se ponga la vista.
Aunque haya leyes marcos generales, estatales o autonómicas, el ámbito de aplicación recae en la más corrupta e ineficaz de las administraciones, la municipal, cuyos responsables, a menudo poco cualificados para las responsabilidades que la ley les atribuye, están demasiado implicados en el tejido social como para soslayar las presiones a que son sometidos, bien por vecinos que se beneficiarán de la rapiña urbanística revendiendo su huerto a precio de oro, bien por inversores foráneos que les convencen de la idoneidad de un proyecto que dista mucho de serlo. Cuando no directamente están beneficiados de todo ello, claro.
Un país que ha tenido como objetivo único enriquecerse en dos días mejor que en tres y que ha concentrado toda esta creación de riqueza en la especulación en torno al urbanismo más desaforado no puede sino ver en las leyes de conservación patrimonial o medioambiental una intolerable injerencia pública, un incomprensible poner palos en las ruedas del 'progreso'.
Es habitual ver a alcaldes y ciudadanos haciendo frente común para defeneder como fuente de creación de riqueza y de puestos de trabajo un despropósito cualquiera, como el monstruoso hotel El Algarrobico en el parque natural del Cabo de Gata,
sin atender a que todo esto no es más que un pan para hoy y hambre para mañana. Porque el tiempo político se mide en cuatrienios; lo que ocurra después, como si es el diluvio.
El ibérico tiene una tendencia a entender la propiedad al modo romano, el derecho de usar y abusar de un bien. "Es mío, como si lo quemo". Al mismo tiempo, la legislación es altamente punitiva, pero nunca educativa y compensatoria. Excavar una cimentación y encontrar cuatro sillares es recibido con mayores caras de desesperación que noticias de un cáncer, sin comprender que, acabada la labor de estudio, una modificación del proyecto puede hacer perfectamente compatible la conservación con la explotación del solar. Pero, lo más normal al hallar cualquier resto es oír la frase: "Tira hormigón rápido, que como se enteren te lo paran seis meses". ¿No pueden habilitarse mecanismos de compensación, de indemnización en estos casos? Seguramente se tendría menos prisa en echar hormigón y se vería con mejores ojos a los que hacen nuestras ciudades más comprensibles.
Pero el problema está en que los responsables políticos entienden el patrimonio a los Disney. Potemkinizamos nuestros centros históricos como un inmenso decorado para turistas, restaurantes de diseño y tiendas de lujo, pero, cuando en el sótano de un hotel, o de su nuevo palacio de congresos aparecen cuatro huesos, de inmediato emprenden una campaña para desacreditar la opinión de los expertos y ponderar la necesidad urgente del equipamiento que la arqueología retrasaría. Y la ciudadanía traga, como en el caso de Lorca y su castillo, o del mencionado Algarrobico. Así, no es extraño que los políticos locales vendan como de interés general lo que no es más que una operación enconómica y especulativa privada, como la ciudad del golf de Las Navas, en Ávila, felizmente parada por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. O el polígono industrial que se levantará junto a las ruinas de Numancia.
Cierto es que, si se escucha atentamente, se oirán las primeras sentencias de protección -irremediablemente tarde, como siempre con la Justicia en España- y agrios debates en torno al tema del patrimonio en varios lugares de Celtiberia. Por supuesto, para oír debates sobre el patrimonio hay que tener una oído más fino que Gustavus,
aquel compañero del barón de Münchhausen, porque el ruido de la barahúnda política y del fútbol tabernario apaga cualquier eco de debate. El debate se plantea en los medios como una dialéctica entre 'conservadores' y 'modernos', cuando en realidad es entre los que ven en la ciudad un ente que debe entenderse históricamente para seguir creciendo y los que sólo ven en el urbanismo un modo de enriquecerse rápidamente. Ccomo aquel profesor de proyectos que un Congreso Internacional de Arquitectura que organicé hace unos años arremetió contra los historiadores por 'impedir el progreso de la ciudad' cuando sólo impedían que se llevase a cabo un proyecto suyo, un absoluto despropósito en un casco antiguo que alteraba gravemente su fisonomía sin aportar ninguna mejora de uso o de habitabilidad.
Lo más divertido es ver cómo se arrasa con la verdadera historia para suplantarla por un pintoresquismo Disney, como los quioscos a lo chulapo de plástico de Álvarez del Manzano en Madrid, o la supuesta construcción tradicional vasca de Ondarribia. O los chalets suizos en que se han convertido los pueblos de montaña junto a estaciones de esquí, arrancando el encalado tradicional con que cubrían sus muros para dejar la piedra vista que los turistas esperan de un pueblo de montaña. Que la realidad no corrija nuestros prejucios. Y cuanto menos rigurosos se sea en la recreación pintoresca, más éxito se cosechará en este intratable pueblo de cabreros. Comparemos, a modo de ejemplo, el interior de Sant Climent de Taúll, tal y como la encontró la expedición de Puig i Cadafalch en 1904
con su estado actual
Por no hablar otra vez de la cornisa del Manzanares y el parque de las Vistillas, claro.
Un lector, Samuel, me pedía hace unos días que, como urbanista, estudiara y diera mi opinión sobre el Plan Parcial de Reforma Interior de la Cornisa del Río Manzanares, en Madrid, que significará un cambio de uso y de propiedad. En resumen, el plan consiste en ceder 15.000 metros cuadrados de zona verde pública al arzobispado para que construya su 'ciudad de la iglesia', con diversos edificios, de varias plantas y hasta 140 metros de fachada; a cambio, el Ayuntamiento dice recibir una escuela infantil de 1000 metros cuadrados y unas instalaciones deportivas de 5000. Tras estudiar el tema, saco dos conclusiones, ambas bastante negativas, sobre el proyecto. Mas contextualicemos el caso, que no todos somos madrileños ni todos somos urbanistas.
Madrid no es una ciudad en cuyo centro histórico abunden parques y jardines, pero hay dos de especial significado, tanto histórico como paisajístico. Es el conocido como la Cornisa del Manzanares y el parque de las Vistillas, hacia la iglesia de San Francisco el Grande, que ya pintara Goya, entre otros, en 1788.
Urbanísticamente hablando, es el último vestigio de la cerca histórica de Felipe IV, presente en toda la planimetría de Madrid desde el siglo XVII. Altamente recomendable es la lectura de esta página sobre el Madrid histórico, con abundancia de planos y mapas de fácil comprensión, donde se ve, por ejemplo, el trazado de esta cerca mandada construir en 1625 y que significó el encorsetamiento de Madrid por dos siglos.
No puede, pues, alterarse sin destruir un elemento fundamental en el urbanismo histórico madrileño, un punto que ayuda a comprender la ciudad como ser vivo histórico. No se puede construir sobre ese talud, y mucho menos un mamotreto de 140 metros de longitud de fachada sin desfigurar irreversiblemente el paisaje del Madrid histórico.
Rafael Fraguas en un reportaje publicado por El País el 18 de febrero de 2009 expone la cuestión brillantemente, aporta las unánimes opiniones de arquitectos, urbanistas, académicos de arte y de historia y describe el proyecto. A este artículo me remito para no pergeñar con peor fortuna unas líneas que Fraguas ha trazado nítidamente.
El Arzobispado de Madrid tiene una preocupante falta de sensibilidad hacia el Patrimonio, ya sea tangible o intangible. Este proyecto, calificado por José Martín Velasco en su blog El Trastevere como "Un Vaticano en las Vistillas de Madrid", no sólo supondrá la pérdida de un espacio verde, de un paisaje histórico, de una referencia cultural, sino que acarreará además la destrucción de unos jardines del XIX que son herederos de los renacentistas del palacio de los príncipes de Mélito, y la aniquilación de cualquier resto arqueológico de este importante conjunto de mediados del siglo XVI. Ya hace años que el Arzobispado dirigido por Rouco pretendía instalar su biblioteca diocesana de San Dámaso en el interior de la Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja
sin que le importara demasiado que sea, con los Jerónimos, el único vestigio del gótico tardío en la ciudad, ni que sea una de las escasísimas joyas arquitectónicas medievales.
Los que seguimos los pasos del Arzobispado de Madrid y de su titular, el cardenal Rouco, ya conocemos de su rapiña. Recordemos ahora cómo en 2002 pretendió incautarse para adornar -o quizá tapar- la monstruosidad conocida como catedral de la Almudena de 23 valiosos tapices, propiedad de la Congregación de Santa Rita de Casia. Para ello, proclamó la extinción de la congregación y se incautó de sus bienes, y el asunto está todavía en los tribunales papales. El que nos ocupa es un caso más de rapiña de Rouco con la connivencia del Ayuntamiento de Madrid, que tiene la desfachatez de definir la imposición de un robo a la ciudadanía como "la voluntad democrática del pleno". O es un caso más de privatizaciones del PP, porque no es la primera vez que se cede suelo público al Arzobispado de Madrid, ni en la villa, ni en la Comunidad desde 1997, sino que se han cedido un total de 37 parcelas valoradas en más de 120 millones de euros, parcelas situadas muchas veces en barriadas que requieren otros equipamientos que no se construyen, como un centro de salud en Butarque (distrito de Villaverde).
Pero ahora ya no hablamos de solares, de reserva de suelo para equipamientos. Estamos hablando de ceder una zona verde consolidada (y tan consolidada, desde el siglo XVII está consolidada), estamos hablando de un expolio de la propiedad pública.
Puestos ya los antecedentes, estas son mis conclusiones sobre este triste asunto que, de momento, se ha aprobado. En primer lugar, se trata de dilapidar bienes públicos, porque ceder un parque público para que Rouco se monte su faraonada es privatizar bienes públicos que dejarán de estar al servicio de los ciudadanos. Es más, es regalar algo que al señor Gallardón no le pertenece, sino que sólo lo gestiona. Dilapidar los bienes público de esta manera es el verdadero escándalo, y no un Audi modificado. Tal vez ahora, con el dinero de todos los madrileños, talibán matutino de la COPE insulte un poquito menos al munícipe y se olvide de la Corulla.
En segundo lugar, existe en el código penal una figura que es 'delito contra el Patrimonio'. En el entorno de la Cornisa y de las Vistillas hay varios edificios declarados Bien de Interés Cultural (BIC), según nomenclatura de Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español. Esta ley sus posteriores desarrollos autonómicos, establecen alrededor a los bienes así catalogados lo que se llama un 'entorno BIC', porque se entiende que el Bien de Interés Cultural es inseparable de su entorno e inexportable., ya no se puede desmontar un claustro y llevarlo a Boston. este 'entorno BIC' se delimita para ubicarlo en su contexto físico, histórico y social, para protegerlo, para garantizar su comprensión. Pues bien
como se ve en esta imagen, tomada de Lista Roja de Patrimonio, el proyecto destrozará el skyline y, por tanto, el entorno BIC de esos bienes. Por no mencionar los propios jardines, los restos arqueológicos existentes y la imagen de la ciudad. Desde el Ayuntamiento se replica que los edificios estarán 'en su mayoría semienterrados', con lo que el impacto visual no será tan grande como tantos urbanistas y arquitectos denuncian. Bueno, aquí dejo un edificio de un gran arquitecto y gran gurú de la 'arquitectura enterrada', la Universidad de Mujeres de Seúl (EWHA), de Dominique Perrault, y vosotros me decís si tiene o no impacto.
cualidades morales que son amables y bellas, y en cuanto armonizan con la virtud pueden ser consideradas nobles, aunque no deba incluírselas en la intención virtuosa (...). Una cierta blandura, que fácilmente lleva a un cálido sentimiento de compasión, es bella y amable, pues muestra una bondadosa participación en el destino de otros hombres, a lo que llevan igualmente los principios de la virtud (Lo bello y lo sublime, cap. II)
Y no se me ocurre mejor definición para establecer los límites -y riesgos- del buenismo, porque este "interesarse delicadamente por todo hombre" -y bestia, añadiría-, del moderno solidario con VISA, lo convierte, según la afortunada expresión kantiana, con toda su bondad en un tierno holgazán. Porque el 'buenista' es irresolutivo, en su ensoñación no cabe que para hacer una tortilla hay que romper los huevos antes.
Pero, ¡alto!, que en nuestra sociedad Disney nadie está libre de este pecado, que asoma sus múltiples rostros en los más diversos ámbitos. La tolerancia, por ejemplo, erigida en vaca sagrada cuando es simplemente un contrato social de convivencia en sociedades o en grupos que se aceptan no uniformes. Pero la tolerancia no debe ser patente de corso, ni la dinamita para volar el concepto básico de que la ley nos afecta a todos por igual; tan injusto es que otrora el señor duque no fuera juzgado igual que maese Pérez el alfarero como que ahora se pretendan legislaciones ad hoc, a golpe de noticia, de sentimentalismo o de una multiculturalidad malentendida como un 'todo vale'. Es más, creo que cierta intolerancia es signo de madurez, pues aprendemos con la experiencia o con los años o con lo errores o con lo que sea qué cosas no estamos dispuestos a tolerar.
El buenismo tiende a juzgar las cosas desde el sentimientalismo, y cae tanto en la lágrima fácil como en el progrom. "La gran masa de un pueblo no está constituida por profesores ni diplomáticos. Quien se proponga ganar a las masas debe conocer la llave que le abra la puerta de su corazón. Esta llave no se llama objetividad, esto es, debilidad, sino voluntad y fuerza" (Hitler, Mi lucha, cap. XII). Los mismos que integran una manifestación contra la guerra de Irak pueden perfectamente siete días después enarbolar pancartas exigiendo la cadena perpetua.
Pocas cosas son tan peligrosas como un buenista con cuatro pájaros roussonianos sobre el "buen salvaje" bailoteándole en la cabeza. Como cierta arquitecta que nos han endilgado. Dada la parálisis absoluta de la construcción en España, tanto de las ventas como de la financiación ya acordada y ahora suspendida, en mi empresa decidieron hace un mes que la infraestructura de la oficina técnica podía ofrecer servicios externos, y a mi jefe se le ha ocurrido la insólita pero apasionante opción de ofrecérselos a no sé qué departamento de la ONU para la vivienda.; pasaríamos, si todo cuaja, de construir para ahítos y especuladores a dar viviendas a gente que realmente la necesita. Desde ese departamento, nos ponen en contacto con la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional) y con unas ONG que trabajan en el Caribe, para estudiar el realojamiento de una barriada de chabolas o deplazados de guerra o víctimas de un huracán o un terremoto o inundaciones o un volcán o el cambio climático o ¡qué sé yo! Aún no me enterado, porque nuestro enlace es Anna, una arquitecta buenista que va mariposeando de un tema a otro, de un proyecto a otro, de una tragedia a otra sin que aún sepa a ciencia cierta de lo que estamos hablando, ni siquiera del país, pues no estoy seguro todavía de si se trata de Venezuela, Nicaragua, Haití o Guatemala... Lo único que tengo claro es que es un proyecto enorme, de unas tres mil viviendas, en medio de la selva, porque allí todo está en medio de la selva.
A la cuarta vez que Anna me preguntó el precio de la corbata, o el homburg, o los guantes... para circunstanciarme cuántas familias durante cuántas generaciones podrían vivir con ese dinero en las selvas del Orinoco no pude evitar hacerle la observación de que con ese dinero en esas comunidades no sobrevivirían ni un día, porque su economía no usa la moneda. Para no perder la cortesía ni los nervios, desde entonces encuentro una ocupación grave y urgente que me impide asistir a sus dispersiones cada vez que oigo el tintineo de sus abalorios subir por la escalera. Porque no la soporto, lo confieso. Me exaspera cuando habla de los afectados por esas tragedias como si fuesen sus niños, como si sin ella no pudiesen sobrevivir, con una doble superioridad moral, una hacia nosotros, pérfidos constructores reciclados, y otra hacia los que recibirían las viviendas, 'buenos salvajes' a los que ella evangelizará a la modernidad, pero respetando y entendiendo y aceptando y tolerando y tendiendo en cuenta que... o sea, nada. En el despacho, tan misionera, tan buena, tan sufriente por todas las tragedias del mundo, ya nos referimos a ella como "Anna Mari de Calcuta".
-Mirad -nos enseña la enésima foto del drama humano en lugar de hablar de las infraestructuras, de las comunicaciones y de los sistemas constructivos posibles para una autoconstrucción-. Aquí estoy con Osvaldo, Nixon y Edilberto; estamos descargando un camión de cemento.
-Ya. Tú eres la del bigote, ¿verdad? -espeta Ernest.
-Cuando vayáis allá, veréis que todos hacemos de todo -le ignora Anna-. Lo mismo la comida, que descargar camiones...
-Ah, mira qué bien. ¿Todos hacen también de ingenieros y de arquitectos? Entonces estaremos como en España, rodeados de expertos- intervengo.
-Allí todos arrimamos el hombro.
-¿Los médicos también o ellos pueden ocuparse de lo suyo sin hacer el perroflauta?
-Si hay que hacerlo, se hace.
-Si hay que hacerlo, lo haré, pero te aseguro que no me haré una foto para enseñar a los amigos lo solidario que soy.
Porque, pese a toda su palabrería y atrezzo, desde las arquigafas de pasta gruesa hasta los pantalones afganos que mejor no dijo lo que parecen, tiene la misma autenticidad que la semana étnica de El Corte Inglés. Por suerte, mi hermana, antropóloga, hace unos meses que trabaja en Bolivia para un tema de implementación de políticas públicas de salud en las zonas mineras, un proyecto con la colaboración entre la ONU, una universidad británica y el gobierno boliviano, y me dio las directrices básicas del que está en un lugar y lo entiende:
-¿Viviendas para realojar chabolistas? Ármate de paciencia, que en dos meses las convertirán en algo parecido a la chabola que dejaron. No creo que donde las hagas sea muy distinto a Bolivia. No pongas cristales en las ventanas, porque los venderán inmediatamente; si el tejado es metálico o de madera, cuando vuelvas la mitad lo habrá sustituido por hojas de palma o paja; no pierdas el tiempo en instalaciones de cobre o metálicas, porque lo desmontan y lo venden todo; ponlas de plástico que no les es rentable. Y todas las instalaciones urbanas, bien embutidas en hormigón, que así no las desmontarán. Y sobre todo, mucha paciencia, porque ni te entenderán ni los entenderás. Y no intentes cambiarlos, que tú te irás y ellos se quedarán. Acéptalo como es y te evitarás una úlcera.
No me imagino a la misionera Anna Mari de Calcuta haciendo una análisis tan depiadado, pero tan realista. De hecho, tras cinco reuniones, no se ha hablado de ningún tema práctico. Tiemblo de pensar que, si esto sigue adelante, tengamos que amanecer Dios sabe dónde con Anna Mari de guía y coordinadora.
A las ocho de la mañana, Elías, Ernest y yo salíamos de Vetera a Valencia, a nuestra anual visita a CEVISAMA, la feria de la cerámica y el baño. Temíamos que, dada la coyuntura, hubiera trasladado la sede del recinto ferial valenciano al muro de las lamentaciones, o que no pudiésemos entrar en un stand sin que nos salmodiaran las lamentaciones de Jeremías. No ocurrió tal, pero había ciertas señales inquietantes, o simbólicas, según se mire. En primer lugar, pudimos aparcar en la misma puerta, cuano el año anterior habíamos dejado el coche en un parking más allá del cuartel de Daoiz y Velarde -desde donde Milans del Bosch salió a defender su idea de patria el 23F-, en medio de un descamapado de pinos, y esperado al bus que nos llevase a la feria. En segundo lugar, el público. Nunca había visto tantos estudiantes de arquitectura en CEVISAMA, años anteriores pasaban la mayor parte de los stands de atenderlos, y ahora estaban en una proporción considerable... mucho me temo que se repartieron entradas y bocadillos por la ETSAV para que hiciesen bulto. De entre los compradores, los idiomas, con mucha diferencia, mejor representados, el ruso, el alemán, árabe y lenguas nórdicas. Creo que nosotros tres éramos, como potenciales compradores, el grupo más nutrido.
Los stands raleaban en todos los pabellones del recinto, con claros convertidos en plaza en todos ellos. También habían atemperado, no sé si los diseñadores o los gestores de la marca, la puesta en escena, que alcanzaba en ediciones anteriores sonrojantes proporciones. Es decir, han sido historia en esta edición montajes como el de aquella cementera de cuyo nombre no quiero acordarme que, en 2006, animó el cotarro con azafatas en tanga y pasarelas. Supongo que cuando algún comercial orondo y engominado le preguntó a los responsbles del despropósito dónde estaban los reservados, intuyeron que se habían pasado tres pueblos. Pero el aire fallero no se diluye tan fácilmente.
Por motivos evidentes, suelo acudir a tres o cuatro ferias de la construcción o de arquitectura al año, y siempre me ha resultado chocante de CEVISAMA la organización espacial de los stands. De hecho, de un simple golpe de vista, sin conocer las marcas, cualquier observador medio puede dictaminar sin error posible qué chiringuito es ibérico y cuál foráneo, y es que en CEVISAMA el stand ibérico copia el esquema de una iglesia bizantina, ocupando la sagrada zona central, de mayor altura, superficiey prestancia, la barra de bar, atendida por maestre sala, camarares y someliers, y las mesas, sillones a menudo, en un espectacular tinglado en anfiteatro o casi plaza de toros, mientras que la exposición de los productos queda relegada a una segunda posición, marginal, en una especie de deambulatorio estrecho alrededor de este espacio central. Lo dicho, como una iglesia bizantina.
Las empresas foráneas no han percibido que la cortesía de atender a posibles clientes con algo de beber requiera tanta parafernalia y siguen creyendo, ingenuos, que lo importante es la exposición.
Tres horas y media andando a paso de feria. No os podéis imaginar lo que es el paso de feria; no hay paso de Semana Santa que sean tan torturador como
el de feria, un paso cansino, para poder ver todos los stands deteniéndose en los mínimos. Kilómetros y kilómetros de pasillos.
-Ese de ahí atrás tenía cosas interesantes, podríamos entrar...
-Ahora, cuando demos la vuelta y volvamos por la otra calle -porque no se da un paso atrás ni para tomar impulso.
Como estaba ya todo visto, una vuelta por tres o cuatro expositores de piedra, todos los que había, y emprendimos la vuelta. Tres horas y media más de coche hasta Vetera.
-¿Os parece que entremos a ver esto de Marina d'Or? -sugirió Elías al pasar por delante del complejo, a eso de las cinco de la tarde.
En la lejanía, parecía una de esas urbes soviéticas surgidas de la nada en medio de la nada, entre gulag y ciudad, una arquitectura de infames bloques estalinistas, idénticos uno al otro, kruschovkas de doce plantas. Al acercarnos, la sensación fue de entrar en una ciudad abandonada, en una ciudad muerta, de haber viajado a Chernobyl.
Cruzamos el puente que sobrevuela las vías férreas, sin tráfico alguno en todo el tiempo que estuvimos, y topamos con la primera imagen de desolación. El acopio temporal de material de construcción era un solar inmenso donde se almacenaban toneladas y toneladas de ladrillos, piedra, cemento... el bosque de grúas que sustityuera a los naranjos, almedros y olivos se agostaba desmontado en el suelo, oxidándose. Siguiendo la misma calle, se llegaba a una gran rotonda, ocupada en su totalidad por una enorme estructura abstracta que el vendaval pasado dañó y que en ese entorno habría sido más coherente sustituir por algo de realismo soviético
Diez minutos tardamos en encontrar por las desiertas calles vestigio de vida humana, un matrimonio de jubilados ingleses, inconfundibles con sus calcetines blancos y pantalones pesqueros, que paseaban al perro bajo un viento inhóspito. esquivando ramas caídas que recordaban inquietantemente a las zarzas rodantes de los western. Un cuarto de hora después, otras cuatro personas paseaban con el ceño fruncido en la 'zona comercial'. Y la llamo así por llamarla de alguna manera, porque en la amplia avenida comercial, jalonada de arcos de bombillas dignos de Feria de Abril o de iluminación navideña de Álvarez del Manzano
no había comercio o servicio alguno abierto, salvo el balneario, con su entrada de falsa ruina romana. Falso como todo, como la propia implantación arbitraria en un territorio virgen.
Cuadrillas de jardineros mantenían los espacios verdes en perfecto estado de revista para nadie, espacios que no lamento confesar que me parecieron de un diseño agradable y cuidado, salvo por los arbustos tallados con formas y la proliferación de falsas esculturas romanas.
El sol caminaba hacia el ocaso cuando abandonamos Chernobyl, contemplando cómo un séptimo piso no recibía luz porque le hacía sombra el edificio de enfrente, como los carteles de 'Se vende' o 'Se alquila', si bien menos numerosos de lo que habríamos esperado, no faltaban en ningún bloque. Como, al lado de este monstruo, una enorme superficie, tal vez superior a 200 hectáreas, estaba devastada, deforestada, removida... los restos del aborto, supongo, de un club de golf, de más kruschovkas alineadas junto a la costa o quizá de esa pista de esquí que se planeó alimentar con agua de trasvase. Decididamente, el ver el despropósito, comprendí porque Europa piensa que los Alpes y los Pirineos se pusieron para algo.
Quiero disculparme por la arrogancia de escribir sobre un género que conozco poco y un tema del que no soy un experto. No pretenderá este post ser un sesudo análisis del cómic en cuanto tal, porque no estoy ni capacitado ni formado para ello, ni tampoco vomitaré datos de una erudición que algunos calificarían freaky y que puede encontrarse en Wikipedia sin esfuerzo alguno. Es una simple disgresión o paja mental sobre los aspectos del cómic que más me interesan, entre ellos el la figura del héroe de cómic como actualización del mito heroico, de un arquetipo. Para un análisis del cómic con seriedad, rigor y un profundo conocimiento y documentación, remito a los artículos de Koldo Lus Arana, arquitecto, crítico y excelente dibujante.
Batman, Spiderman, Superman... Pueden parecernos iguales, pero, en realidad, cada uno representa un modo distinto de afrontar el fenómeno heroico. Dos características tienen en común; una, su carácter netamente urbano, ligados casi en exclusiva a una ciudad, al menos originalmente: Gotham City (Batman), Nueva York (Spiderman) o Metrópolis (Superman). La segunda, el concepto de la doble identidad, de la doble vida.
La doble identidad había ya sido ensayada con éxito en la literatura de aventuras desde principios del siglo XX; La Pimpinela Escarlata, de la baronesa d'Orczy(1905), y en el Zorro, La madición de Capistrano (1919), de Johnston McCulley o Scaramouche, de Rafael Sabatini (1923) serían sólo ejemplos que después el cine multiplicaría en las adaptaciones de Dick Turpin o de Tulipán negro, por citar sólo dos clásicos. El recurso a la doble identidad puede verse como una actualización de uno de los aspectos del mito heroico: el héroe acepta su tarea, su destino a regañadientes -pensemos, como mitos recientes, la reticencia de Aragorn en aceptar la corona de Gondor, las dudas de Harry Potter o, en mitos clásicos, Lanzarote o Tristán-. El héroe duda, porque sabe que cuando asuma su papel cruzará un puerta para la que no hay vuelta atrás , nacerá a una nueva vida. A menudo, las figuras heroicas de corte más clásico sufren una iniciación, a veces simbólica, como la Dama del Lago entregando Excalibur a Arturo, o la estancia en el palacio subacuático de Lanzarote -en ambas, el agua como elemento de tránsito, de muerte y renacimiento, elementos que están presentes en el bautismo cristiano-; a veces, en cambio, este morir para nacer a una nueva vida, a un nuevo destino, tiene tintes dramáticos, ya sea la muerte propiamente dicha en los mitos vampíricos -entendiendo el vampiro como un héroe oscuro, pero un héroe-, la muerte de un ser muy cercano y querido -Batman-, una conversión -Spiderman-. El mantenimiento de una doble identidad es mantener la ficción de una vida que pudo haber sido, pero que se ha abandonado para siempre. El caso de Superman, por sus características específicas de origen extraterrestre, plantea una divertida paradoja, y es que, si bien Batman o Spiderman se 'disfrazan' para salir a la lucha, Superman se disfraza para vivir. Las máscaras heroicas de unos se convierten en las gafas de Clark Kent. Superman adopta un rol débil, torpe y lento de entendederas como alter ego quizá porque se supone que así debería juzgar a la humanidad un ser de sus características.
Una vez alumbrado a la nueva vida, el héroe necesita ser educado en su nuevo camino. En la mitología clásica, esta labor 'educativa' la ejercían los centauros; en los relatos medievales, como el ciclo artúrico, son seres que viven en el bosque, ermitaños, carboneros... seres marginales, que viven en el reino por excelencia de lo mágico y lo salvaje en el imaginario medieval: la foresta, esa foresta que , hasta el siglo XI, apenas estaba interrumpida por calveros donde se arañaban cereales al suelo. El centauro y hombre del bosque como introductores se convierten en el gigante Hagrid en Harry Potter, en el extraño Tom Bombadil para Frodo o en el montaraz maestro tibetano que adiestra a Bruce Wayne. El papel, actualizado, siempre es interpretado por un ser, o bien no totalmente humano, o bien deshumanizado en parte, un ser marginal con conocimientos distintos, a menudo mucho más naturales. El héroe sale de la civilización y, antes de volver a ella para cumplir su misión, debe aprender de la naturaleza. Y por eso Superman vivó en el Kansas más rural hasta los 18 años.
Batman y Superman, muy próximos en el tiempo -aparecen, respectivamente, en 1939 y 1938- presentan los rasgos heroicos más opuestos. Batman renueva el uniforme clásico, pero no deja de ser un héroe al uso, donde se pueden reconocer todos los aspectos míticos de quienes le han precedido; Superman plantea otras cuestiones: en primer lugar, ya no es humano y está dotado de poderes superiores. Esto ya fuerza el universo mítico y crea un nuevo personaje: ya no es un héroe, es un superhéroe, igual que ya no es un hombre, sino un superhombre. Superman no necesita los gadgets de Batman, ni tampoco recurrir tanto al intelecto; tampoco necesita compañeros o ayudantes. Se convierte, pues, en un héroe mucho más estático, con menos posibilidades de desarrollo. Es excecesivamente intransitivo y, al mismo tiempo, es el primer superhéroe que abandona la soledad para tener una pareja estable. Ni Héctor, ni Lanzarote, ni Frodo ni Batman la tienen: ellos salvan el mundo para la Humanidad, no para ellos.
El gran compañero de Batman no es Robin. Es Gotham. La ciudad como un personaje; no es un decorado como Metropolis, o como la Nueva York de Spiderman. Es un ser vivo, tan vivo como Basin City. La arquitectura, la ciudad no se entiende como aséptica, sino como el escenario en el que se desarrollan los hechos y, por tanto, puede modificar los hechos o puede empaparse del significado de los hechos. La ciudad no es neutral, como no lo es en los héroes anteriores, pero eso es ya otra historia.
Hace unos años, cuando apenas daba sus primeros pasos en T5 "Moros y cristianos" ese primer experimento de cómo montar un programa sólo con gritos, Paco Umbral
escribió en 1997 en su columna de El Mundo varios artículos sobre la telebasura, de los que selecciono dos: "La Teleasco", el 19 de febrero, y "Teleteratología", el 2 de octubre. Las hemerotecas de internet tienen un problema, y es que a vuela tecla descubres las vergüenzas de los maestros, y Umbral compartía con Borges la de escribir dos veces, sino el mismo cuento, sí el mismo artículo. Pero la reiteración no lo hace menos cierto, y plagiarse a sí mismo es la forma más honesta de plagio, y más si la frasa es afortuanda.
Habla, entre otras cosas, de esos periodistas cámara en ristre que buscan 'la opinión de la calle', bien sea para aniquilar a un famosillo cuyo nombre no saben ni pronunciar
Pero nunca preguntan a un notario, a un cirujano ilustre, a un archivero/bibliotecario, a una juez, a un académico, a un experto en nada, a un experto en todo, que también son la gente. Preguntan a «la horda», como decía Foxá, y la horda es la masa que los políticos y los ricos dueños de las televisiones han dejado sin alfabetizar. Nuestro socialismo no llegó nunca al macizo de la raza, a la plazoleta de la aldea ágrafa de los sinescuela. Quienes han llegado han sido los televisivos que no aportan nada y que sólo buscan efectismos infectos y eso que ellos llaman, con horrible palabra, «lo pintoresco», para que luego todos los burgueses nos riamos mucho con esa galería de desdentados, brutalizadas, tartamudos mentales y otros personajes del analfabetismo obsceno. (Teleasco)
o bien para despertar un supuesto debate social sobre temas de actualidad:
La trampa está en anunciar temas sociales, de ésos que interesan a todo el mundo, como el divorcio o el paro, para luego darle a la cosa un giro cómico/recreativo y acuático/puteal, sin la menor intención de sacar nada en limpio, como no sea la exhibición de toda la escoria humana que desgraciadamente segrega cualquier sociedad, más los monstruos peatonales que van atracando por la calle, con la cámara, porque en la calle nuncan preguntan a un notario, a un sacerdote o a cualquier otra persona de criterio, sino a quienes pueden quedar más graciosos en su ignorancia y lejanía del tema en cuestión. Dicen que esto es lo que vende y lo que quiere ver la familia cristiana. A lo mejor. (Teleteratología)
Debate que, a menudo, la sociedad ni siquiera se ha planteado, pero que de repente, por arte de birlibirloque de una cansina reiteración informativa, se asienta en el centro de nuestras vidas, como un convidado más a la mesa. La verdad es que, visto en perspectiva, Umbral no fue poeta, sino profeta.
¿A qué viene esto?, me preguntaréis. Supongo que conocéis la triste noticia de que, a consecuencia de las fuertes rachas de viento del sábado, un pabellón deportivo se vino abajo en Sant Boi de Llobregat (Barcelona), aplastando a quienes habían buscado refugio de la inclemencia. Cuatro niños menores de doce años han muerto.
En un ejemplo de periodismo digno del Curso de ética periodística que Juanjo de la Iglesia impartía en la única edición de CQC que mereció la pena, la del Gran Wyomming en T5,
A3, esa cadena a rebufo de T5, en audiencia a calidad -lo que ya es triste-, dio la noticia en sus informativos del mediodía con su habitual estilo gore, buscando la lágrima en pantalla, el vociferador y exigiendo responsabilidades. No se ha esperado al informe pericial pertinente, ni se ha hablado con un técnico competente, ingeniero, arquitecto o arquitecto técnico... ¿Para qué? Si el que pasa por la calle, y su vecino, y su cuñada tienen ya su opinión... y así diez minutos escuchando lo que tenían que decir sobre estructuras de muro de bloque de hormigón personas que no tienen nada que decir sobre estructuras de muro de bloque de hormigón. Pero quedaban bien en cámara, indignados, señalando... porque hacía frío, que sino habrían salido ellos a opinar en camiseta imperio y ellas en boatiné y rulos. ¿A opinar? Más bien a pontificar, a sentar cátedra. Y no es corporativismo, es simplemente exigir un mínimo de veracidad y de decoro a la información.
Porque en este país existe la tendencia avalada por cierta prensa amarilla que es al periodismo lo que un huevo a una castaña a confundir las cosas. Confundir la libertad de expresión, un derecho, con que todas las opiniones valen lo mismo, una estupidez. Cortázar en un cuento cuyo título no recuerdo tenía el siguiente diálogo:
-Ha venido el tío Lucas. Dice que ve mejor a mamá.
-Lástima que el tío Lucas no sea médico, porque entonces su opinión tendría valor.
En nuestra España actual, la única opinión que no tendría valor sería la del médico.
La legislación suele ir a remolque de las desgracias -y los legisladores, dictan a golpe de 'opinión pública', cosa entre peligrosa y patética-. El pabellón arrasado fue construido en 2002, cumpliendo la legislación del momento; la actual legislación es más restrictiva y a partir de esta desgracia, probablemente lo sea más, pues hay un dato nuevo que añadir a las variables, el dato de una tormenta que hasta ahora no había constancia de que hubiera afectado jamás estas tierras. Pero a lo mejor hay quien espera abrir unas noticias con dos o tres técnicos acudiendo esposados a declarar, y así, de paso, desviar la atención de las purgas estalinistas que la lideresa estaba haciendo por Madrid a golpe de Cheká castiza, ilegal, para asegurarse el control de Caja Madrid. Por cierto, Caja Madrid es el principal acreedor, con 900 millones de euros, de MARTINSA-FADESA, la empresa de Fernando Martín, ese que fue vicepresidente del Real Madrid con Florentino, ese otro que dicen que ahora vuelve, pero con ansar de vicepresidente... Conspiranoias mías.
Este post viene motivado por la actitud de Ángeles Caso. En su blog en Público ha escrito un post sobre arquitectura al que he intentado replicar hasta en ocho ocasiones, siendo sistemáticamente borrado.
El resumen de mi réplica podría ser 'Manolete, si no sabes torear, ¿pa' qué te metes?'. La autora ha escrito con insultante frivolidad. Toma el título libremente de la obra más famosa de Le Corbusier, Vers una architecture, o quizá ni eso, y le estoy concediendo mucha más sutileza y cultura arquitectónica de la que tiene.
El artículo establece como datos contrastados opiniones muy cercanas al prejucio, porque la autora no se ha informado ni documentado en lo más mínimo. Olvida muchas cosas, como por ejemplo que la inmensa mayoría de los arquitectos no hacemos museos, hospitales o rascacielos de lujo, sino que nos dedicamos a la vivienda. Y nos rompemos los cascos estudiando nuevas distribuciones que responan a nuevas necesidades, a nuevas estructuras familiares, a nuevos usos. Olvida que esos arquitectos estrella con los que identifica a todo nuestro colectivo son un porcentaje extremadamente minoritario, y olvida (o ignora, tanto da, ambos son igualmente cesurables) también que en el debate sobre la ciudad, los criterios técnicos de arquitectos e ingenieros tienen mucho menos peso que los políticos.
Además, acusa a los arquitectos de decisiones que, ahora mismo no son nuestras. Como por ejemplo, la elección de materiales.¿Puede la autora darme el nombre de diez promotores que estén dispuestos a gastar más en materiales reciclables, ecológicos...? Porque estos materiales son bastante más caros. Y si acudimos a materiales prefabricados para abaratar los costes de construcción y facilitar el acceso a la vivienda a mayor número de personas, no dudéis que no tardará es salir alguien a hablar de su pared de pladur que se agujerea si le das una patada, pero nunca se contrastará con una opinión técnica autorizada. Por cierto. ¿para qué hay que darle una patada a una pared?
Y después podríamos hablar del tema del urbanismo... ¿Puede la autora decirme qué ayuntamiento estaría dispuesto a soportar la presión de sus vecinos por hacer un hacer un urbanismo sostenible y ecológico? Porque aquí, el que tiene un huerto no sueña sino en que se lo recalifiquen para 'hacerse de oro'. Y se nos demoniza como colectivo por trabajar en 'países sospechosos'. Ya. Así que los arquitectos no podemos ir a no sé dónde, pero sí el resto, empezando por nuestros representantes políticos.
Los políticos quiere colgar un Gehry o un Calatrava en sus ciudades como los nuevos ricos colgaban un Picasso, sin que ni unos ni otros lo entiendan. El problema está en que los políticos se cuelgan esas medallas con dinero público y cuando el edificio presenta problemas no se habla del racaneo en la subcontrata, ni del cuñado del secretario al que adjudicaron las obras, ni del presupuesto que se hincha porque no se pagaba a los contratistas y hubo que contratar a otros... sino que la prensa, con la misma preocupación por informarse antes de hablar que la autora del artículo, suelta una soflama contra el arquitecto, en la misma línea de lo escrito aquí.Como cuando nos culpan de las puertas de chapa que las compañías eléctricas nos obligan a poner.
¿Sabe algo la autora del debate sobre la vivienda y la industrialización en la arquitectura que se desarrolló en España durante los años cincuenta? Este debate y sus consecuencias reflejan la implicación de muchos arquitectos en los problemas de su sociedad, buscando modos de resolverlos, como era el acuciante problema de la vivienda en la España de la postguerra ¿Sabe algo la autora del debate sobre urbanismo que hubo en Alemania, Gran Bretaña, España... a principios del siglo XX entorno a las ciudades industriales, barrios residenciales, ciudad jardín...? Parece que no, pero es evidente que la autora no necesita saber nada de todo eso para escribir sobre arquitectura. A partir de ahora, me pondré a pontificar sobre derecho canónico o neurocirujía, porque entender de un tema no parece requisito indispensable para hablar de ello. Y si alguien desvela mi ignorancia, con borrar el comentario ya estará todo resuelto.
De hecho, su ignorancia es tan grande que pretende descubrir la pólvora al citar (porque ni siquiera habla de ello) un proyecto de dos jóvenes arquitectos (menores de 40 años) hecho en ls Bardenas Reales, en Navarra. El proyecto ha sido premiado varias veces los últimos años por su sutil implantación en el territorio, por los efectos conseguidos con un mínimo de elementos, por el rigor, profesionalidad e imaginación con que se ha resuelto todo él, desde la distribución general de la planta hasta el análisis y solución de los detalles más pequeños. Y desde aquí, mi enhorabuena a los arquitectos, Emiliano López y Mónica Rivera, por un nuevo premio. Aquí cuelgo el enlace sobre el hotel al que quiera verlo: http://www.airedebardenas.com/
Foto tomada de gerardoherrero.wordpress.com
Foto tomada de elviajero.elpais.com
Hay cosas que son culpa de los arquitectos pero otras no. Al César lo que es del César. Y siempre ha sido buena práctica aprender a leer antes de ponerse a escribir.
Este es mi primer blog, así que espero indulgencia y agradeceré cualquier ayuda o consejo. Tengo poco más de 30 años y, como dice Gil de Biedma, "Tu gesto casual y tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de 30 años" Historia, literatura, arte, política... son mis pasiones. Respeto casi todas las opiniones y a todas las personas, y aunque mi prosa sea áspera a veces, es muy difícil enfadarme. Miento, nada me saca más de mis casillas que la estupidez y la mala educación.
personas han visitado este blog y yo sigo eperando a Godot
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